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Pablo Rojas Escobar

Por Patricio Madrid
Por Bernardo Subercaseaux
Por Rebeca Sánchez Castro

Por Ernesto Andrés Campos

 

Adorno, Klüger, Celan: silenciamiento de la poesía y necesidad del poema en la representación del Holocausto

Por Pablo Rojas Escobar

Theodor Adorno, Ruth Klüger y Paul Celan son personalidades importantes de la cultura alemana del siglo XX y han sido reconocidas tanto por la calidad de sus obras como por la crítica que ejercen sobre su propia época, particularmente en lo referente al nazismo, esa cultura que hizo posible su surgimiento. En la producción filosófica –de Adorno–, así como en las artísticas –de Klüger y de Celan–, se presenta una responsabilidad ética ante el exterminio del pueblo judío que en ocasiones puede desenvolverse antagónicamente, evidenciando la contradicción y la solución como procesos inherentes al desarrollo cultural. La representación estética del Holocausto ha sido uno de los temas más polémicos en el ámbito de la ética del arte; consecuencia de ello es el establecimiento de diversas posturas ante la poesía, como es el caso de Adorno, quien en un comienzo piensa que la idea de escribir poemas después de Auschwitz es sencillamente bárbara e imposible, para luego reformular:

La perpetuación del sufrimiento tiene tanto derecho a expresarse como el torturado a gritar; de ahí que quizá haya sido falso decir que después de Auschwitz ya no se puede escribir poemas (…) lo que en cambio no es falso es la cuestión menos cultural de si se puede “seguir viviendo” después de Auschwitz. (…) Su supervivencia requeriría ya la frialdad (…) ¡Qué culpa tan radical del que se salvó! Su pago son los sueños que padece (Dialéctica 362-363).

Lo fundamental de su observación es la crítica expuesta contra la frialdad burguesa que hizo posible Auschwitz. Y es la misma frialdad que calcula, en el ámbito cultural, los compases de una composición musical, las alteraciones del sistema tonal, como también la que se tiene ante la sílaba, la elección de la palabra precisa; es decir, todo el preciosismo que significa la construcción de obras de arte por medio del lenguaje. De modo que seguir viviendo después de Auschwitz y escribir respecto a ello, conllevaría una doble culpa: sobrevivir y escribir poemas desde la frialdad burguesa, desarrollando una estética de los campos de exterminio, una belleza del horror. Ésta es precisamente la situación en la que se encuentra Ruth Klüger.

En Seguir viviendo, Klüger nos cuenta cómo les fue posible a ella, a su madre y a Ditha, escapar de Auschwitz, además de relatarnos sobre la extraña necesidad de escribir después de los campos de exterminio y acerca de la composición de sus poemas en el mismo Auschwitz: “Son poesías infantiles, que en su regularidad querían crear un contrapeso al caos, un intento poético y terapéutico de contraponer a aquel absurdo y destructivo circo al que sucumbíamos, algo lingüísticamente completo, rimado” (128).

Dada su estricta formación, en la que además debía memorizar todo verso que leyera o escuchara, no resulta difícil entender el surgimiento casi espontáneo de una poesía formal, medida y rimada, calculada en función de su efectividad estética. De hecho, en su obra se nos presenta ella misma como una niña que tempranamente se ejercitaba en la labor de hacer versos. Su postura frente al silenciamiento de la poesía es contraria a la de Adorno, puesto que aún en este contexto está en favor de la escritura, tal como lo demuestra la propia existencia de su obra. Confiesa sin embargo que “hubiese preferido lo fragmentario e irregular como expresión de desesperación” (125). Y es que Klüger ha escrito poesía para sobreponerse a la situación: “Esa exigencia (la de no escribir poesía después de Auschwitz) tiene que venir de quienes pueden prescindir del lenguaje versificado por no haberlo utilizado, necesitado jamás para mantenerse psíquicamente a flote” (128).

Las posturas de Adorno y Klüger surgen de una visión estética de la poesía: aunque Klüger prefiera con posterioridad lo fragmentario e irregular, necesitó de la regularidad del verso clásico y rimado (que poco se asemeja al grito del torturado) para sobreponerse al caos. Y es aquí donde se contraponen ambas posturas: mientras Ruth Klüger manifiesta la necesidad de aquel orden para mantenerse estable, Adorno lo condena por pertenecer a la esfera de la frialdad burguesa, que hace posible justamente la frialdad y la distancia del torturador.Como vemos, la noción de una “necesidad” de la escritura es bastante compartida. En el caso de Paul Celan, se pone en relieve el lenguaje: las consecuencias que sufrió la lengua alemana como producto de la experiencia de la Segunda Guerra Mundial:

Tuvo que pasar a través de la propia falta de respuesta, a través de un terrible enmudecimiento, pasar a través de las múltiples tinieblas del discurso mortífero. Pasó a través y no tuvo palabras para lo que sucedió; pero pasó a través de lo sucedido. Pasó a través y pudo volver a la luz del día, ‘enriquecida’ por todo ello (Celan, “Discurso” 497).

Estas consideraciones ponen en evidencia el problema de la lengua para referir la realidad y el mundo, lo cual implica la imposibilidad de expresar y mostrar la brutalidad en los campos de exterminio. El resultado es un “terrible enmudecimiento”. Para Celan, la propia lengua se presenta como una multiplicidad de claroscuros que atraviesan la historia; su visión de la poesía es también histórica: “el poema no es intemporal. Por supuesto encierra una retención de infinitud, intenta pasar a través del tiempo; a través de él, no por encima de él” (Celan, “El meridiano” 505). La oscuridad de la lengua, en el contexto histórico de un discurso mortífero, estaría dada precisamente por su imposibilidad de señalar lo ocurrido y por lo tanto con la imposibilidad de escribir poesía, como piensa Adorno.

En El meridiano, Celan señala la posibilidad de concebir a la poesía como un “cambio de aliento”; esto es, la concepción de la poesía como respiración en tanto proceso vital, más que como el propio acto de producción o apropiamiento del lenguaje, aludiendo a la naturalidad de éste en su uso habitual. Añade también que el poema muestra una tendencia a enmudecer, lo cual guarda relación con el “terrible enmudecimiento” de la lengua. El enmudecer es, por tanto, histórico. En el mismo texto, justifica su poesía frente a este enmudecimiento y menciona: “En esa lengua he intentado yo escribir poemas en aquellos años y en los posteriores: para hablar, para orientarme, para averiguar dónde me encontraba y a dónde ir, para proyectarme una realidad” (506). Que la poesía le sirva para orientarse y proyectarse una realidad, muestra en qué grado Celan la experimentaba como una actividad necesaria, vital, tal como Klüger manifiesta haberse servido de ella para mantenerse psíquicamente a flote. El hecho de que exista un gran enmudecimiento, y que el poema tenga cierta tendencia a callar, resulta para Celan un desafío en la elaboración de obras poéticas. Y si bien su poesía obedece a una sintaxis intricada y a un cierto hermetismo, podría afirmarse que aquellas modalidades obedecen a una ética de la forma y de la palabra poética.

La postura de Celan imbrica de manera coherente las posturas aparentemente contrarias entre un silencio ético de la poesía, en cuanto a la representación estética del holocausto, y una necesidad de decir el poema como forma de sobreponerse a lo vivido. De este modo, comparte la postura de Adorno por cuanto asume la existencia de una dificultad ante el poema: un silencio y una carencia en el lenguaje mismo para expresar lo ocurrido. Se trata de un enmudecimiento que silencia al poema y que no hace sino evidenciar la intervención de las categorías y de la lengua misma de los opresores. Asimismo, la necesidad de expresarse mediante la lengua alemana y hacer poesía con ese lenguaje en busca de orientación, coincide con la necesidad de Klüger respecto de la constitución de los versos para salvaguardarse.

La convivencia de ambos puntos de vista en Celan se manifiesta como una conciencia del problema ético de la producción de obras de arte y como una necesidad de solucionar dicho problema en la elaboración misma de las obras. La concepción de la poesía como “aliento” o “respiración” nos remite finalmente al acto artístico, a un proceso fisiológico de primera necesidad. La necesidad de romper el silencio es, pues, ética y fisiológica. Significa anular aquel enmudecimiento como también seguir el rumbo con un “cambio de aliento”.

Con todo, la postura ética de una necesidad de expresión ante la historia se puede ver doblemente en Celan: en la caracterización histórica con que concibe la poesía y en la controversia que sostiene con el silencio de Heidegger.

Como es sabido, el silencio en la filosofía de Heidegger es parte constitutiva del proceso de significación del lenguaje: “Uno puede hablar y hablar sin fin y no decir nada. En cambio, alguien guarda silencio y no habla y, al no hablar, puede decir mucho” (Heidegger, 187). A diferencia del “reflexionar a distancia” de Heidegger, en términos de un examen de los presupuestos, Celan intenta decir lo inexpresable (la experiencia del exterminio judío), para lo cual la propia lengua alemana se ha quedado sin palabras, exigiéndole por esto, ya no una palabra o una confesión, sino un análisis de lo ocurrido.

Aunque el silencio de Heidegger es muy distinto a la nominación barbárica de la poesía después de Auschwitz por parte de Adorno, muestra por un contraste más fuerte la necesidad ética del decir postulada por Celan. Su posición es, en este sentido, abarcadora, y muestra de igual manera aquello en común que, en un principio, puede verse como oposición entre un silenciamiento estético y una necesidad de expresión artística, pero que en el fondo se trata de la necesidad ética de expresar juicios ante la historia mediante la crítica, la reflexión histórica o el arte.

Frente a la posibilidad del silencio ante la historia, las posiciones se han dado de un modo tenso y contrapuesto, sin por ello dejar de compartir una misma inquietud basada no sólo en buscar responsables, sino además en la necesidad de generar pensamiento crítico (uno de cuyos principales representantes es Adorno) y de transmitir la funesta experiencia de los campos de exterminio a través del arte y, en particular, de la poesía. Siguiendo esta línea, la posición de Adorno, haciendo consecuentemente crítica de la cultura, ha sido señalar estas expresiones de arte en consideración a su cualidad de barbáricas

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Sapien und Österreich im 19. u. 20. Jh. Hrsg. Marisa Siguan und Kart Wagner.
Ámsterdam: Rodopi, 2004. Impreso.

 
 
Armario a la chilena
Discursos en la Prensa Gay: gente detrás de las paredes

Por Patricio Madrid

El presente artículo tiene como objetivo presentar una mirada revisionista de lo que denominaremos la “prensa gay chilena”, considerando los pensamientos, ideologías, prejuicios y visiones de mundo vertidas a través de sus procesos de significación; con la idea de encontrar un discurso sobre el “ser homosexual y lesbiana” en Chile.

Desde los noventa a la fecha, (primero a través de la radio y luego mediante Internet, llegando hace pocos meses a la prensa escrita y la televisión online), grupos de homosexuales y lesbianas comenzaron a articular estructuras mediáticas similares a las de la sociedad y el periodismo heterosexual para divulgar, fortalecer, informar y comunicar su visibilidad como un grupo, una minoría o, incluso, una cultura. Se trata de una tendencia que tiene su primer respiro a través de un espacio mediático propio, en mayo de 1993, con el debut del programa radial Triángulo Abierto, realizado por el Movimiento de Liberación Homosexual (MOVILH) y transmitido a través de Radio Tierra. Un hito comunicacional que forjó su camino en el trabajo previo de pocos –pero significativos– colectivos surgidos durante los años de la Dictadura Militar: “Integración”, la primera organización gay en 1977; la agrupación lésbica “Ayuquelén”, surgida en 1984; los colectivos SER y LEA, en la ciudad de Concepción, hacia 1987; y las emblemáticas “Yeguas del Apocalipsis”, conformadas por Pedro Lemebel y Francisco Casas, quienes irrumpieron en la escena cultural antipinochetista entre 1988 y hasta adentrado el primer gobierno en democracia de Patricio Aylwin.

Ahora, en la agonía de la primera década del siglo XXI, Gaymagazine, Santiagogay, Rompiendo el Silencio, QueerTV, Radio Mitos, Revista G, RS Magazine, Opusgay, Patriagay y Maricones, son sólo algunos de los nuevos instrumentos de difusión constituidos a partir de la orientación sexual lésbica y homosexual. Y he aquí el primer punto relevante sobre el que quiero detener la atención: los discursos de sexo. Y si bien, como Michel Foucault plantea, todo discurso moderno habla de sexo, en el caso que nos compete, esta relación es aún más evidente.

Foucault indica en su Historia de la Sexualidad que “se debe hablar de sexo, se debe hablar públicamente y de un modo que no se atenga a la división de lo lícito y lo ilícito (…) se debe hablar como de algo que no se tiene, simplemente, que condenar o tolerar, sino que dirigir” (17). Pues bien, durante el desarrollo de este artículo, espero poder ejemplificar la fuerte relación entre los discursos de la prensa gay y dicho principio sustentado por Foucault.

Se podría sostener ingenuamente que todos los discursos de la prensa homosexual y lésbica nacional van en un mismo sentido, fluyen hacia un mismo punto, buscan lo que podríamos establecer como una visión de mundo homosexual y lésbico. Afirmación que sólo podemos sostener parcialmente: si bien es cierto que al instaurar discursos desde una orientación sexual que la heterosexualidad ha buscado establecer como una tipología genérica, encajonándolos en un desvencijado, pero opresor armario, basta una lectura apresurada de estos discursos para reconocer la enorme distancia de escritura, de significación, de supuestos e ideologías que separan a unos de otros. De no ser así entonces, ¿cómo podríamos explicar que mientras algunos discursos homosexuales y lésbicos plantean las dificultades del acceso a la concepción artificial para personas del mismo sexo, otros se preocupan de los problemas para contar con una nana open mind? O bien, ¿por qué si unos abogan por la necesidad de un Harvey Milk criollo que aglutine los esfuerzos del espectro minoritario frente a las estructuras heterosexuales del poder, otros se definen como exclusivamente lésbicos o dirigidos al estrato ABC1 de los gays masculinos?

A partir de esto, lo segundo que podemos establecer es que no existe un único discurso gay chileno. Y esto no es sólo porque la idiosincrasia nacional haya alcanzado niveles genéticos y sociológicos de democratización extrema, sino porque, como sostiene Eve Kosofsky en su Epistemología del Armario, la homosexualidad es “un espacio de fuerzas superpuestas, contradictorias y en conflicto” (61). Desde este punto, resulta más interesante indagar y revisar esas fuerzas superpuestas de las que habla Kosofsky dentro de la discursividad homosexual y lésbica chilena. Ello no excluye, por supuesto, los guiños y la necesaria comparación con la prensa heterosexual a la hora de contextualizar y revisar estos discursos llamados “minoritarios” desde la estructura de poder.

Retomando la idea de Foucault, los discursos de sexo a los que nos referimos tienen relaciones de poder. Un poder que “no es una institución, y no es una estructura, no es cierta potencia de la que algunos estarían dotados: es el nombre que se presta a una situación estratégica compleja en una sociedad dada” (67). Debo reconocer, entonces, lo fascinante que es –a partir de estas estrategias de poder en el discurso homosexual nacional–, perseguir cuáles son las posiciones y situaciones estratégicas-discursivas que toma la prensa gay chilena y quién o quiénes ejercen el poder en la prensa homosexual y lésbica. Eso sí, pensar que esta reflexión circunscribirá todos los discursos circulantes es ilusorio, pero al menos trataré de esbozar parte de éstos. Lo que no podemos desconocer es que la prensa gay chilena está construyendo o, al menos reforzando, una identidad cultural a través de esa misma multiplicidad de lenguajes y discursos. Cuánto de trasgresión o cuánto de represión transporta, es lo que trataremos de significar, aún a sabiendas que esta tarea no es posible ejecutarla sino desde la misma cultura homofóbica que la sostiene.

Después de lo dicho, no puedo evitar citar a Brian Kenney, personaje gay de la serie estadounidense homosexual Queer as Folk, que en uno de sus diálogos sostiene: “Sólo hay dos tipos de heterosexuales en el mundo, los que te odian en tu cara y los que te odian a tus espaldas”.

Ojalá que salga sanito

Para ser hetero, basta con no transgredir ciertos dogmas y mandamientos: en cierto modo, si te quedas en casa y no haces nada ni te juntas con nadie y no vas a ninguna parte y estás parado, (…), sin duda, eres heterosexual. Para ser homosexual, sin embargo, hay que hacer ciertas cosas, hay que cumplir con un mínimo de requisitos indispensables. (…) llamar la atención, porque, de lo contrario, podrían confundirte con un heterosexual.
Paco Vidarte

La identidad homosexual impuesta y heredada, erigida a punta de prejuicios y exclusiones, se ha tornado una sustancia dinámica y maleable. Construida y deconstruida por los mismos exiliados que la heteronorma expulsó de su territorio en los últimos años en nuestro país, y hace más tiempo, en parte del continente, incursiona cada cierto tiempo en terreno heterosexual, tensionando el ambiente, enrostrándole que está presente, activa y en desarrollo.

La prensa lésbica y homosexual criolla está jugando un papel relevante en este puesto de avanzada. Sus discursos, aunque casi totalmente ignorados por la sociedad y los medios heterosexuales, están patrocinando y promoviendo una identidad lésbica y gay que, por cierto, no es unitaria y aglutinadora en la conformación del “homosexual chileno”, pero que tiene, en todas sus variedades, el descaro y el desenfado suficientes para golpear las narices de la heterosexualidad. Claro que aquella, desde su posición hegemónica, no siempre se da cuenta de los torpedeos que recibe.

Un ejemplo: RS Magazine, publicación destinada a la identidad lésbica que, en su edición de septiembre de 2008, divulgó un reportaje realizado por Erika Montecinos (directora y editora de la revista), sobre el premio Nobel Gabriela Mistral y su comentado, pero entonces no comprobado, lesbianismo. En su trabajo, Montecinos se pregunta:

¿Qué más quisiera alguna activista lésbica que finalmente la Mistral sea canonizada como la primera lesbiana nacional y pública? Si intelectuales y custodios de su legado lo siguen negando, el tradicional grito activista de “Si Gabriela viviera sería tortillera”, quedaría en el limbo. ¿Se habría asumido el premio Nobel si estuviera viva? Tomando en cuenta a la mayoría de las lesbianas y famosas que permanecen en el clóset en la actualidad, nos queda la duda (Montecinos 29)

Aparentemente, el temor de la heterosexualidad es perder el aura de Mistral en pos de una reivindicación sexual. Al fin, la zancadilla es autoinfringida: de tanto remarcar un correcto modelo de identidad, resultaría que Gabriela Mistral y su obra tendrían que pasarse a la vereda del frente si se descubriera que la inspiración de sus versos de amor tenía vagina y no pene. En este caso, es necesario preguntarse si la heterosexualidad estaría dispuesta a aceptar una Mistral lesbiana y no asexuada como la que hoy se institucionaliza. Cabe la duda de interrogarse cuánto de valor simbólico perdería su obra entre quienes rechazan esta discusión y el golpe que ello podría implicar para la industria cultural. ¿Qué pasaría si la sospecha cediera terreno ante la certeza? Partiendo de la base de que la heteronorma establece categorías de perdedores y ganadores, está meridianamente claro dónde sonarían las trompetas de la victoria.

La denominada identidad homosexual está en constante fricción con la heteronorma. Esta batalla silenciosa y telúrica a la vez, se da en el amplio abanico de las discursividades circulantes. Desde el partido del domingo hasta los íconos culturales de una nación, la prensa gay cuestiona modelos, costumbres y valores de la sociedad dominante. Esta tarea, que para Paco Vidarte es “incesante y agotadora”, se juega en dos áreas: la construcción de una homo y una lesboidentidad, y la deconstrucción de los atributos discriminatorios y estereotipados asignados a lo gay; aunque en esta última faceta me parece que la frontera entre ambas discursividades tiende más a difuminarse que a distinguirse claramente.


¡En la ronda de San Miguel, el que se ríe se va al cuartel: uno… dos…y…!

Sí, definitivamente es homosexual. Yo trabajo con gente así. Entonces cacho que es así. Pero él es guapo. Por otro lado ser gay no tiene nada de malo. Sólo tiene que decir “soy gay y qué”.
Anita Alvarado, refiriéndose a Giovanni Falchetti.

El armario es quizás la palabra con más significado para homosexuales y lesbianas. Da lo mismo la ciudad, el país o el continente en que se viva: el armario es parte de la identidad homosexual. Hay que estar dentro o fuera de él, voluntaria u obligatoriamente. Desde la más revolucionaria activista lésbica hasta el homosexual no asumido que lucha día a día para reprimir sus impulsos, todos –de una u otra forma– cargan con el armario.
Este constructo social, primogénito de la heterosexualidad discriminante, domina cada acto –público y privado– de la identidad homosexual. Tal como indica Eve Kosofsky: “Hasta en el ámbito individual es notable las pocas personas, incluso entre las más abiertamente gays, que no están deliberadamente en el armario con respecto a alguien que es personal, económica o institucionalmente importante para ellas” (92).

En países latinos de fuerte raigambre católica, y donde todavía homosexuales y lesbianas buscan reconocimientos legal y jurídico a su existencia, este armario parece más compacto, férreo y compartimentado. Como la misma Kosofsky sostiene: “El armario gay no solamente es una característica de las vidas de las personas gays, sino que para muchas de ellas todavía es la característica fundamental de su vida social” (92). Chile no dista mucho de esta realidad: el armario va de rey a paje y todos los días habrá quien decida abandonarlo totalmente, darle una mirada desde afuera para volver a adentrarse buscando en su interior un lugar más profundo, oscuro y menos accesible para refugiarse.

En nuestro país –a nivel mediático–, son escasos y contados los casos donde personalidades y personajes lésbicos y homosexuales han pasado del oscuro armario a la luz pública. En la mayoría de los casos, más que obligados, se han visto acorralados por diversas circunstancias y el resultado de su revelación tampoco ha sido parejo.

El mismo Giovanni Falchetti –referente del epígrafe–, ingresó a un reality buscando alcanzar la fama como cantante, pero terminó haciéndose conocido como el primer gay (sacado a la fuerza) en un programa busca talentos, luego de las inesperadas declaraciones de Anita Alvarado, la “Geisha chilena”, quien lo identificó como homosexual en horario prime, en su cara y en vivo, a través de la televisión abierta. Dicho sea de paso, Falchetti, a los pocos días, decidió salir del armario, y si bien no ganó la competencia, terminó radicándose en México y el 2009 fue una de las estrellas principales en las celebraciones del Día del Orgullo Gay en la capital azteca.

En el año 2003, Karen Atala, jueza de la República, debió soportar el asedio periodístico durante semanas, luego que su ex esposo la demandara en tribunales por la custodia de sus tres hijas menores. El argumento del abogado fue el lesbianismo de Atala, el cual la imposibilitaba a ejercer su rol de madre. Sorpresivamente, la Corte Suprema revocó los dos fallos anteriores que habían confirmado la custodia de la madre, acogiendo una argumentación abiertamente discriminatoria y homofóbica. Tras varios años de silencio, y una apelación ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos que fue declarada admisible, Karen Atala (que no ha dejado de pertenecer al Poder Judicial), volvió a la luz pública con una entrevista en la revista de cultura lesbiana RS Magazine.

Pero así como el armario es la opresión impuesta por la heterosexualidad, los que han sido constreñidos dentro de él hablan también de la visibilidad como estrategia y arma de lucha contra la negación social de la dominancia. Esta visibilidad es el llamamiento a abandonar el armario, pero no un abandono sumiso y por el costado como si se tratase de una fuga carcelaria a medianoche: se trata de una actitud orgullosa, estridente y de algarabía. Una visibilidad que ve en cada paso, un triunfo en el desmantelamiento del clóset.

Opusgay, periódico electrónico ligado al MOVILH, a propósito de una reunión entre la dirigencia de ese colectivo y el Ministerio de Vivienda y Urbanismo acerca del acceso a subsidios del Estado para homosexuales y lesbianas en 2009, publicó que “el MOVILH solicitó al MINVU que emitiera un instructivo a todos sus funcionarios con objeto de que las parejas LGBT también puedan acceder al subsidio para la vivienda, lo cual fue aceptado por la autoridad sin mayor problema” (Hasbún, párr.. 5). La misma nota agrega que "se reconocerá la relación de pareja homosexual, heterosexual o transexual", aconsejó el MOVILH, tras rescatar que "uno de los aspectos más revolucionarios de la nueva política que acordamos con el MINVU es el reconocimiento de nuestras uniones como familia, un salto histórico para mayor igualdad” (Hasbún, párr. 21).

Pero esta visibilización, puede además (y es bueno que así lo sea) cuestionar el andamiaje de la identidad homosexual y lésbica, su estructura política y la armazón que dirige justamente esa visibilidad. Sin embargo, a veces ocurre que esta visibilidad desbordada puede tender a pisarse la cola, a trastabillar en su algarabía, replicando los mismos discursos discriminatorios, sospechosos y morbosos que arrojaron fuera y dentro del armario a homosexuales y lesbianas.

Como parte de su edición de junio de 2009, Revista G desarrolla un artículo titulado “¿Un gay nace o se hace?”, el cual menciona brevemente una sucesión de teorías, afirmaciones y estudios que intentan establecer el origen de la homosexualidad. Suscribo las ideas del filósofo español Paco Vidarte, cuando dice: “La cuestión de la identidad (…) surge como una necesidad impuesta por la voluntad de exterminio o, digámoslo más suavemente, de control, de aquel que la suscita” (Vidarte, párr. 13).

Por otro lado, en un artículo sobre la cantante de la nueva ola, Cecilia, la periodista Erika Montecinos escribe para RS Magazine: “Ella no abre ni un poco esa puerta que parece estar cerrada con siete llaves. –‘Para qué’ señala, ‘si es puro morbo. A la gente le gusta el morbo y no le daré en el gusto’, sentencia” (Montecinos 3).

La visibilidad, que no es otra cosa que el acto permanente de deconstruir el armario homofóbico, se legitima y concentra fuerzas en la medida que su adhesión es voluntaria y no coercitiva como el mueble aquel, siguiendo el razonamiento de que la opresión del armario es a tal punto feroz e intimidante, que la toma de decisión para salir a la luz y visibilizarse requiere de un acto voluntario meditado y no forzado. Pues entonces, ¿de qué serviría un batallón de lesbianas y homosexuales visibilizados a la fuerza para los propósitos de los colectivos gays? Me temo que de bastante poco, salvo que se tratara de un enrolamiento para demostrar efectivamente a cuánto porcentaje de la población representan. Por cierto, en ese caso toda legitimidad del movimiento habría sido lanzada al tarro de la basura.

Que la Geisha chilena haya usado una bomba de racimo para sacar a Falchetti del armario, o que un medio lésbico u homosexual intente tener la primicia confesional de los gustos sexuales de la cantante icónica o del actor de moda, poco contribuye a la identidad homosexual en Chile. Creo que más bien fortalece las murallas del armario, en la medida que la desconfianza no es sólo hacia los heterosexuales, sino también hacia tus propios pares.

Al otro lado de la heteronorma no se pueden utilizar las mismas armas de la instrumentalización. Durante décadas las consignas del arcoiris han sido la tolerancia, el respeto y la igualdad. Y esa tríada discursiva debe mantenerse tanto fuera como dentro del armario. Más vale entonces asumir que el avance será lento, aunque se quiera caminar más de prisa. A este lado del armario, la visibilidad forzada de unos, no garantiza la igualdad de nadie.


¿Qué es peor: maricón de la cabeza o maricón del poto?

Pero si lo piensas detenidamente el sexo gay, por definición es mejor que el sexo hetero (…) Bueno, tal y como yo lo veo todo tiene que ver con el equipamiento y el uso correcto de ese equipamiento. Ahora, si tienes, como yo, genitales masculinos y estás haciéndolo con alguien que también tiene genitales masculinos, entonces tendrás conocimiento de primera mano acerca de cómo funciona su equipamiento. Sabes donde están los puntos más sensibles a la presión. Y cuáles botones apretar. Por el contrario, si eres un hombre teniendo sexo con una mujer, o viceversa, entonces realmente nunca sabes cómo siente el otro. No sabes si realmente se sienten bien o si solamente lo están fingiendo.
Eddie Howe (Josh Charles) en Threesome (Tres formas de amar).

La decisión de darse a los placeres del propio cuerpo con otro cuerpo del mismo sexo es el argumento que ha sustentado la construcción homofóbica del armario. En el último siglo principalmente, la heterosexualidad ha desplegado extremos esfuerzos en categorizar, psicoanalizar, discriminar y, finalmente, estigmatizar la opción de una sexualidad distinta a la autorizada por la heteronorma. Desde una madre dominante, un padre ausente y una infancia abusada, hasta diferencias en el tamaño del hipotálamo o del cerebro entre homos y heteros. La ciencia ha dado tumbos de carnero intentando explicar “lógicamente” por qué una mujer prefiere disfrutar una vagina a un pene, o por qué un jovencito sucumbe a las feromonas de un macho sudado en vez de solazarse en un par de pechos femeninos. Mientras no haya una explicación que resulte convincente para sí misma, la heterosexualidad continuará infructuosamente buscando alguna razón, en tanto que, del armario hacia dentro, lo que importa más es deshacerse de los atávicos prejuicios proyectados una y otra vez en esto de los placeres del cuerpo.

Uno de los más innovadores en esta tarea es el sitio penquista www.maricones.cl existente desde 2005, que, en una de sus secciones más emblemáticas, “el diccionario”, derrochan simpatía, ingenio y desfachatez para recoger una serie de denominaciones propias o asignadas al armario chileno gay. Aquí es posible encontrar acepciones para términos como “activo”, “camiona”, “conferencia de prensa”, “fuerte”, “plícoris”, “tortillera” y “oso”, entre otras que distan bastante de la significación normalizada por la Real Academia de la Lengua. También hay las que describen esta desprejuiciada relación de los habitantes del armario con el placer del cuerpo: “69”, “trencito”, “pasivo”, “moderno”, “orgasmo prostático”, “patitas al hombro”, “activo”, “manfinfla”, “fist fuck”, “beso negro” o “choroyo”.

Esta relación abierta con el cuerpo como objeto de placer, sin embargo, también tiene otros matices, menos estridentes y cómicos, más cercanos a la intimidad y a un refrescante proceso pedagógico. La prensa lésbica apunta más en esa área al desplegar en forma permanente artículos y notas relacionadas a la exploración altruista y desprejuiciada de los cuerpos femeninos y al sacudirse el dominio de modelos sexuales provistos desde la heterosexualidad:

El diálogo abierto, la sinceridad respecto a lo que sentimos y aprender a reconocer las particularidades de nuestra respuesta sexual, es esencial para llegar a acuerdos que mantengan el deseo vivo y potencien cada encuentro al máximo. Es así como, por ejemplo, llegar al acuerdo que aquella que tiene una libido más activa pueda sentirse libre (física y emocionalmente) de practicar el autoerotismo (masturbación) y no ser entendido como un agravio a la relación, puede ser un elemento que contribuya a hacer coincidir los relojes internos (Anaí 36).

Los cuestionamientos a las estructuras sociales y sicológicas impuestos desde la heteronorma, y la posibilidad de pensar que hay opciones distintas a las heredadas, también están presentes en los discursos lésbicos cuando, por ejemplo, se pone en jaque la existencia del instinto maternal: “Cuando una mujer toma conciencia de que su propio cuerpo lo puede administrar, los mandatos sociales se ven desde otra óptica. Ser una cuestionadora de ello requiere trabajo, paciencia y mucha fuerza” (Erpel 38).

Hay otros discursos, no obstante, que peligrosamente refuerzan las ideas preconcebidas que la heterosexualidad tiene de la homosexualidad y que justamente han sido el basamento para levantar el armario de la exclusión.

En su libro Bandera Hueca: Historia del Movimiento Homosexual de Chile, el periodista Víctor Hugo Robles reconstruye la siguiente afirmación del mediático sociólogo Fernando Villegas, en una entrevista publicada en 2003 por la revista El Periodista:

Tengo una razón objetiva por la cual considero peligroso el sexo homosexual (…) y es que parece ser mucho más erótico que el heterosexual, mucho más obseso, por lo cual el que lo practica invierte la mayor parte de su energía en el sexo y eso entraña la destrucción de sus capacidades para proyectarse en el mundo de otra forma.(…). Y conduce a una sordidez que no resulta sólo del clandestinaje de su ejercicio, sino forma parte de su médula misma. Es como si estuviera inevitablemente asociada como las impulsiones internas de emporcarse, de ir hacia una involución, de finalmente chaquear en caca (181-182).

Si me cuelgo de las palabras de Villegas, bien podría darle la razón y hasta asombrarme con su análisis mesiánico al revisar pasajes de la Crónica de la Revista G: “Cuando dos nos son suficiente en la cama: ¿Tres son multitud?”, que recogen experiencias reales de parejas homosexuales chilenas: “Los dos siempre hemos sido bien calientes. Siempre disfrutamos mucho salir, ir a una fiesta o a una disco, y levantarnos a un loco sólo por follar” (A simple vista, artículos como el de la Revista G, apoyarían la tesis de Villegas; pero darle crédito a esa relación es tanto o más fóbico que la argumentación del sociólogo de marras.

Que los discursos del cuerpo al interior del armario, hablen explícitamente a través de la lengua y de la escritura del placer, del sexo y del erotismo, no hace a sus interlocutores más sórdidos o involucionados que la hegemónica heterosexualidad que diariamente bombardea el mismo deseo sexual –encubierto eso sí– en la publicidad y la prensa como objeto mercantil. Si la represión del cuerpo te hace mejor ciudadano heterosexual, entonces vale la pena liberar el deseo para ser mejor ser humano. Mientras la culpa sobre el sexo se revela casi como una práctica masturbatoria en la heteronorma, la homoidentidad la desmitifica y la deshecha para explorar el erotismo y el placer desenfadadamente, llevándola al límite que cada individuo quiera ponerle. Entonces, el problema (porque para Villegas lo es) no está en que una fuerza natural o genética haya hecho que los homosexuales sean más eróticos que los heterosexuales; sino que los discursos homosexuales y lésbicos son más honestos en la aceptación del sexo y el placer como integridad del cuerpo; como una necesidad básica que debe ser satisfecha como lo es comer, dormir o vestirse.

Sin duda es la orientación sexual la que dividió el armario en un adentro y un afuera, pero es necesario decir que no fueron los homosexuales quienes impusieron la barrera. Quedará para la discusión (estéril probablemente) el cuestionamiento acerca de qué bando ha puesto más en las últimas décadas para centralizar en el goce del cuerpo la lucha discursiva entre homosexuales y heterosexuales. Claro está que, a la luz de la prensa gay criolla, el cuerpo y el placer ya no es bandera de lucha contra la discriminación –como lo sigue siendo para el discurso excluyente que representa Villegas–, sino más bien de naturalización y exploración destinada a los propios homosexuales y lesbianas. Labor pedagógica que, por cierto, también comienza a expandirse al interior de ciertos grupos de la heteronorma. Baste con nombrar los cada vez más visibles swingers como ejemplo. ¿Será que a punta de tanto embatir a homosexuales y lesbianas por la liberación de su sexualidad, la heteronorma comenzó a infiltrarse de la misma emancipación que tanto fustiga y reprime?


Camino amarillo, zapatos rojos

Me parece que lo que se podría tildar de “Literatura gay”, se podría comparar con los Best Seller ya que buscan la identificación de los lectores con modelos idealizados como el héroe, el villano, etc. entonces lo que se pretende hacer en la literatura gay es una especie de representación del “ghetto gay”, o la promiscuidad, la emocionalidad y hay otro tipo de libros que son digamos “soft porno”, centrados en las relaciones sexuales y que puede ser entretenido pero a mí no me llama la atención, me parece que son muy restringidas en su mirada del mundo.
Pablo Simonetti

Uno de los elementos necesarios a considerar en la revisión de los discursos de la prensa gay y lésbica nacional, es la ruptura del MOVILH histórico a mediados de los noventa. De acuerdo al periodista Víctor Hugo Robles, este cisma del arcoiris comenzó a gestarse en 1995, frente a la cada vez más notoria presencia del dirigente Rolando Jiménez en la prensa y a sus declaraciones que, a título personal, se interpretaban como representativas del colectivo en su conjunto. A ello se sumó el hecho de que Jiménez comenzará a ser personalizado como el presidente del MOVILH, asunto que ni la organización ni el propio Jiménez parecen haberse esmerado en aclarar, dada la horizontalidad en la dirigencia del conglomerado. En resumen, según Robles el rol preponderante de Jiménez y su discurso poco conciliador de las sensibilidades internas del colectivo, provocaron el retiro de la Corporación Chilena de Prevención del Sida y la posterior expulsión del dirigente del movimiento. En el intertanto, las lesbianas también se distanciaron de la agrupación, alegando una hegemonía masculina en el discurso reivindicativo homosexual. Sin embargo, las aguas no se aquietaron: en 1999, el MOVILH histórico terminó por fragmentarse y, al poco tiempo, el expulsado Rolando Jiménez volvió a utilizar la sigla, incorporándole la palabra “integración” al nombre original, pero apropiándose de una historia, que, al menos en una primera etapa, aunó los esfuerzos de diversos grupos de base homosexuales y lésbicos.

Es difícil pensar que esta turbulenta historia no haya dejado heridos en el camino: hasta el día de hoy la causa homosexual chilena, cada vez que es invocada por la prensa heterosexual, remite exclusivamente a Rolando Jiménez. El trabajo realizado por otras organizaciones, como Rompiendo el Silencio, el Movimiento Unificado de Minorías Sexuales (MUMS) o la Corporación Chilena de Prevención del Sida, entre otras, yace invisibilizado por los medios de comunicación y las instituciones tradicionales y, hasta cierto punto, por estas mismas organizaciones. De hecho, la Ley de Pacto de Unión Civil, que en los últimos años ha enarbolado el MOVILH de Jiménez como causa reivindicativa en el Gobierno y el Parlamento, despierta un abierto rechazo al interior de las fuerzas homosexuales y lésbicas, al punto que en el año 2006 las lesbianas manifestaron expresamente su oposición al proyecto por considerar que sólo se focaliza en “temas patrimoniales”

En otros aspectos más relacionados a estas incursiones fuera del armario, un ejemplo es la marcada división entre los conglomerados homosexuales lo que produce que en Santiago se conmemore dos veces al año el día del Orgullo Gay. El primer acto, organizado por el MOVILH, se relaciona a la tradicional celebración asociada a los disturbios de Stonewall en Nueva York, en junio de 1969; en tanto que la otra fiesta la realiza en septiembre el MUMS y convoca una multitudinaria marcha por la Alameda, originalmente concebida como una conmemoración a las víctimas del incendio de la discoteque Divine en Valparaíso, ocurrida el 4 de septiembre de 1993. Si a ello sumamos las reflexiones de Roberto Gaete, columnista del sitio Gaymagazine, sobre las evidentes rivalidades entre unos grupos y otros, claramente hay un elemento que atrasa el trote de las anheladas reivindicaciones de los colectivos lésbicos y gays del país.

No es menos cierto que no se puede caer en la mañosa artimaña de la heteronorma: la de sostener que todos los homosexuales y las lesbianas son iguales; pero esas diferencias tampoco debieran fomentar el avance por caminos separados, cuando todavía ni siquiera se puede dar con el comienzo del sendero.

En la política tradicional –esa que lucha por reencantar a los heterosexuales y a los homosexuales sin importar su opción sexual porque lo que busca es el voto y en esa contienda con quien duermas da lo mismo–, el discurso que invoca el refresco de nuevos rostros y el retiro a los cuarteles de los prehistóricos líderes pre y post dictadura parece ganar terreno. ¿Será entonces que al interior del armario también se hace necesario abrir un poco la puerta para que mejore la ventilación? Puede ser que, a pesar de la diferencia fustigada por unos y ensalzada por otros, heterosexuales y homosexuales no sean tan diferentes después de todo en materias tan humanas como el rencor, la venganza y el ajuste de cuentas. O, para no parecer tan severos en los términos, en que simplemente olvidar ciertos episodios recientes en la historia del movimiento no es tarea más fácil por el hecho de promover una identidad alternativa a la hegemónica.

Desde ese punto de vista, vale la pena detenerse a observar la aparición y evolución de las nuevas voces en los distintos discursos homosexuales y lésbicos del armario chileno: Erika Montecinos, Karen Atala, Javiera Mena, Roberto Gaete, Octavio Crespo (director de la Revista G), o incluso Pablo Simonetti quien, aunque no lo quiera, es referido usualmente por la prensa gay. Después de todo, si se atrevió a salir del armario, entenderá que su visibilización tiene más valor para quienes todavía permanecen dentro que para quienes lo ven desde afuera. Porque, finalmente, no es permisible ni aceptable pensar que por ser ABC1 –uno de los constructos más brutales de la heteronorma criolla–, se es inmune a la discriminación o al menosprecio: con Armani o sin él, lesbiana y gay están dentro del armario. Disfrazar eso con las últimas tendencias de la moda, no es más que enmascarar el armario para que se vea más lindo y más divertido, pero en ningún caso implica una liberación.

La variedad y permanencia de los discursos de la prensa gay es la mayor riqueza del movimiento, como también lo es la posibilidad cierta de disentir entre los que ya existen, o de esperar a que aparezcan los que todavía permanecen silentes. La generación de nuevas organizaciones de bases y su visibilización a través de Internet, la radio, la prensa escrita o la TV online, debiese fortalecer la resistencia del colectivo gay y lésbico y no fragmentarla.

Es cierto también que estos discursos no muestran un mismo grado de evolución ni opción editorial. Las lesbianas a través de la revista RS Magazine o del portal www.rompiendoelsilencio.cl (que responden al mismo colectivo detrás de ambos medios), claramente apuntan hacia la visibilización de lo que ellas mismas denominan “cultura lésbica”. Hay una fuerte relación con el ideario feminista y, desde esa vertiente, se nutre para mostrar una lesbiana preocupada tanto del espacio público, como también de la esfera más íntima. Una militancia que promueve un discurso de orgullo e integración, pero que también coquetea con la imposición de ciertos cánones a la hora de establecer un “modelo lésbico” a seguir. No por nada en una de las cartas a la revista –publicada en el número 4–, una lectora se pregunta si “¿se puede hacer una cosa un poquito menos‘a la lucha, compañeras’?” (Salizam 44). Resulta curioso, en todo caso, que aún dentro del armario podamos hablar de discursos legítimos y no legitimados.

La militancia ideológica también es potente en medios como www.opusgay.cl (incluso más que en el discurso lésbico), ligado al MOVILH que dirige Rolando Jiménez. Desde su creación, Opusgay ha dirigido su discurso a la visibilización política del movimiento homosexual (de hecho el nombre de la publicación alude claramente a la congregación de Escrivá de Balaguer) mediante la reverberación de demandas que apunten a la “normalización” de gays y lesbianas como, por ejemplo, el proyecto de Pacto de Unión Civil, del que Jiménez ha sido rostro mediático y político en los últimos años, tanto por su aparición en la prensa heterosexual como en el Parlamento y en el Gobierno. Es paradójico que Jiménez tenga más apariciones en la prensa de la heteronorma, que en la propia y abundante prensa gay, tan floreciente por estos días.

A diferencia del discurso lésbico, los discursos homosexuales masculinos presentan más tonalidades y dan mayor espacio a la diversidad en sus lenguajes. Ya habíamos mencionado la refrescante irreverencia de www.maricones.cl, donde la capacidad de reírse del propio armario sacude un poco el rictus heroico que ha adoptado la visibilización de los colectivos homosexuales en los últimos años. Por otra parte, al tratarse de un portal cuyo equipo creativo opera entre Concepción y Puerto Montt, sin duda colabora en una mirada descentralizadora del movimiento homosexual. Es posible que más de algún líder gay o lésbica respingue la nariz al leer los contenidos del sitio, pero no por ello deja de ser menos valiosa una mirada crítica a través del humor. No por nada Pedro Lemebel le dijo a Pedro Carcuro, en una entrevista del desaparecido programa De Pé a Pá, que sólo un maricón puede decirle a otro que es maricón sin que suene a ofensa.

Existen otros medios como www.gaymagazine.cl o la Revista G, que apuntan a reeditar el viejo formato heteroperiodístico del magazine. Un poco de moda, música, cuidado del cuerpo, noticias y alguna que otra nota de “temática” homosexual ilustran las páginas impresas y virtuales de ambas publicaciones. En el caso de www.gaymagazine.cl, la nota de portada por lo general se relaciona a temas de la identidad gay, y es ahí donde destaca la pluma de, por ejemplo, Roberto Gaete, que en una de sus columnas se da maña, a partir del estreno de la biopic Milk (sobre el líder gay estadounidense Harvey Milk), para cuestionarse el devenir del movimiento homosexual en Chile. Si bien el ejercicio pudiera parecer demasiado obvio, es interesante la capacidad para cuestionar la existencia de un real liderazgo aglutinador de los colectivos nacionales en pro de las demandas obtenidas en otras latitudes, muchos de ellos países a los que usualmente nuestras autoridades suelen compararse cuando se trata de desarrollo económico o cultural. Otro ejemplo es el del periodista antofagastino Víctor Bórquez quien, desde regiones, nutre permanentemente de contenidos la publicación, abordando temáticas como las de ser homosexual en el espacio regional (bastaría con censar el número de gays que han emigrado desde provincias a Santiago para dimensionar la estrechez de los armarios regionales).

El caso de la Revista G ha sido más errático. Partió a fines de 2008, definiéndose como una propuesta dirigida a los homosexuales del estrato socioeconómico ABC1. En esta definición construyó un discurso bastante cuestionable como identidad del sector: información sobre objetos de lujo como celulares, blackberrys y automóviles; notas sobre la nana ideal, un culto exacerbado al cuerpo y a la apariencia física, como si todos los temas básicos de la identidad homosexual chilena estuvieran resueltos y, por ende, fuera dable darse únicamente a los placeres hedonistas. Lo peligroso de este discurso era, por una parte, la promoción de los atávicos prejuicios heterosexuales en contra de la homosexualidad masculina, los mismos que tan encendidamente proclamó Fernando Villegas en su oportunidad: que a los “maricones” sólo los mueve el sexo y lo superficial, y si son ABC1, más todavía; y, por otra, su profundización y legitimación del estigma y la segregación socioeconómica dentro del universo gay chileno, herencia también de la heteronorma. Una especie de límite invisible entre unos y otros homosexuales, basado exclusivamente en el poder adquisitivo. Como si la heterosexualidad no hubiese creado ya suficientes segmentaciones en la identidad gay para que, desde dentro, se potenciasen otras más.

A poco andar y para bien de los discursos homosexuales, Revista G comenzó a cambiar el tono de sus contenidos, disminuyendo la abismante brecha con sus editoriales. Si bien los tips de moda y objetos suntuarios se mantuvieron, sus columnas, reportajes y crónicas comenzaron a abandonar el mundo de Barbie para adentrarse en aguas un poco más profundas: durante los últimos números han disparado contra la Iglesia Católica y su relación con la homosexualidad, calificándola de “Mala Madre” con una portada que emula la imagen de San Sebastián, y se han dado tiempo para pasarle la cuenta al gobierno por la promesa pendiente del Pacto de Unión Civil.

Esta puesta a tono de su director, Octavio Crespo, y su equipo editorial con el resto de las publicaciones homosexuales y lésbicas, se agradece en la medida que, sin renunciar a su público objetivo, pone en sintonía los temas generales que cruzan la discursividad del arcoiris chileno.

Una de las cuestiones que dejo abierta es si, a partir de estos encuentros furtivos y esporádicos, será posible pensar en una prensa gay y lésbica que aúne posturas en vez de fragmentarlas cada vez más. En la posibilidad ingenua, si se quiere, de pensar en medios como la estadounidense The Advocate, que es capaz de conciliar y promover los intereses de diversos colectivos homosexuales y lésbicos, más allá del “género” (otra construcción heterosexual) o de las artificiales divisiones sociales y económicas.

Por ahora creo que esta prensa –invisible para la heterosexualidad, pero cada vez más visible para quienes habitan el armario chileno–, llevará al movimiento homosexual chileno a su punto de inflexión más pronto de lo que muchos héteros y homos piensan. Porque nadie abrirá la puerta desde afuera si no se empuja de una vez desde adentro. El punto está en ser capaz de aunar el esfuerzo para esa embestida. Ni en Argentina, ni en España, ni en ninguna otra parte, los avances de los colectivos homosexuales y lésbicos se le deben a un líder o a un grupo en particular, sino a la suma de muchos esfuerzos que amén de sus válidas diferencias, coincidieron al momento de impulsar una causa común. Dado el primer paso, seguro vendrán otros. Porque quizás, como Dorothy le dijo a Toto, más de alguno podrá preguntarle a otro después del primer envión: “¿Parece que ya no estamos en Kansas?”.

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Salizam. “¿A la lucha compañeras?”. N°4 RS Magazine Mar. 2009. Impreso.

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Vidarte, Paco. “Identidad: Moverse y salir en la foto: el tocino y la velocidad”. Web. www.hartza.com

 

 

Bicentenario y paisaje editorial

Por Bernardo Subercaseaux

Producción, espectro editorial y discrepancias

Considerando un panorama cultural en que se despliega una hipertrofia de la cultura de masas, y de la massmediatización de la cultura, las posibilidades de crecimiento del mercado del libro en Chile son escasas; con la excepción del mercado del libro universitario (siempre que se logre abordar con creatividad el problema de las bibliotecas universitarias y de las fotocopias). Por otra parte, sin embargo, la massmediatización de la cultura y el rol que desempeña la televisión abierta, abren grandes posibilidades para el best seller globalizado vinculado a los formatos audiovisuales (ya sea cine o serie de televisión), nicho que ha sido aprovechado por transnacionales del libro con productos que se integran a la cultura de masas, como El Señor de los Anillos, Crónicas de Narnia, Crepúsculo o la saga que entendemos como símbolo del fenómeno: Harry Potter.

En sus siete volúmenes la saga del niño mago ha vendido en todo el mundo más de 400 millones de copias, transformándose –con toda la parafernalia del merchandising– en un fenómeno social y mediático. El último tomo fue comercializado en Chile durante el año 2008 por el grupo Océano (en convenio con la editorial Salamandra de Barcelona, propietaria de los derechos).Se trata de un fenómeno editorial que operó en el mercado-mundo, una obra que ha sido traducida a 65 idiomas, incluso al griego antiguo. El tomo final de la saga, Harry Potter y las reliquias de la muerte, impreso en España, vendió en Chile casi 50.000 ejemplares durante los dos primeros meses, dando lugar a un fenómeno editorial inédito. Vale la pena reproducir una noticia de una agencia de prensa argentina para dimensionar sus características, noticia que circuló cuando se preparaba la salida de la versión en español:

1,3 millones de copias de 'Harry Potter and the deathly hallows' fueron adquiridas en las primeras 24 horas a la venta en Gran Bretaña, Estados Unidos y Alemania
(Noticiascadadía/Agencias).- El final del último libro sobre Harry Potter podía ser una incógnita para sus millones de fanáticos en todo el mundo, pero no lo fue el éxito de ventas: récords en Estados Unidos y Gran Bretaña y decenas de miles de ejemplares vendidos en América Latina.
La ruptura del embargo mundial antes del lanzamiento, realizado un minuto después de la medianoche del viernes, no impidió que más de 11,3 millones de copias del esperado 'Harry Potter and the deathly hallows' fueran adquiridas en las primeras 24 horas a la venta en Gran Bretaña, Estados Unidos y Alemania, según sus editores.
Con 8,3 millones de ejemplares en Estados Unidos y 2,3 millones en Gran Bretaña, el séptimo y último libro de la saga sobre el joven aprendiz de mago se convirtió en esos países en el más vendido de la historia en las primeras 24 horas.
En un fenómeno que no ha cesado de crecer desde que en 1997 Boomsbury, entonces una pequeña editorial londinense, lanzara 'Harry Potter y la piedra filosofal', millones de fans –de Irán a Argentina, pasando por Tokio, México, Río de Janeiro y Nueva York– se precipitaron emocionados sobre la flamante versión en inglés, sin esperar la traducción a su propio idioma.
La primera que tuvo el libro en sus manos en Londres fue Amber de Jager, una holandesa de 19 años que había dormido dos noches frente a la librería. El segundo fue Rui, también de Holanda. Había llegado el miércoles temprano y tan pronto como tuvo el ansiado tomo de 607 páginas en sus manos corrió a un pub con unos amigos para leerlo. "Estoy exhausto, pero emocionado", dijo a la AFP.
Al otro lado del Atlántico, en Montevideo, la espera fue menor pero no menos emocionante. Cecilia Arregui, de 15 años, llegó con más de una hora de anticipación a la librería donde ya había reservado su ejemplar. "Yo tenía el número 16, así que esperé poco. Recibí el libro y me fui rápido a casa para empezar a leerlo. No sé a qué hora me dormí, pero era muy tarde, y a las seis de la mañana ya me había despertado para seguir leyendo, porque no me podía aguantar", el sábado por la noche ya había devorado el libro. "Es exactamente como me lo había imaginado. Es el mejor de los siete. Ya lo quiero volver a leer, pero ahora lo está leyendo mi madre", agregó.
Miles de brasileños tampoco quisieron esperar la versión en portugués, está prevista para fin de año: ávidos lectores se quedaron con más de 17.000 ejemplares en el primer fin semana de venta en tres grandes redes de librerías de Brasil, donde los libros de la serie ya vendieron más de 2,5 millones de ejemplares.
El frenesí fue similar en Ciudad de México, donde más de 3.000 personas –muchas vestidas con las capas características del joven mago y sus amigos– se congregaron en tres librerías en la noche del viernes. Solo en la preventa, se reservaron más de 7.000 ejemplares, según Alberto Achar, gerente de mercadotecnia de la librería Gandhi.
"Estoy feliz por saber el final, lo mejor de todo fue que Harry Potter no se murió", comentó Ana Rendón, una estudiante de 14 años que tras comprar el libro leyó inmediatamente las últimas páginas.
Hasta el martes, las ventas del último tomo de Harry Potter sumaban cerca de 4.000 ejemplares en Chile, mientras que en Argentina las cadenas de librerías Yenny y El Ateneo vendieron 2.000 ejemplares en las primeras 48 horas.
Perú aprovechó en tanto la Feria Internacional del Libro para lanzar el último tomo de las aventuras del joven mago, que vendió en ese país más de 2.000 ejemplares, según la importadora Zeta Book Store.
Las cifras prometen multiplicarse en América Latina cuando llegue la versión en español, prevista para febrero de 2008, cuyo título aún se desconoce (pero que literalmente sería 'Harry Potter y las reliquias de la muerte').
Faltan además las dos últimas películas de la serie, la inauguración de un parque temático en Estados Unidos... Harry Potter promete seguir hechizando a generaciones de niños y jóvenes durante bastante tiempo. Y aunque su autora, la escocesa J.K. Rowling, aseguró que este es el último libro de la serie, hace pocas semanas dejó entrever que quizá, sólo quizá, no sería el último libro sobre el pequeño mago. "Nunca digas nunca", dijo.

La serie de Harry Potter se ha transformado en una saga de culto; un fenómeno complejo en que lo literario –tal como revela esta noticia– está envuelto por lo massmediático, en que adolescentes fanáticos expresan su identidad de sujetos y de agentes culturales a través de un libro en que el protagonista es un adolescente como ellos. Se trata además de un fenómeno que plantea una serie de interrogantes: ¿Estamos ante lectores de un solo libro o ante lectores sin más, que potencialmente podrían pasar de Harry Potter a otros textos en que también hay magia y fantasía, como por ejemplo Don Quijote? ¿Puede hablarse de la muerte del libro y del fin de la lectura después de la harrypottermanía, fenómeno que se da precisamente entre adolescentes, entre jóvenes que las encuestas indican como no interesados en la lectura? ¿Se traspasará esta avidez de leer a otros títulos que carezcan del envoltorio massmediático? ¿No estamos acaso ante un tipo de lectura colectiva, ruidosa y de masas, muy distinta a la lectura íntima, extensiva y silenciosa, que caracteriza a la modernidad? ¿No sería acaso posible productivizar lo ocurrido con esta saga en el campo educativo, para entusiasmar a los alumnos con el valor de la palabra y el placer del libro? ¿Qué incidencia tiene un hecho editorial de esta envergadura con respecto al paisaje editorial local, en sus diversas expresiones?

La única pregunta que puede abordarse con antecedentes, indicadores y datos más o menos confiables es la última ¿Qué ha ocurrido en términos de producción y de mercado editorial local en los últimos diez años? ¿Dejó acaso alguna secuela el fenómeno de Harry Potter? Haciendo un diagnóstico de los primeros años de la década del 2000, un estudio del editor Juan Carlos Sáez y de Juan Antonio Gallardo, citado y complementado por la Asociación de Editores Independientes, Universitarios y Autónomos de Chile, señala que “la recuperación de la industria del libro iniciada en 1989 con el retorno a la democracia y con los mejores niveles de ingreso por persona que se alcanzaron durante la década del 90, se detuvo y retrocedió en todos sus aspectos, a partir de 1997. La leve recuperación observada en el 2000 y 2001 terminó en una caída adicional en el 2003 y 2004”. Entre los factores que incidieron en este retroceso y estancamiento de la industria, los autores mencionan razones estructurales y razones económicas de circunstancia:

Son sin embargo –dicen– los factores estructurales los que más pesan, entre estos podemos distinguir: niveles pobrísimos de comprensión de lectura en la población; debilidad financiera en casi todas las etapas de la cadena de valor de la industria del libro; insuficiencias en las instituciones públicas y privadas ligadas al libro; ausencia de una política de compras significativas de libros chilenos por parte de bibliotecas; invisibilidad del libro en los medios de comunicación; hábito masivo e inveterado de reprografía (fotocopia) en universidades, colegios e instituciones privadas y públicas.

Pero sobre todo –señalan– en la base de este subdesarrollo de nuestra industria del Libro, “está la falta total de comprensión por parte de los principales actores de nuestra sociedad (gobernantes, universidades, intelectuales, etc…) del papel fundamental que la lectura, el libro y su industria desempeñan en el desarrollo social, político, económico y democrático de una sociedad de ciudadanos que no son simples consumidores”.
Las cifras avalan este diagnóstico de estancamiento, aún considerando los títulos publicados por año registrados en el sistema ISBN.

Cuadro: títulos registrados en ISBN años 2000-2008

Año Número de Títulos
2000 2.420
2001 2.582
2002 2.835
2003 3.420
2004 3.151
2005 3.565
2006 3.541
2007 3.723
2008 3.908
TOTAL 29.145

La estadística anterior ha sido esgrimida como un indicio de crecimiento sostenido de la producción editorial en Chile, sin embargo, no considera el hecho de que el ISBN (administrado por la Cámara Chilena del Libro) registra un número significativo de proyectos de libros que no logran materializarse, también folletos impresos, anuarios, publicaciones en Braille y hasta libros en cassettes. En el período 2000 a 2008, el sistema registró un total de 29.145 títulos, de los cuales el 86%, vale decir 25.089 títulos, corresponden a la región metropolitana, dato que indica una centralización casi absoluta de la actividad editorial.

Cuadro: títulos por rango de tirada

Rango de tirada Número de títulos
1-500 8.972
501-1000 5.952
1001-1500 5.525
1501-2000 1.358
2001-2500 1.544
2501-3000 445
3001-3500 1.768
3501-4000 229
4001-4500 321
4501-5000 171
5001 y más 2.860
TOTAL 19.145

Como se desprende del cuadro anterior, del total de títulos nuevos registrados por año, el 31% corresponde a tiradas de 1 a 500 ejemplares y el 78% a tiradas menores de 1000 ejemplares, porcentaje que se incrementa año a año. Con respecto a las autoediciones, en el período 2000 a 2008 se registraron 4201 títulos autoeditados, lo que equivale a un promedio de 14,41 % del total de títulos registrados, porcentaje que en la década también aumenta año a año. En el año 2008 del total de 3908 títulos registrados en el sistema ISBN, 653 títulos –vale decir el 16,71%– corresponden a obras autoeditadas con el esfuerzo de sus propios autores. Dentro de la categoría de literatura chilena la poesía se consolida –según datos del ISBN– como el género más editado en el período 2000 a 2008, con un 33% del total; la nula presencia de ese género en las editoriales trasnacionales y su presencia bastante menor (comparada con el ensayo y la narrativa) en las editoriales independientes, indica que un alto porcentaje de las autoediciones son de poesía. A pesar de los problemas que presenta el ISBN, sus estadísticas constituyen un indicador con respecto al carácter precario del mercado editorial local. Mientras en Chile en el año 2006 se registraron sólo 3.541 títulos por el sistema ISBN, ese mismo año, en España se registraban 66.270 títulos, en Argentina 18.663, y en Colombia 10.815. Resulta significativo el número de títulos con tirajes menores a 500 ejemplares, también el 16,71 % de obras autoeditadas. Son cifras que implican costos elevados de producción, escasos niveles de lectura, perspectivas muy limitadas de venta, un mercado local de tamaño reducido con dificultades para publicar obras y géneros que involucran algún nivel de riesgo, con autores que optan, en consecuencia, por la autoedición o por microeditoriales alternativas.

De hecho, uno de los aspectos más interesantes de la década es el surgimiento de un número importante de microeditoriales alternativas de gestión independiente y, en algunos casos, artesanal, vinculadas a colectivos de jóvenes tanto de la capital como de regiones. Varias de ellas son posibles gracias a una combinación paradojal entre la manualidad artesanal, por un lado, y las nuevas tecnologías de escaneado, digitación y policopiado, por otro. En junio de 2009 se realizó en Santiago un encuentro titulado Furia del Libro, que reunió a un conjunto de estas iniciativas editoriales: Punto Ciego Ediciones, Lanzallamas Libros, La Calabaza del Diablo, Micro Editorial Lingua Quiltra, Rabiosamente Independientes, Canita Cartonera, Ediciones del Temple, Animita Cartonera, Corriente Alterna, Ripio Editores, La piedra de la locura, Revista Contrafuerte, Sangría Editores, Ediciones Luciérnagas, Das Kapital Ediciones, entre otras, También estuvieron en el encuentro editoriales similares de Argentina y Perú.
Animita Cartonera, formada por ex alumnos de la carrera de literatura de la Universidad Diego Portales, se autodescribe como sigue:

Somos una editorial con un fin social, cultural y artístico. Confeccionamos libros hechos de manera artesanal por jóvenes que lideran la producción del taller. Compramos cartón a recolectores independientes y lo reutilizamos como soporte (tapa) del libro que, posteriormente, es intervenido a mano. De esta manera, el libro se transforma en un objeto de arte único y exclusivo.

Probablemente varias de estas microeditoriales ni siquiera están formalmente constituidas como empresas, editan de uno a diez libros al año y, en ocasiones, ninguno. Pero hay algunas, empero, cuyas ediciones son altamente significativas en términos del valor estético de lo editado, por ejemplo las ediciones de Lanzallamas o de Animita Cartonera, y otras lo son en términos sociales, como el proyecto editorial Canita Cartonera, iniciativa contracultural carcelaria de la comuna de Alto Hospicio, en el norte del país. Son pequeñas editoriales autogestionadas que publican fundamentalmente poesía, pero no sólo este género. Habría que agregar a este tipo de iniciativas a las editoriales anarquistas –estamos pensando en Editorial Desde Abajo, Acción Directa Ediciones, Subamérica Ediciones, Editorial Espíritu Libertario, Editorial Primera Vocal–, editoriales que venden sus producciones en casas OKUPA y trabajan en general con fotocopias (salvo la editorial Espíritu Libertario que inscribe sus producciones en el sistema ISBN y ha editado obras de Chomsky, Foucault y Bakunin); editoriales que tienen como lema Copia, Piratea y Difunde. Todo este grupo de microeditoriales son contraculturales, libertarias o cuando menos progresistas, y dan lugar a una bibliodiversidad (concepto que apunta a la diversidad de sensibilidades y saberes expresados en el soporte libro): una bibliodiversidad alternativa que no tiene presencia ni visibilidad en el mercado, pero que representa una contribución y una vía de expresividad creativa, social y política para una juventud que no encuentra canales de salida –y que a veces, en actitud contracultural, ni siquiera los busca en el campo editorial más establecido. Estas microeditoriales se autoperciben incluso como alternativas a las editoriales independientes, a Cuarto Propio, Lom y otras. Reconociendo esta nueva y variopinta realidad, el Fondo del Libro del Ministerio de Cultura incluyó una modalidad de apoyo a microeditoriales en su convocatoria para el año 2010.

En síntesis, se trata de un mundo que se encuentra en las antípodas de los fenómenos editoriales globalizados y transnacionales, y de la parafernalia del merchandising que acompañó a la saga de Harry Potter. Un mundo que ni siquiera se roza con esa realidad, una franja que alimenta de alguna manera su alternativismo privilegiando la expresividad estética y social local, frente a ese otro sector que releva el mercantilismo y la industria del entretenimiento, y que opera –como ocurrió con la saga literaria y audiovisual de Harry Potter– en el mercado-mundo. El abanico de microeditoriales es también un síntoma de las limitaciones del mercado y del malestar de la cultura.

Asimismo, hay un grupo de editoriales pequeñas con mayor trayectoria y formalización empresarial, estamos pensando en: Uqbar Editores, editorial creada en el año 2006, especializada en cine y poesía, iniciativa de pocos títulos, pero de ediciones muy cuidadas; Mosquito Editores, editorial que viene publicando desde la década anterior, sobre todo en los géneros de microcuento y policial; Akhilleus editores, surgida el año 2008, que publica títulos dedicados al mercado universitario; Palinodia, que opera, según su página Web, desde 2006, y que se especializa en teoría crítica y cultural con traducciones y producción nacional; Metales Pesados, librería del mismo nombre que desde el año 2005 opera como editorial; Tajamar Editores, creada en el año 2002, especializada en poesía, que ha publicado a autores significativos como Diego Maqueira. Se trata de editoriales que publican entre uno y diez títulos por año, que carecen de un sistema propio de distribución, y que no tienen personal permanente dedicado a las tareas editoriales: más bien responden a un esfuerzo individual o de grupos, que privilegian la calidad estética o académica de lo que publican sobre los resultados comerciales y que, muy ocasionalmente, cuando coincide con su línea editorial, aceptan encargos o ediciones con aporte, como ocurre, por ejemplo, con Mosquito Editores. Hay también algunas editoriales pequeñas que sí se especializan en autoediciones con aporte del autor, sobre todo de poesía, como Mago Editores, que publica desde el año 2004.

Entre las empresas nacionales está, por último, la franja de las editoriales independientes: editoriales de tamaño mediano que publican entre 30 y 80 libros por año, la mayoría de las cuales operaban ya en la última década del siglo pasado; editoriales de tonalidad cultural progresista que rescatan la concepción ilustrada de la industria, que privilegian al libro como bien cultural, pero que intentan también mantener un equilibrio económico que les permita continuar funcionando. Estamos hablando de Cuatro Vientos, Lom, Cuarto Propio, Ril Editores, Pehuen y Dolmen, entre otras. En el año 2000, éstas se organizan legalmente como Asociación de Editores Independientes de Chile, y luego, en el año 2003, con la incorporación de otras editoriales –Universitaria, Andrés Bello, Aun creemos en los sueños, y Universidad de Santiago– amplían la denominación a Editores de Chile. Asociación Gremial de Editores Independientes, Universitarios y Autónomos. Se trata de una asociación gremial de editoriales comprometidas con la bibliodiversidad, que se arriesgan con géneros como la poesía y el ensayo, que se abren al pensamiento crítico o a mensajes creativos nuevos, produciendo libros de venta lenta y no garantizada; editoriales, en definitiva, que buscan mantener vivo el pensamiento y la memoria y que ponen en primer lugar la función cultural y social de su quehacer.

En los últimos años, esta agrupación ha llevado a cabo una intensa labor de lobby ante el poder ejecutivo y legislativo, y también ante la sociedad civil. Su propósito ha sido alimentar el debate de las políticas públicas frente al libro y poder lograr una serie de medidas que les permitirían cumplir en mejor forma su labor. Al mismo tiempo, la agrupación ha establecido vínculos con otras asociaciones de editores independientes de América Latina y del mundo, que viven problemas similares. La lucha fundamental apunta a lograr por parte del Estado más que medidas puntuales, un compromiso más activo e integral con el mundo del libro, entendiendo que el libro constituye un soporte fundamental en los mecanismos de producción y reproducción del conocimiento y creatividad y que es, por lo tanto, un tema central para encarar la crisis de la educación que vive el país. Un compromiso que se exprese en políticas sistémicas y coordinadas que incidan en toda la cadena del libro.

Cabe señalar que en el período que estamos analizando hay editoriales que si bien no forman parte de esta nueva asociación gremial, en los hechos sí actúan editorialmente con una perspectiva prácticamente similar a la que anima a la Asociación. Estamos pensando en editoriales que publican obras significativas y que claramente contribuyen a la bibliodiversidad. Iniciativas institucionales como la Editorial de la Universidad Diego Portales, que ha tenido una labor destacada en la última década, completando un catálogo de 150 títulos, que incluye una excelente colección de poesía con obras de Nicanor Parra, Claudio Bertoni, Alberto Rubio, Gonzalo Millán y Enrique Lihn; y otra de pensamiento contemporáneo, con autores como Raúl Ruiz, Roberto Torretti, Pablo Oyarzún y Carla Cordua. Estamos pensando también en la editorial de la Universidad de Talca, que rescata y publica obras con una perspectiva regional, rompiendo el centralismo editorial del país. Incluso en editoriales como Catalonia que, siendo una empresa comercial, con el antiguo editor Arturo Infante a la cabeza, se acerca en su quehacer más a la tradicional función cultural y social del editor que a la nueva oleada de gerentes comerciales que lideran varias de las empresas trasnacionales del libro.

El hecho de que existan dos asociaciones gremiales en la industria del libro, por un lado la antigua y otrora prestigiosa Cámara Chilena del Libro, y por otro la Asociación Chilena de Editores, resultará perjudicial para el mundo del libro, en la medida que éstas representan posturas antagónicas y no consensuadas. Sin embargo, se trata de un antagonismo que obedece a intereses diferentes y a una situación que afecta a la producción editorial independiente en el contexto de una globalización y transnacionalización de las industrias editoriales. Un contexto en que editoriales que tienen considerable influencia en la Cámara, son filiales de Planeta, Santillana, Grijalbo-Sudamericana, Ediciones B, Random House Mondadori y del grupo editorial Océano. Se trata de filiales que responden a casas matrices y a inversiones que las obligan a priorizar la rentabilidad y la concepción del libro como un bien económico por sobre consideraciones de valor estético o cultural. Ahora bien, esta contradicción que no sólo se da en Chile, sino que opera en otros países, incluso en Estados Unidos, como se desprende de La edición sin editores, la obra del editor norteamericano André Schiffrin. También en Francia, tal como se colige de un diagnóstico reciente de la situación del libro en ese país, realizado por Eric Hazan, director de La Fabrique Editions. Vale la pena reproducirlo:

Salvar al libro como si fuese una categoría única y homogénea… Todos sabemos que la realidad es otra. Por un lado existe un número de libros que son productos industriales, elaborados siguiendo las reglas del marketing, comercializados con el apoyo de los grandes canales existentes… Estos libros, de lejos los más numerosos tanto en títulos como en ejemplares vendidos, son fabricados por las casas editoras que pertenecen en su mayoría a conglomerados financieros, y cuya razón de ser es la rentabilidad de las inversiones (…). Este sector del ‘libro’ se encuentra más bien sano y no necesita por lo tanto operaciones de salvataje… Si por casualidad tal bestseller no se vende, si aquella otra colección es un fracaso, los medios de esta casa editora permiten olvidar rápidamente esa decepción (…).
Por otro lado, están los libros que se clasifican como difíciles; no necesariamente de leer, pero sí de escribir, editar, lanzar y vender. Son las novelas y ensayos, los libros de poesía o de teatro que resultan, de una manera u otra, de una elaboración artesanal (…). En este grupo las casas que los editan son de poca envergadura y no cuentan con inversores foráneos: se les conoce como independientes. Ejemplos de ellas son las Ediciones de Jerome Lindon en Edition de Minuit, las de José Corti o las de Francois Maspero” (…). [Los editores y libreros] que mejor defienden estos libros son tenidos por apasionados que trabajan cincuenta horas a la semana para ganar una miseria. Son estos los libros que están hoy en peligro (…).
Aclaro sin embargo –agrega Hazan– que la dicotomía es simplificadora: los grandes grupos editores también publican libros indispensables, y no es cuestión de oponer la mala literatura a la buena. Hay buenas novelas policiales y malos libros de filosofía; hay excelentes vendedores de libros en FNAC y librerías independientes sin interés; etc. Pero la distinción entre el libro producido por la industria del entretenimiento y el libro procedente de la edición independiente sigue siendo indispensable para comprender la verdadera situación del libro.

En el contexto de este diagnóstico –que coincide con lo que ocurre en Chile– hay que entender la casi nula incidencia del fenómeno Harry Potter en la producción editorial local, salvo el hecho de que el volumen número 5 de la saga apareció a la venta en Chile (2005), en versión pirateada, antes de su desembarco oficial.


Circulación y lectura

La distribución, comercialización y circulación de libros refleja también la precariedad del paisaje editorial. Según un estudio de la Cámara Chilena del Libro, en el año 2004 había en el país solamente 99 librerías y 54 sucursales dedicadas exclusivamente al comercio de libros, la mayoría ubicadas en la capital, en comunas de altos ingresos. En el período que estamos analizando si bien han emergido nuevas librerías, muchas –entre ellas algunas no sólo emblemáticas sino que únicas en regiones– se han visto obligadas a cerrar sus puertas. Recientemente, a fines de 2009, la cadena de Librerías José Miguel Carrera, con seis sucursales en distintos centros comerciales de Santiago, quebró dejando una deuda impaga de $600 millones, situación que afectó a varias casas editoras. Si bien se aduce como causa de la quiebra una mala administración y un ritmo demasiado osado en la creación de sucursales, no cabe duda que en el trasfondo está una venta más baja y más lenta que la esperada, lo que una vez más apunta a lo precario del mercado.

En cuanto a la circulación, el envío de libros por correo resulta extremadamente caro, a diferencia de lo que ocurre en países como Francia y Colombia, donde opera una tarifa reducida para el envío de impresos. La venta por Internet vía Amazon y otros sitios ha aumentado, pero sólo en un segmento muy especializado de lectores “fuertes” y no en el publico más amplio. Se ha señalado que las librerías carecen de capital de trabajo, que carecen de especialización en sus ofertas, que no siempre tienen personal idóneo, etcétera. Sin embargo, todo indica que si bien estos factores pueden incidir, la piedra de tope sigue siendo la falta de lectores.

¿Puede acaso afirmarse que Chile es un país lector, como lo fue en el pasado? Diversas encuestas y estudios revelan más bien que no lo es. Apuntan a problemas de arrastre en la educación en todos sus niveles, y también a la massmediatización por la vía de la imagen, la televisión e Internet. El Informe “Habilidades para la lectura en el mundo de mañana”, conocido como PISA+2000, da cuenta de que el 20% de los estudiantes chilenos evaluados no alcanza el nivel más básico de comprensión de lectura; con un promedio más bajo que el de Argentina, alcanzan 410 puntos contra los 500 que promedian los países de la OCDE. A su vez, “el 78% de los estudiantes chilenos carece del nivel de lectura necesario para insertarse satisfactoriamente en el mundo de hoy”, sólo un 22% de los estudiantes alcanza efectivamente un nivel satisfactorio de comprensión de lectura. Una encuesta sobre hábitos de lectura realizada en las 16 principales ciudades del país por Adimark (para la Fundación Lafuente), en mayo y junio del año 2006, determinó que un 45% de los mayores de 18 años no lee libros en absoluto; y que un 34% son lectores ocasionales; en el 72 % de los hogares chilenos no se compran libros nunca o casi nunca; consultados los encuestados si están leyendo actualmente un libro el 74.4% respondió que no. Y los que están leyendo algún libro señalan en un porcentaje de 57,2% que ahora leen menos que lo que leían hace 5 años. Respecto a la compra de libros, un 72,6 señala que no compra nunca o casi nunca libros, y un 12% que compra una vez cada dos años o una vez al año. Respecto a préstamos en bibliotecas de cualquier índole, un 80,9% dice no haber visitado una biblioteca en el último año, y un 92,1 % no ha pedido prestado algún libro en bibliotecas. Con respecto al uso del tiempo libre, un 90 % de los encuestados lo dedica a ver televisión. Dos años mas tarde, en junio del año 2008, la Fundación y Adimark repitieron la encuesta, resultando que los no lectores aumentaron a un 49,2 % y los lectores ocasionales bajaron a un 28,1 %; ratificaron también que la variable que más discrimina la lectura es el Nivel Socio Económico, el mayor número de lectores pertenece al grupo ABC1 y el menor al grupo C3. Entre los no lectores las razones de la no lectura obedecen en un 50,1% a que no les gusta leer, a falta de interés y a que prefieren otras actividades.

Por su parte, en el año 2007, el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, en encuesta de consumo cultural en base a una muestra más amplia, detectó que el 59% de los encuestados no ha leído libros en el último año, y que en el rango etario de 15 a 29 años la razón es, en un 41,3 %, porque no les interesa y, en un 28,5 %, por falta de tiempo. Finalmente, una encuesta realizada en diciembre del año 2009, con una muestra representativa de residentes del Gran Santiago, reveló que un 57,3 % no ha leído ni siquiera un libro durante los últimos doce meses.

Se trata, en todos los estudios, de indicadores que muestran a una sociedad predominantemente no lectora (de libros), y desinteresada por esta práctica. Revelan, además, una muy baja valoración social del libro en comparación con otros medios. Las encuestas muestran también un aumento permanente en el uso de Internet y en el chateo, lo que implica el peligro de que “se acentúe la ya débil comprensión lectora, no sólo porque los alumnos lean cada vez menos libros, sino porque aumentan la lectura de mensajes breves, mal escritos y fraccionados”, con la paradoja de que “la alfabetización informática podrá venir de la mano con una creciente analfabetización verbal convencional”.

Sin duda, una de las raíces de una sociedad no lectora de libros está en la educación. De hecho la prueba SIMCE (Sistema de Medición de la Calidad de la Educación), realizada el año 2008, por primera vez evaluó las habilidades no sólo de lectura sino también de escritura de alumnos de cuarto básico arrojando resultados decepcionantes: “Un 24 % de los estudiantes se encuentra en un nivel adecuado, un 38% presentan sólo algunas habilidades propias de una buena escritura, y se adecúan muy parcialmente a producir textos ajustados al tema, el propósito, la audiencia y utilizan muy esporádicamente las convenciones de la lengua escrita. Finalmente otro 38 % de los estudiantes está en nivel inicial, vale decir imposibilitado de escribir un texto mínimo”. Además, los resultados del SIMCE, prueba que se lleva a cabo en todo el país, revelan diferencias por grupos socioeconómicos. Los colegios municipalizados y subvencionados tienen una vez más los peores resultados. “Si no se lee de manera regular en los primeros años, concluye el experto Harald Beyer, las posibilidades de comprensión y de desarrollo de la escritura son muy reducidas”. Aún más, hay encuestas que ponen en evidencia que incluso un número importante de profesores son poco lectores, lo que se manifiesta a veces en exigencias de lectura a los alumnos completamente inadecuadas para su edad, por ejemplo, pidiéndole a alumnos de octavo básico que lean La última niebla de María Luisa Bombal. Los estudiantes a nivel escolar se relacionan más que con libros, con textos de estudio. Rara vez entran a una librería y menos aún adquieren libros (quienes los buscan y adquieren son sus apoderados). Los textos de estudio son para ellos una suerte de compendio que relacionan con determinado nivel escolar: los de segundo medio ya en tercero no les sirven, o quedan para el hermano chico. Para los estudiantes secundarios los libros encarnan una tarea y una obligación que requiere tiempo y paciencia (que es precisamente lo que Internet les acostumbra a no tener). Leer un cuento o una novela es –con pocas excepciones– casi un castigo. Puede afirmarse, en síntesis, que a nivel escolar, en términos generales de país (considerando también que hay excepciones), no se ha desarrollado una estrategia para promover la lectura a lo largo del proceso escolar, desde el niño, pasando por el adolescente y hasta el adulto. Incluso las propias universidades se están encontrando con el problema de debilidades en la lecto-escritura en los egresados de enseñanza media que ingresan a ellas.

Ahora bien, matizando este juicio tan negativo, en una entrevista realizada en el año 2008, Nivia Palma, directora de la DIBAM (Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos) afirmó que en “Chile se está leyendo más”. ¿Sobre qué bases –nos preguntamos– realizó la directora esta afirmación? Fundamentalmente a partir de indicadores que maneja la DIBAM respecto al aumento de los préstamos de libros en los usuarios del Bibliometro (hay actualmente 14 bibliometros distribuidos en las distintas líneas del tren subterráneo de la capital), como también en el aumento de préstamos de libros en las alrededor de 400 bibliotecas públicas existentes en el país (actualmente son 440). También en base a la frecuencia de uso y de lectores que acuden a la Biblioteca Nacional y, sobre todo, a la Biblioteca de Santiago. Aunque son datos menos significativos que las encuestas llevadas a cabo con una nuestra controlada y representativa, son datos esperanzadores que indican que hay un público lector virtual que acude a las bibliotecas, un público que las instituciones de educación y la industria del libro no han podido hasta ahora satisfacer adecuadamente.


Población universitaria y el libro

¿Dónde está hoy día, en el momento del Bicentenario, ese público de lectores virtuales? Fundamentalmente en las universidades. Es en la etapa de la universidad cuando se suele iniciar una relación personal y más permanente con los libros. Son los años en que se entra a las librerías, aunque sea de libros usados, se visitan por necesidad o interés las bibliotecas, se piden libros y se los hojea y, en el mejor de los casos, se los descubre y apropia. Se empieza a leer por vocación o placer y hasta ocurre que algunos estudiantes inician una pequeña y rudimentaria biblioteca personal. ¿Qué pasa entonces con la población universitaria y los libros?

En las últimas dos décadas, la población universitaria ha aumentado exponencialmente. Entre 1990 y 2005 la matrícula ha crecido con una tasa anual cercana al 17%. En 1965, 6 de cada 100 jóvenes iban a la universidad, mientras hoy día van 37 de cada 100 en edad de hacerlo. En 1980, la matrícula total de las 8 universidades existentes era de 118.978 alumnos; hoy, en cambio, en 68 instituciones, la matrícula sobrepasa los 530.000 alumnos. Se estima que para el Bicentenario la matrícula se aproximará a los 800.000 estudiantes. Los libros son (todavía) el soporte por excelencia de todas las carreras que se estudian en la universidad, de las disciplinas científicas y técnicas (física, química, medicina, ingeniería, agronomía, biología, etcétera); también de las disciplinas sociales y humanistas (jurisprudencia, ciencias políticas, antropología, psicología, historia, filosofía, letras, lingüística), sin mencionar su importancia como soporte de cultura general y de la expresión literaria y poética. Considerando que hay universidades de primera, de segunda y de tercera, algunas acreditadas y otras que no lo están; universidades con grandes bibliotecas patrimoniales y otras con sólo centenares o unos pocos miles de libros; aún considerando estas diferencias, es posible pensar que cada estudiante universitario debe (o debiera) leer en promedio 25 libros al año, lo que da –considerando la matricula actual– un total de 12.750.000 libros.

Se trata de una cifra espectacular, superior incluso al número de libros que se editan anualmente en el país. Corresponde sí a una cifra virtual, a un nicho de mercado posible pero que no es real. Lo que ocurre es muy diferente. Por una parte, a través de préstamos bibliotecarios, varios estudiantes leen o trabajan con un mismo ejemplar. Por otra, los estudiantes universitarios en su abrumadora mayoría no leen libros, leen fotocopias, capítulos, secciones, fragmentos, artículos, hojas sueltas bajadas por Internet. En definitiva, libros que no alcanzan a ser libros, que son sólo textos.

El asunto tiene múltiples aristas, particularmente si consideramos que el libro es un objeto complejo: por una parte, vehículo de pensamiento, de ideas y de creatividad, un bien de cultura y de educación irremplazable; y, por otra, un producto material, hecho de papel impreso, que ha sido ilustrado, diseñado y encuadernado de determinada manera, un objeto concreto que se promociona, se fabrica, se vende, se colecciona, se exporta y se consume, vale decir, un bien económico. Metafóricamente, entonces, el libro tiene alma y cuerpo, y ambos componentes están interrelacionados, por ende, el deterioro o bienestar de uno, involucra al otro.

La relación con semi-libros o con lonjas de libros, implica carencias de distinta índole en la relación con el libro y la práctica de la lectura. Es como amarse por correspondencia: el alma se transmite, pero el cuerpo no. Se trata de una mengua que también afecta a la industria y al mercado del libro, y que termina por empobrecer la oferta editorial. La solución no es fácil. Desde el punto de vista de los estudiantes, la fotocopia “salva” –como dicen ellos. También seguramente “salva” a los padres. Pagando aranceles y manutención, comprar los libros que necesitan sus hijos –aunque sean usados– les resulta una quimera. Desde el punto de vista de las universidades (sobre todo de las universidades privadas que tienen propósitos mercantiles), tener bibliotecas actualizadas con el número suficiente de ejemplares para una matrícula que aumenta año a año, no parece ser un tema prioritario. Desde el punto de vista de los profesores, dar una bibliografía indicando el número de páginas a leer resulta más operativo y da mayores garantías de cumplimiento que si el alumno tuviese que adquirir o pedir en préstamo el libro. Desde el punto de vista de las editoriales, libreros y distribuidores, la fotocopia –la reprografía, le llaman– los perjudica y obstaculiza el crecimiento y desarrollo del mercado del libro en el país. Según Editores de Chile la reprografía:

[A]fecta al mundo del libro en unos 40 millones de dólares al año, pues no golpea sólo a los títulos más vendidos, sino que a todo el espectro de la producción editorial: libros de tiradas menores, como ensayos y textos sobre educación, filosofía, psicología, historia, administración, sociología y libros usados en la formación profesional y técnica. El monto que gastan las bibliotecas de instituciones de educación superior en fotocopias se aproxima a los 5 millones de dólares por año.

También se refieren a la pérdida, en el curso del proceso educativo, de la relación con el libro como bien cultural. Una solución parcial es llevar a cabo lo realizado en países como Noruega, en el cual cada fotocopia paga un derecho que es recopilado por un ente independiente, derechos que van a dar a la industria editorial y a los autores. Con el tiempo, por esta vía se puede –si se adoptan otras medidas y un trato preferencial para el libro– lograr una baja importante en los precios y una mayor oferta de títulos, transformando así a la población universitaria en un público lector real de libros.

Los estudiantes universitarios también leen textos electrónicos. Con frecuencia lo hacen por una motivación informativa o funcional, para obtener referencias, datos o información. Cada vez más ésta clase de lectura funcional se realiza en textos electrónicos a través de Internet; varias editoriales utilizan el soporte electrónico o el CD ROM para sus enciclopedias, diccionarios o libros de referencia. Otro tanto ocurre con las revistas de punta en las distintas disciplinas, publicaciones que cada vez más son asequibles on line. Es innegable que en el mundo contemporáneo la gran variedad de medios y recursos tecnológicos existentes, han contribuido y seguirán contribuyendo al crecimiento cultural de la sociedad. Pero es innegable también que el libro continuará desempeñando en este plano una función insustituible. Hay quienes perciben en el libro un medio obsoleto y en retirada, argumentando que los bancos de datos y las máquinas de búsqueda tipo Google tienen hoy día –como fuente de información y ayuda– una mayor capacidad considerable de almacenamiento y rapidez que el libro. El problema es que este tipo de comparaciones descansa en una premisa errada: una equivalencia entre información y conocimiento.

En cuanto al texto electrónico, que el estudioso Roger Chartier considera como la tercera revolución del libro (luego del manuscrito y de la imprenta), todo indica que asistiremos a una coexistencia entre estos tres modos de inscripción y de comunicación de textos. Hipótesis bastante más razonable que aquella que sostiene que nos encontraríamos ad portas del colapso de la cultura escrita, o de aquella que anuncia con trompetas el advenimiento inmediato de una nueva era de las comunicaciones. Según Chartier, la historia de la lectura muestra que las mutaciones, en el orden de las prácticas, son a menudo más lentas que las revoluciones tecnológicas.


El Estado: un actor necesario

En la medida que el mundo del libro está vinculado a la lecto-escritura, a la producción y reproducción de conocimiento, a la creatividad individual y social, a la educación y a la construcción de una sociedad en que exista igualdad de oportunidades, necesariamente requiere la acción del Estado. En la década que culmina en el Bicentenario, el Estado ha sido un actor, pero un actor disperso y puntual, que no ha logrado hilvanar una política pública sistémica que logre las transformaciones que según varios diagnósticos requiere el mundo del libro.

En cuanto a la DIBAM, a través de la Dirección de Bibliotecas Públicas sostiene o apoya –en convenio con Municipios u otras instituciones– a un total de 440 bibliotecas públicas e impulsa la construcción de otras 14 que deberían estar funcionando durante este año. Además, tiene un convenio de apoyo con 15 centros penitenciarios. La orientación fundamental de estas bibliotecas es sacar al libro del circuito elitista y ponerlo a disposición de los distintos sectores de la población. Son bibliotecas que, en sus colecciones, intentan abarcar todas las áreas del conocimiento: desde la literatura hasta libros dedicados a la agricultura, manualidades, medicina, derecho, pintura y arte. También libros de autoayuda o bestsellers de Paulo Coelho y Barbara Wood. Un sector importante de estas bibliotecas está dedicado al público infantil. En algunas de las bibliotecas públicas se mantiene una existencia pequeña de libros en formato digital. Un número importante de ellas posee equipos computacionales para los usuarios, los encargados han tenido que esmerarse para que los niños y usuarios no las ocupen como un Cyber-café. Los préstamos de libros, como señalamos, han ido, según la Directora de Bibliotecas Públicas, en constante aumento. Cabe recordar, sin embargo, que tanto encuestas y estudios de consumo cultural, como nuestro propio trabajo de campo frente al tema, han arrojado cifras muy bajas en el uso de estas bibliotecas, revelando un uso fundamentalmente funcional del libro, vinculado a las tareas escolares. Dentro de esta misma perspectiva, la de llevar el libro a los diversos sectores de la población, se encuentran los 14 bibliometros instalados en las distintas líneas del metro de Santiago.

El Ministerio de Educación realiza compras en el mercado editorial para los Centros de Recursos de Aprendizaje, compras que benefician tanto a las trasnacionales del libro como a las editoriales independientes, aunque según la Directora Editorial de Lom, en bastante menor medida a estas últimas. Otro aporte del Estado son los fondos concursables que administra el Fondo del Libro del Ministerio de Cultura, fondos que apoyan la realización de ediciones, el fomento bibliotecario y de la lectura, la investigación y la creación literaria o eventos vinculados al mundo del libro. Este fondo se ha incrementado año a año, pasando de los $544.622.000 en el año de inicio (1993), a más de cuatro veces esa cifra en la actualidad. Sin embargo, la medida más novedosa y significativa a nivel del Estado, con todas las sugerencias o críticas que ha desatado, ha sido la del maletín literario.


El maletín literario

Se trata de la distribución masiva de libros entre los sectores más vulnerables del país, una iniciativa inédita impulsada en los últimos dos años del gobierno de la Presidenta Michelle Bachelet. Consistió en el obsequio de alrededor de 400.000 maletines literarios a escolares y familias de los dos quintiles más pobres, tanto en Santiago como en regiones. Los destinatarios específicos de la primera entrega (2008) fueron niños entre pre-kinder y cuarto básico, y de la segunda entrega (2009), escolares entre sexto básico y primero medio. ¿Cómo se llevó a cabo la selección de los libros que contiene el maletín? ¿Cómo se distribuyeron y entregaron?

Luego de convocar a todas las editoriales y posibles proveedores para que ofrecieran los libros, el proceso de selección y distribución estuvo a cargo de la DIBAM y de la Dirección de Bibliotecas Públicas. El año 2008 se convocó a un jurado de 13 personas, integrado por escritores: Marta Blanco, José Miguel Varas, Alberto Fuguet, Rafael Gumucio, Jorge Zambra, Omar Lara y Elicura Chihuailaf; profesores: Ana María Zurita, Hugo Montes y Felipe Allende; una antropóloga: Patricia May; una bibliotecaria e integrante del Consejo del Libro: Viviana García; y el Director Social del Hogar de Cristo: Benito Baranda. El Jurado preseleccionó un total de 49 libros; luego, en una segunda etapa, una Comisión de la DIBAM –integrada por 3 bibliotecarios y un experto del Centro de Investigaciones Barros Arana–, eligió, a partir de los 26 títulos escogidos en la primera etapa, los 16 definitivos. La idea era que los libros escogidos respondieran a las necesidades de los distintos miembros de la familia, así como también a sus diversas realidades. Los seleccionados además de un Atlas Universal, fueron: Diccionario Enciclópedico; Cuentos Clásicos, de Andersen, Grimm y Perrault; El príncipe feliz y otros cuentos, de Oscar Wilde; Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez; Cóndor Mallku, de Osvaldo Torres; Cabo de hornos, de Francisco Coloane; El principito, de Antoine de Saint Exupéry; Mitos y leyendas de Chile, de Floridor Pérez; Antología de Poesía, de Gabriela Mistral; El libro de las preguntas, de Pablo Neruda; Fábulas, de Esopo; Ogu y Mampato, de Themo Lobos; La metamorfosis y otros cuentos, de Franz Kafka; La comarca del jazmín, de Óscar Castro; y Kiwala y la luna, de Ana María Pavez y Constanza Recart.

A partir de estos títulos se armaron 133.000 maletines, cada uno conteniendo 9 o 10 libros; maletines que se distribuyeron entre Arica y la Antártica a un número similar de destinatarios específicos pertenecientes a los dos quintiles más pobres. Para la distribución se utilizaron como intermediarios a colegios, escuelas, liceos y bibliotecas municipales de las distintas localidades y comunas del país.

El año 2009 la DIBAM convocó a un jurado de 10 personas, integrado por escritores: Guillermo Blanco, Delia Domínguez, Aramis Quinteros, Alejandra Costamagna, Lionel Lienlaf, Omar Monroy; profesores: María Victoria Penni y Hugo Montes; el Director Social del Hogar de Cristo: Benito Baranda; y la Directora del Programa de Centros de Recursos de Aprendizaje: Constanza Mekis. El Jurado preseleccionó un total de 67 libros, de los cuales la Comisión de la DIBAM eligió 26 títulos: Diccionario Enciclópedico Universal Interactivo; Atlas Universal Chile Regionalizado; Poemas y Cantares de América Latina y el Mundo, selección de Violeta Diéguez y Amelia Allende; Conociendo a Gabriela Mistral, de Violeta Diéguez; Poesía Chilena, Antología; Antología del Cuento Chileno, de Alfonso Calderón, Pedro Lastra y Carlos Santander; Subterra, de Baldomero Lillo; Aventuras de Ogu y Mampato: el cruce de Los Andes, de Themo Lobos; Las noches blancas, de Fedor Dostoiesky; Cuentos de amor, locura y muerte, de Horacio Quiroga; La negra Ester, de Roberto Parra; Poesía para niños, de Roberto Parra; Gabriela, la poeta viajera y algunos poemas, de Gabriela Mistral; Valles centrales, Antología Poética, varios autores; Cuentos Chilenos, de Fidel Sepúlveda y otros; La amortajada, de María Luisa Bombal; Supercifuentes, el justiciero, de Hernán Vidal-Hervi; Colmillo Blanco, de Jack London; La famosa invasión de Sicilia por los osos, de Dino Buzzatti; 16 Cuentos Latinoamericanos. Antología para jóvenes, varios autores; El cepillo de dientes, de Jorge Díaz; Décimas. Autobiografía en versos, de Violeta Parra; Antología Poética de Pablo Neruda, selección de Óscar Hahn); María Nadie, de Marta Brunet; Asterix, de R. Goscinny y A. Uderrzo; y Mitos y leyendas de Chile, de Floridor Pérez.

A partir de estos títulos se confeccionaron 267.000 maletines, conteniendo entre 14 y 16 libros, maletines que se distribuyeron entre Arica y Magallanes, utilizando como instancias mediadoras a escuelas, liceos, colegios, bibliotecas públicas; quienes con frecuencia realizaron eventos para proceder a la entrega de los maletines a los destinatarios específicos previamente seleccionados. Considerando 400.000 maletines con un promedio de 13 títulos por maletín se han obsequiado 5.200.000 libros, cantidad que supera con creces el 50% de todo lo publicado en un año.

Cuadro: Distribución de maletines por región

Región Número de maletines 2008 Número de maletines 2009
Tarapacá 2.628 3.806
Arica y Parinacota 1.648 5.091
Antofagasta 3.378 6.238
Atacama 3.101 4.885
Coquimbo 6.807 12.535
Valparaíso 12.042 28.576
Libertador Bernardo O’Higgins 6.931 13.922
Maule 12.130 22.176
Bío-Bío 24.829 43.504
Araucanía 16.684 21.667
Los Lagos 9.172 7.815
Los Ríos 5.322 16.566
Aysén del General Carlos Ibáñez del Campo 723 1.852
Magallanes y Antártica chilena 706 1.496
Región Metropolitana 26.899 76.885
TOTAL 133.000 267000

Fuente: Datos entregados por DIBAM (2009) y contenidos en la página Web del Maletín Literario www.maletinliterario.cl (2008).

El proceso de adquisición y selección significó un aporte importante de recursos para las editoriales seleccionadas con uno o varios títulos (Norma, Pehuén, Lom, Andrés Bello, Zig-zag, Universitaria, Aguilar, Cuarto Propio, J. Carlos Sáez Editor, Salvat, Random House Mondadori); pero también desató polémicas por títulos que no fueron escogidos. Como política pública, la iniciativa del maletín generó numerosos controversias, fundamentalmente con respecto a los procedimientos, el modus operandi y sus posibles resultados; se señaló también la conveniencia de evaluar el programa considerando que significó un gran esfuerzo económico para el Estado (más 5 millones de dólares). Los principales puntos en discusión fueron los siguientes:

1. Se puso en duda la efectividad de la medida con respecto a la utilidad y uso real de los libros. ¿El hecho de recibir libros implica necesariamente que en el futuro éstos serían leídos?
2. Se criticó la ausencia de un programa de intervención que asegurara el impacto de la entrega en tanto incentivo real a la lectura, sobre todo tratándose de estratos sociales en donde los hábitos de lectura son muy deficientes.
3. Se discutió el hecho de que los textos hayan sido seleccionados por un jurado ajeno al profesorado de los sectores más vulnerables, ¿No hubiera sido necesario, acaso, contar en el jurado con maestros rurales de educación básica o con profesores de escuelas municipalizadas, que conocen directamente los niveles de lectura y los intereses de sus alumnos?

Para examinar los resultados del programa procedimos a realizar una investigación en terreno, en varias comunas del centro sur y norte del país, y también de la región metropolitana. Utilizamos para ese fin un cuestionario de preguntas semiestructuradas, que abordaban los datos de recepción y distribución del maletín, la valoración del mismo por los receptores, las lecturas realizadas y la incidencia ejercida por éste respecto a un posible cambio en los hábitos de lectura. Las entrevistas se practicaron de modo individual o en el formato de focus group, a jefas de hogar o a los propios escolares que lo recibieron.

En cuanto a la distribución y recepción se detectaron distintas situaciones: un número significativo de las entregas se realizaron en el marco de una ceremonia; en las comunas y ciudades más importantes el acto se celebró en el Teatro Municipal o en la Biblioteca de la ciudad (por ejemplo, en Quillota se realizó un acto de entrega oficial en el Teatro Municipal Diego Portales; en Valparaíso, en la Biblioteca Santiago Severin); en comunas más pequeñas en el salón comunitario, bibliotecas públicas, casas de la cultura, en liceos o escuelas, incluso en Consultorios de Salud (fue el caso de Marchigue, Chimbarongo, San Fernando, Quemchi y muchísimas otras). También se detectaron varios casos de entrega retrasada, en que ni los destinatarios específicos y ni representantes de las familias seleccionadas asistieron al acto, y hubo que hacer, por ende, una entrega posterior. Incluso algunos todavía, a fines del 2009, no se los ha podido entregar, debido simplemente a que se les ha avisado que vengan a retirar el maletín, pero aún no han acudido. Asimismo, existen casos de entrega equivocada a receptores que no eran los presupuestados en términos de destinatarios específicos (Quilicura y Melipilla), lo que revela errores por cuenta de la instancia mediadora y problemas de organización en el proceso de distribución.

Respecto a la lectura la respuesta fue consistente: los dos libros más mencionados y valorados por los destinatarios fueron el Atlas Universal Regionalizado y el Diccionario Enciclopédico. Se los destacó porque lo pedían en las escuelas y por su utilidad para llevar a cabo las tareas. Todos los alumnos y padres encuestados vincularon el maletín a las necesidades escolares y a las tareas. No se detectaron evidencias en los alumnos (los destinatarios específicos) de que el maletín tendría un rol en la promoción de la lectura, definitivamente no perciben la lectura como una práctica cotidiana, sino que la vinculan a la obligación escolar.

Como ya hemos señalado, los libros más valorados del maletín son precisamente aquellos que contienen información para las tareas del colegio. Familiares que ocasionalmente se encontraban presentes en las entrevistas sí señalan su propósito de leer algunos de los libros. Varias respuestas, sin embargo, aluden también a la importancia de Internet en relación con las tareas. Nicolás Martínez, de la población La Faena en Peñalolén, Región Metropolitana, que tiene 18 años y respondió junto a su hermano Simón de 12, señala que él no usa los libros porque todo lo obtiene de Internet. En su modesta casa hay dos computadores, uno para cada hermano, “yo veo de todo [dice] desde ver política, hasta juegos, noticias, veo harta noticia, uso Youtube para enterarme. Me gusta comentar y ver documentales”. Cuenta que le aburren los libros, que no es bueno para leer, pero que le gusta la cultura e investigar, entonces es Internet y los medios audiovisuales de donde obtiene la información: “Es mucho más rápido y más directo en lo que uno quiere buscar”, argumenta. Interviene la madre para afirmar que el hijo más chico, Simón, sí usa los libros, “es más tradicional” dice “y Nicolás es más tecnológico”.

Las funcionarias a cargo de una biblioteca que cumplió el ejercicio de mediadora en la entrega de maletines en la región metropolitana, ante la pregunta de si los niños prefieren Internet a los libros, se ríen, y afirman que muchísimo más Internet:

Sabe usted que uno se acerca ahí [al sector de los computadores, cuando están ocupados y hay gente esperándoles] y les digo tomen chiquillos lean un diario, alguna revista mientras tanto… y no…. ellos están desesperados mirando que es lo que está haciendo el otro en el computador. Cuándo podrían tomar un librito mientras tanto, aunque sea algo breve, algo de diez líneas. Algo les quedará. Pero no hay caso.

En síntesis, el maletín literario como experiencia de obsequio masivo de libros a los sectores más pobres, necesita –de acuerdo a los datos que arroja la investigación realizada– de una mejor organización en la distribución y entrega de los libros, y sobre todo de un seguimiento que productivice la práctica lectora en los beneficiarios. En esta perspectiva, resulta importante el enganche para que se asocien a la biblioteca pública más cercana –lo que ya se hizo–, sin embargo, no es suficiente en términos de seguimiento. Una campaña masiva de lectura y acompañamiento, teniendo como foco a los destinatarios específicos de la política, entonces como una necesidad complementaria para lograr cambios perdurables en los hábitos de lectura.

¿El Estado ha sido, en estos últimos diez años, un actor o un espectador? Considerando lo desarrollado en términos de bibliotecas públicas, el programa de adquisición de libros para los Centros de Recursos de Aprendizaje del MINEDUC, los bibliometros, los fondos concursables y el Maletín Literario, todo apunta a una presencia del Estado como actor en el mundo del libro. Se trata, sin embargo, de una presencia dispersa e insuficiente, sobre todo si se considera lo planteado por un documento sobre Política Nacional del Libro y la Lectura, publicado en 2006; documento que emanó del propio Consejo Nacional de la Cultura y que fue suscrito por el Ministro de Cultura de la época, José Weinstein. El documento señala la necesidad de una nueva política para la lectura y el libro, una política sistémica e integral que considere todas las etapas de la cadena del libro. Se plantean allí un conjunto de medidas y objetivos en el plano de fomento de la lectura a través del libro: programa nacional continuo de fomento de la lectura; incrementar sustantivamente libros disponibles en Bibliotecas Públicas; subsidio para adquisiciones de libros chilenos científicos, académicos y técnicos; ampliación de redes de bibliotecas municipales y públicas; vincular la acreditación de universidades al cumplimiento de normas referidas a bibliotecas y reprografías; estimular convenios con medios masivos para fortalecer presencia del libro y creación chilena. También medidas para impulsar la edición, producción y comercialización de libros: pago IVA diferido en importaciones de libros; estudiar una posible rebaja del IVA a los libros; fomentar publicación nacional de libros técnicos y científicos; favorecer con medidas fiscales y municipales a librerías dedicadas exclusivamente al comercio de libros; fortalecer el derecho de autor; instalar en Pro Chile programa específico a exportación de libros producidos en el país; fomentar el perfeccionamiento de profesionales relacionados a la cadena del libro. Además disposiciones para desarrollar la creación: potenciar concursos de edición de nuevas obras; reestructurar el Jurado que otorga el Premio Nacional de Literatura; generar instancias de capacitación para traductores; impulsar talleres y concursos literarios a nivel comunal; apoyar creación de revistas y publicaciones de difusión y crítica literaria y cultural, también blogs y páginas Web. Asimismo, medidas para preservar y difundir el patrimonio literario, bibliográfico y documental: crear un Fondo de Adquisiciones para manuscritos y objetos literarios de valor patrimonial; ampliar colección en soporte sonoro de tradición oral y patrimonio lingüístico de pueblos originarios; crear línea de proyectos del Fondo del Libro y la Lectura que apoye iniciativas de conservación y restauración del patrimonio bibliográfico. Por último, se plantean pautas para mejorar la Institucionalidad del Libro (Modificar Ley 19.227 de 1993, creada durante el primer gobierno de la Concertación por el Consejo y el Fondo del Libro), en términos de explicitar una política de bibliotecas públicas, de fomento a la industria editorial nacional, de depósito legal y de Ley de propiedad intelectual 17.336, de administración de ISBN coordinándose con el MINEDUC, para implementar un sistema permanente de estudios y estadísticas en el ámbito de lectura y el libro.

Hasta la fecha no se ha implementado prácticamente ninguna de estas propuestas, mociones que fueron llevadas a cabo por un organismo que pertenece al Estado y que vela por las políticas públicas en ese sector. Todo indica que en el momento del Bicentenario, llevar a cabo la propuesta del Consejo Nacional de Cultura y del entonces Ministro del ramo, es una necesidad para restituir –en beneficio del país– el equilibrio entre el cuerpo y el alma del libro, entre el libro como bien económico y como bien social y cultural. Y también para propender a un mayor equilibrio entre la cultura de masa, la cultura artística y la cultura popular.

Bibliografía

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Decapitación y enmascaramiento: aniquilación del sujeto y creación travesti

Por Rebeca Sánchez Castro

¿Cuál es el dios de este universo en desbandada?
Jean Rousset

El ser de los pájaros no es el timbre del trino,
sino las plumas cayendo a cada muda.
Severo Sarduy

 

0. Cero

El barroco se construye –desde el punto de vista epistemológico– a partir de una falla, un quiebre, que se produce entre significante y significado. El aspecto corporal, material, sensible de la palabra, se desliga del concepto, en tanto el mundo se revela más amplio de lo que el conocimiento dogmático y canónico había establecido; de pronto se ha llegado a un punto en que no existen palabras para designar la realidad, con lo que se manifiesta la imposibilidad de aprehensión del sentido.

Esta falla entre el significante y el significado atraviesa todos los ámbitos de la realidad, no sólo el del lenguaje. Es el problema de la capacidad humana para conocerlas, para designarlas; la cuestión de si la esencia precede la existencia o viceversa. Todo implica, necesariamente, la pregunta por la divinidad.

En el contexto latinoamericano podemos ver, además, la reflexión en torno al problema identitario, que considera el borramiento de las culturas existentes en América antes del encuentro con el europeo, la imposición violenta de una visión de mundo otra. América se constituye a partir de un palimpsesto, de lo que se escribió sobre ruinas –como la catedral de Ciudad de México, que se construyó sobre el Templo Mayor de Tenochtitlán.

Hay una nostalgia del origen; hay algo que se persigue, que pareciera verse de lejos y estar próximo pero no se alcanza.

El neobarroco que propone Sarduy –continuando con la tradición barroca latinoamericana fundada en la colonia y retomada por Lezama Lima– da por perdido ese origen y considera intocable el sentido, e indefinible la identidad. La falla nos abisma y nos enseña el vacío que se intentará llenar, la torsión que se aspira a corregir mediante la proliferación de significantes que tiendan hacia el sentido sin tocarlo, como una asíntota en un plano cartesiano (1). Nos enfrentamos a una “vacuidad germinadora” (Sarduy, Ensayos 60), un espacio que admite todas las posibilidades que se manifestarán como forma, significante y cuerpo, que se someterá a todas las metamorfosis para rodear el sentido, hacer visible su ausencia. Es un vacío magnético que atrae elementos para que lo rodeen, para dar forma a una figura de centro indeterminable.

Esto se plasma en una escritura a través del uso de la “metáfora traslaticia”, que “torna imposible detener el desplazamiento incesante del sentido, como un módulo móvil” (Perlongher 53). Sarduy encarnará esta metáfora en la figura del travesti, que sin descanso cambia su traje para ocultar/tachar/borrar al sujeto que lo viste, quien es el sujeto de identidad problemática que representa el criollo.

De donde son los cantantes, de Severo Sarduy, hace explícitos estos planteamientos, presentando personajes travestidos en busca de un sentido que finalmente construyen ellos mismos. La obra se abre con Auxilio y Socorro preguntándose acerca de dios, comprobando su ausencia y luego configurando el “curriculum cúbense” desde el vacío que absorbe elementos en un intento de llenado:

Pues nada, que esa cosmogonía en ciernes atrajo, chupó mundo. Como un imán debajo de un río los anzuelos, o como un aspirador en un pollero las plumas, así el binomio Auxilio-General chupó todo lo que había alrededor, y claro está, chupó a una negra y a una china: así se completo el currículo cúbense (Sarduy, De donde 20).

Trataremos acá el problema de la tachadura del sujeto, el vaciamiento de su identidad y la proliferación de formas a través de las cuales se intenta reparar la falla. Pondremos la atención en los personajes, fundamentalmente en Auxilio y Socorro, “Las Siempre-Presentes”, que al no encontrar a dios se configuran como encarnación de una divinidad que podríamos identificar con Proteo, aquel que “siempre móvil, está destinado a huir de sí mismo para existir (…); su ocupación consiste en abandonarse; (…) para significar que está formado por una sucesión de apariencias” (Rousset 25).


I. Decapitación y enmascaramiento

– ¡Quiero desaparecer! –y ya no es una ardilla,
sino un topo: se hace una esfera, esconde la cabeza.
Severo Sarduy

El ocultamiento de la cabeza y del rostro son tópicos barrocos que representan la desaparición del sujeto. Podemos constatarlo en la pintura europea, primeramente en el Autorretrato de Rembrandt donde el artista tiene parte del rostro oscurecido, particularmente la mirada; o en El baño de Venus de Velásquez, donde el espejo sostenido por Cupido refleja el rostro borroso de un sujeto indeterminado que podría ser la mujer recostada o el mismo espectador del cuadro, ya que el espejo está colocado de modo que incluye al observador en el movimiento de la obra.

Este tópico de la tachadura del sujeto se desarrolla más explícitamente en las múltiples decapitaciones que el barroco rescata y representa hasta el cansancio: Judith decapitando a Holofernes; Salomé con la cabeza de Juan Bautista en una bandeja; David mostrando triunfante el cráneo colosal de Goliat. Es la aniquilación total del sujeto, que en el neobarroco tiene en el “cuello, cortado a nivel de la nuez, un gran tornillo” (Sarduy, De donde 118), que permite el ensamble de todas las máscaras posibles. Como explica Nestor Perlongher:

El barroco siempre choca y corre un límite preconcebido y sujetante. Al desujetar, desubjetiva. Es el deshacimiento o desasimiento de los místicos. No es una poesía del yo, sino de la aniquilación del yo. Libera el florilegio líquido (siempre fluyente) de los versos de la sujeción al imperio romántico de un yo lírico (Perlongher 48).

Auxilio y Socorro, “Las Constantes”, están presentes en los cuatro capítulos de la novela, aunque sea ésta una presencia problemática en tanto, como veremos, lo único permanente en ellas es la transformación. Se suceden como las modelos en las pasarelas, quienes se detienen frente a la cámara que capta el instante, las fija como ícono y luego dan la espalda, desaparecen tras bambalinas para que la modelo siguiente cumpla el mismo rito. “La imagen fotográfica fija (detiene y retiene) el instante en el que la metamorfosis se cumple para la mirada como logro cosmético” (Richard 70). En el self-service las vemos:

Ya están las dos sentadas, compuestas, ante un ventanal de celuloide. Ni una mancha, ni un solo cabello desplazado, ni una gota de salsa de tomate en las mejillas. Fijas; las cabezas, separadas por unos centímetros, coinciden con el cruce de las diagonales del paisaje (…), las manos pálidas sobre el pecho. Ni siquiera se mueven, pero es inútil: todo el mundo las mira. Se saben acusadas (Sarduy, De donde 16).

Como insectos escondidos entre las plantas, se quieren mimetizar con el celuloide, que, según la RAE, es un cuerpo sólido, casi transparente y muy elástico, que se emplea en la industria fotográfica y cinematográfica y en las artes para imitar el marfil, la concha, el coral, etcétera; es decir, un cuerpo tan mimético como el de “Las Nítidas” que, además, etimológicamente alude al vacío, en tanto la palabra latina cellŭla significa “hueco”. Porque, como explica Sarduy, “el animal-travesti no busca una apariencia amable para atraer (ni una apariencia desagradable para disuadir), sino una incorporación de la fijeza para desaparecer” (Ensayos, 57). Las fotografías son el único recurso que permite a “Las Dueñas de Todo Aparecer” explicar quiénes son, en la medida en que “las fotos reverberan el laberinto de la pose travesti en el espejo” (Richard 70). Además, la fotografía, como mecanismo de re-producción, la despoja del aura tal como el travesti se despoja de identidad.

“Flor de Loto Junto al Río de Cenizas de Rosa” es el animal-travesti perfecto, inalcanzable, inaprensible, apenas perceptible para la mirada fugaz. Su nombre señala la inconstancia heráclita, su ruina y renacer constante, el ser invisible como la raíz de la flor de loto se sumerge lejos de todo alcance; contiene las flores que simbolizan la perfección, la poesía y la fugacidad. Es “La Emperatriz Ming”, “La Fija”, es “La Siempre-Ausente”, el sentido que se escapa, el significado ceniciento, borroso; el deseo que se desplaza sin descanso.

El capítulo en el que se la vislumbra en su huir permanente, comienza de un modo que enlaza presencia y ausencia: “Ni la luna, la perdiz, ni los helechos que blanquea, ni los cuatro animales, ni el vino del viento, ni el agua del Almendares: nada faltó al encuentro” (Sarduy, De donde 25). La figura retórica que se utiliza es la lítote, definida como una ironía perifrástica por disimulación, que oculta, disfraza el sentido. De ese mismo modo se la representa, escondiéndose, cervatillo que huye en la floresta.

Da un salto Flor de Loto y, como el pececillo que al saltar fuera del agua se vuelve colibrí, así vuela entre las lianas. Es ahora una máscara blanca que rayan las sombras de las cañas, es apenas el vuelo de una paloma, el rastro de un conejo. (...) Es una flor podrida bajo la palma, una mariposa estampada de pupilas, es una simetría pura. ¿Dónde está? No la veo. Respira apenas. Ahora, con su pincel de cejas se dibuja caras en las manos y las agita lejos de la suya, para así aturdir al Belicoso (26).

Efímera, elástica, Flor de Loto representa el imposible, la metamorfosis que no se detiene hasta la muerte; la ausencia de sujeto que muta en todos los rostros, multiplica sus rostros e imita incluso la faz putrefacta de la muerte (“flor podrida bajo la palma”). Su nombre, en la gran polisemia de los significantes, la abarca en toda su inconstancia, en su efímero existir. Por otro lado, Auxilio y Socorro cambian su apariencia y disfraz, volviéndose otras tan distintas que sus nombres ya no pueden dar cuenta de ellas y entonces proliferan los significantes que las designan.

Nelly Richard hace notar que el sobrenombre del travesti es “un nombre siempre disfuncional a los regímenes patrimoniales que legalizan el Sujeto como único dueño de su identidad-Una” (Richard 67). Aún más, el travesti:

Refacciona el nombre como primera matriz de identidad para corregir el defecto de la monosemia por y con añadiduras: primera ceremonia de refundación de la identidad en la que el travesti consume el acto de la desafiliación traicionando el nombre heredado como definitivo (el nombre propio) con nombres de paso –la Marilyn, la Sultana, la Brigitte, etc.– que lo rebautizan, pero ya sin el peso ontológico del santo de nacimiento profanado por la exhuberancia de un capricho seudonímico (68).

La proliferación de nombres de Las Baby Face tiene que ver con la incapacidad que tiene un sólo significante de dar cuenta de la multiplicidad de facetas que desborda un personaje que es máscara, sujeto vacío de toda identidad. Son efectivamente Las Cornucopias de Cráneos: la cornucopia es, por una parte, el cuerno de la abundancia, sacado de la cabra que daba leche para alimentar a Zeus y que a quien lo poseía otorgaba todo lo que deseaba; y, por otro lado, es además un espejo de marco tallado cuya estructura, según la RAE, permite poner bujías cuya luz reverbere en el mismo espejo. Auxilio y Socorro multiplican, muestran en su superficie especular todas las formas del deseo, las posibilidades de existencia y muerte, encarnando incluso el destino.

“Las Deidades Amarillas” – “Las Siempre-Presentes” – “Las Dueñas de la Yerba de la Inmortalidad” – “Las Dueñas de Todo Aparecer” – “Las Divinas” – “Las Parcas” – “Las Tres Psicopompos” – “La Costurera/La Repostera/La Anticuaria” – “Las Llenas de Gracia” – “Las Divinidades Calvas” – “Las Muertas-Vivas” – “Las Papisas del Tarot” – “Las Cabezas de Perro” (me las imagino acá con su hermana Clemencia, las tres juntas en el cuerpo del can Cerbero) – “Las Pálidas” – “Las Sombras”: son encarnación de lo divino, del destino, de la muerte (cuyos nombres también se multiplican en tanto es la certidumbre misma del vacío: “La Pelona Innombrable” – “La Cabecipelada” – “La Calva” – “La Raspada” – “La Sola” – “La Huesuda” – “El Ánima Sola”). Son, además, las deseantes máximas: “Las Fieles” – “Las Insaciables” – “Las Sedientas” – “Las Siervas” – “Las Pías” – “Las Magdalenas” – “Las Constantes” – “Las Devotas” – “Las Cristo’s Fans” – “Las Oblatas”. Las dobles que se espejean y confunden, que anulan la identidad: “Las Dos” – “Las Siamesas” – “Las Dos Mujeres” – “La Una y la Otra” – “Las Simétricas”. Son “Las Peripatéticas”, “Las Ónticas” que se preguntan por el ser que no se concreta. “Las Insípidas”, en toda su vacuidad. “Las Bolleras”, en su indeterminación y ambigüedad. Son animales varios (“Las Ranitas” – “Las Ojito de Ofidio” – “Las Urracas” – “Las Renacuajo” – “Las Corzas”) y las razas todas (“Las Flamencas” – “Las Moritas” – “Las Amarillentas”). El simulacro del simulacro al infinito: “Las Pintarrajeadas” – “Las Ojos Fijos” – “Las Floridas” – “Las Majas” – “Las Nítidas”. En fin, son “formas inciertas que se descomponen y recomponen en un delirio burlesco para formar frente a nosotros una especie de puzzle danzante, una casa de fieras alucinatoria” (Rousset 27).

Son fluorescentes, son de acetileno, son tambores que imantan pájaros, son helicópteros, son sillas en el fondo de un acuario, son eunucos obesos con los sexos diminutos entre flores rosadas, son pirañas, son ángeles leprosos que cantan ‘¡Metamorfosis, metamorfosis!’ (Sarduy, De donde 36).

Se resumen, al fin, en una figura divina travesti, como las deidades yoruba que blanquearon sus pieles y se vistieron con los trajes de los santos cristianos, o como Oshún que se encarna en la imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre. Porque, en palabras de Sarduy, “la pulsión ilimitada de metamorfosis, de transformación no se reduce a la imitación de un modelo real, determinado, sino que se precipita en la persecución de una irrealidad infinita” (Ensayos 56). Persiguen el imposible y logran apenas captar un fragmento, una partícula ínfima que se fija en la instantánea y luego se desvanece, muta, cambia las plumas como un pájaro. Son, al fin, la creación en toda su maravilla, dolor y potencia: “Esa tachadura del rostro original, mácula en la definición casi huraña del modelo que viene a introducirse como un suplemento ruidoso y a perturbar la reflexión –en los dos sentidos del término: concentración mental y reproducción especular– es la escritura” (113).

La ruptura entre el significante y el significado hace que, finalmente, todas las palabras sean “palabras cojas para realidades cojas que obedecen a un plan cojo trazado por un mono cojo” (Sarduy, De donde 59), por lo que deberán multiplicarse, señalar sin poder decir. Sólo la superficie lisa de la fotografía, de las palabras burbujeando en el papel, porque “el efecto de profundidad no es sino un repliegue en el drapeado de la superficie que se estira” (Perlongher 51).

“Yo –Hija mía ¿no ves que si el general se quita sus quincallas sería como el pájaro pintor de Lacan que se quita sus plumas? Como una cebra que se quita sus rayas negras para hacer con ellas un Vasarely” (Sarduy, De donde 19).

Notas

(1) Según la RAE, “Asíntota” proviene del griego ἀσύμπτωτος que significa “que no coincide”. En Geometría, se entiende como una línea recta que, prolongada indefinidamente, se acerca de continuo a una curva, sin llegar nunca a encontrarla.

Bibliografía

Estébanez Calderón, Demetrio. Diccionario de términos literarios. Madrid: Alianza, 1999. Impreso.

Perlongher, Nestor. “Introducción a la poesía neobarroca cubana y rioplatense”. Revista Chilena de Literatura, Nº 41, 1993: 53. Impreso.

Richard, Nelly. “Contorsión de géneros y doblaje sexual; la parodia travesti”. Masculino/Femenino. Santiago: Francisco Zegers, 1993. Impreso.

Rousset, Jean. Circe y el pavo real. Barcelona: Seix-Barral, 1972. Impreso.

Sarduy, Severo. De donde son los cantantes. México: Joaquín Mortiz, 1967. Impreso.

Sarduy, Severo. Ensayos Generales sobre el Barroco. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 1987. Impreso.


 

 

Roberto Bolaño: La representación del mal y la estetización de la política en Estrella distante

Por Ernesto Andrés Campos


Con Estrella distante (1996), Roberto Bolaño (1953-2003) se impuso como un novelista aclamado por el mundo literario internacional. Susan Sontag, la destacada escritora y ensayista norteamericana, considera a esta obra como un espontáneo gesto rebelde de un escritor latinoamericano alejado de las premisas anquilosadas del boom. Para muchos, Bolaño se ha transformado en una figura de culto que sobrepasa el límite de Hispanoamérica, pues su narrativa plasmó un universo propio que repercutirá por siempre en el canon literario occidental. El movimiento Infrarrelaista gesta una nueva poética, en la cual cada una de las obras está particularmente conectada. Arturo Belano de Estrella distante es un personaje que aparece en varias novelas de Bolaño, pues el escritor chileno quiere unir de forma indisoluble las concepciones del arte con la vida, desvirtuando los límites entre obra y mundo concreto. Su mismo nombre remite a esta relación entre vida y poesía, donde el Infrarrealismo cohabita entre estas dos realidades; donde una contamina a la otra, con libertad, azar y, principalmente, subjetividad. Para Bolaño, el creador está ligado imperecederamente a sus obras, condición que construye un espacio ilusorio o mítico donde no existe la certeza: los personajes viven en el propio mundo de la literatura, sin que nada pueda frenar su andar. Bolaño concibe que la estética y la vida cotidiana sean complementarias, con el fin de que no exista una separación entre el autor y su obra.

En la novela existe una marcada lucha ideológica, que revela una pugna que se libra entre la estética, la política y la moral. A mi modo de ver, Arturo Belano y Carlos Wieder deben enfrentarse para poner de manifiesto el mal sin límites que propicia la dictadura militar. Bolaño expone distintos arquetipos de la escena literaria, todos determinados por las implicancias políticas. Por ejemplo, Wieder es un personaje que, por medio de la violencia, pudo dar rienda suelta a un actuar torcido que era parte de la época dictatorial. Su concepción del arte está enlazada con la experiencia de vida, pero para exponer lo más bajo del ser humano. Las fotografías “artísticas” de Wieder muestran a sujetos destrozados por la tortura, las que se despliegan por una aparente estructura cronológica. Para Wieder, esta acción horrenda es una práctica artística de elite que se impone como el arte hegemónico de la nación. “El arte de Chile no admite aglomeraciones”, expresa este piloto, tiñendo de sangre el campo artístico gracias al poder que otorgaba ser miembro de la Fuerza Aérea. Por medio de Wieder, Bolaño exhibe un horror inconmensurable y problematiza decisivamente el terreno del arte y la política. “El escritor chileno construye un registro de formas discursivas sobre el mal a partir de la violencia, el silencio o el ocultamiento de sentido, entre ellas, la tortura” (González 115). Según Bolaño, el mal no puede ser abordado bajo ningún calificativo, condición que obliga a extremar el ejercicio escritural, para así retratarlo con absoluta autenticidad. Según González, el creador chileno logra darle “cuerpo” al mal, a través de la escritura, utilizando la alegoría, el balbuceo y el silencio como estrategias de representación. Obviamente el mal es abstracto y sus consecuencias pueden ser insolubles para el escritor: describir los gritos dolorosos de la tortura parece ser una empresa condenada al fracaso. No obstante, Bolaño registra los instintos aberrantes del hombre en una narrativa que retrata al mal desde múltiples perspectivas, mediante un lenguaje que ha ampliado sus capacidades de expresión. Como lo plantea González, “lo que el lenguaje nombra adquiere el cuerpo de su nombre: el nombre es la forma” (117).

Este es un mal que inunda cada una de las partes en donde se desenvuelve, premisa que será el leitmotiv de este trabajo de investigación. Mi artículo se dirige a exponer cómo Bolaño es capaz de representar algo abstracto, como lo es el mal, en un plano político que termina por destruir la vida y el arte, aspectos que para Bolaño debían estar enlazados, como lo demuestra su movimiento Infrarrealista. Así, Wieder se erige como el péndulo que nos adentra en el complejo devenir de una etapa condenada a la declinación, exponiendo un mal que se funda en un poder prácticamente omnímodo. Wieder es un verdadero fantasma que marca a fuego el derrotero de estos jóvenes escritores y de otros implicados por este piloto sicótico. Aquellos jóvenes son Belano y Bibiano, quienes deben sobrellevar el dolor que les ha causado el piloto. Wieder es la condena inevitable no tan sólo para estos dos escritores, sino que para el pueblo, la política y el arte.

No es baladí que Bolaño haya comenzado su novela con personajes jóvenes e idealistas, dominados por un espíritu transformador. Para ellos, el horizonte se proyectaba auspicioso, al cual cada uno podía mirar como absolutos protagonistas. “La lucha armada que nos iba a traer una nueva vida y una nueva época, pero que para la mayoría de nosotros era como un sueño o, más apropiadamente, como la llave que nos abriría la puerta de los sueños, los únicos por los cuales merecía la pena vivir” (13). Estos pensamientos son compartidos por el narrador y por Stein, quienes no tenían una buena situación económica. Sus expectativas rondaban por la literatura y la política, dos espacios unidos por el ímpetu. Sin embargo, la novela nos expone el derrumbe de estos proyectos transformadores, ya que esa lucha se frena por la violencia del fascismo, simbolizada por Carlos Weider.

La irrupción de la dictadura supone el fin de los sueños para los jóvenes idealistas. Ellos jamás se imaginarán el mal incalificable que estará por venir, el cual terminará por socavar cada una de las instituciones que sustentan al país. Desde la consumación del Golpe, Wieder tendrá en un comienzo el poder para cometer todo tipo de atrocidades, que se amparan en un soporte que escapa a nuestra imaginación: la poesía. Es aquí donde Bolaño problematizará como ningún otro el papel nefasto que puede ocupar el arte cuando se presta para mentes extraviadas. Este piloto de la FACH desea fundar una poesía vanguardista anclada en los márgenes de la muerte, la cual expone una estética macabra donde los cuerpos mutilados son el resultado de esta nueva concepción artística. El mal ya no tiene límites, pues el poder total de la dictadura todo lo permite. Desde esta concepción que ha plasmado Bolaño, la libertad es asumida bajo una posición eminentemente problemática. La tortura va ligada a este valor, pues cuando el victimario quiebra todos los límites, el desarrollo de la abyección puede manifestarse sin cesar.

Carlos Wieder es un sujeto malévolo que ha traspasado las barreras de lo permitido; su mente alucina con infringirles a sus víctimas los flagelos más indecibles, utilizando al arte como vehículo para cometer sus atrocidades. Wieder concibe al arte como un depositario de todo tipo de torturas, las que terminan por unir de una forma bestial arte y vida. González dice: “La soberanía de Wieder viene de las entrañas del mal: gozar del dolor del otro; se necesita encontrar un placer que se ha obtenido al haber destruido todos los límites posibles” (120). El respeto por la vida humana se perderá inevitablemente. La tía de las Garmendia jamás se imaginará que la poesía que tanto le pide a Wieder que recite no se expresará como ella tradicionalmente la ha concebido, sino que ella misma será el experimento de esta estética macabra. “Alberto, léanos algo suyo, dice la tía, pero permanece inconmovible; dice que está a punto de concluir algo nuevo, que hasta no tenerlo terminado y corregido prefiere no airearlo” (30). Ese “algo nuevo” corresponde al asesinato de la tía y de las Garmendia, que constituirá la “forma” de este nuevo arte, que presenta un afán rupturista en todas sus dimensiones. Wieder quiere darle cuerpo a un proyecto artístico que rompa con los cánones, compartiendo con los militares ese afán por arrasar con todo. “Después de sus triunfos en la Antártica y en los cielos de tantas ciudades chilenas lo llamaron para que hiciera algo sonado en la capital, algo espectacular que demostrara al mundo que el nuevo régimen y el arte de vanguardia no estaban, ni mucho menos, reñidos” (86).

Bolaño sitúa a Wieder como un pseudo artista vanguardista, que ha terminado por aniquilar el concepto mismo de poesía. En la ejecución artística de Wieder no existe la escritura poética: ésta se reemplaza por los versos que escribe con el humo de su avión, los cuales remiten principalmente a la muerte. Sin embargo, esa noción de muerte no está sujeta a reflexiones filosóficas ni de otra índole, sino que a un arte que estetiza la tortura y la muerte de los disidentes políticos. Por ende, la académica Donoso tiene a Wieder como personaje principal de la novela, ya que su visión sobre el arte conlleva profundas implicancias estéticas y políticas que resultan fundamentales en este ensayo. Bolaño construye una aparente posición vanguardista en Carlos Wieder. Sin embargo, Donoso considera que el piloto de la Fuerza Aérea propugna una estetización de la política que tiene por objeto dar rienda suelta a toda la barbarie de la dictadura, para así validar un nuevo Estado que se ha reformulado en todos sus ámbitos. Wieder y la dictadura se amparan en el mismo modus operandi: deciden destruir lo precedente para imponer una nueva estructura. Para Wieder, la poesía debe ser una nueva acción, que en este caso es para torturar sin límites; la dictadura utiliza el terrorismo de Estado para aniquilar el más mínimo de disenso, con el fin de que su nuevo proyecto no se vea amenazado por la tradición política. “En Estrella distante Bolaño plantea una crítica al régimen dictatorial mediante el aparato específico de la ficción (Wieder). En la descripción de las acciones poéticas de Wieder, Bolaño cuestiona el carácter vanguardista del Golpe y denuncia la estetización de la política y de la muerte llevada a cabo por éste” (4). Es innegable que Wieder desea instaurar un nuevo orden desde la oficialidad de la dictadura, ejecutando acciones poéticas que se presenten como un nuevo manifiesto.

La poesía de este tipo se une con la política para expresar la nueva muerte que da el régimen: los cuerpos destrozados por la tortura. “La poesía de Wieder se presenta como una perversión precisamente porque a través de su consecución se intenta purgar, purificar y transformar en arte las torturas y los asesinatos cometidos por la dictadura” (6). Para Donoso la vanguardia destructiva del Golpe aniquila el concepto tradicional de arte, ya que la poesía se convirtió en un arma para matar. En la concepción de Wieder, se ha perdido toda forma de escritura, reemplazándola por fotografías horrendas que fundan una nueva poética. “Esta sería finalmente, la revolución pendiente de Carlos Wieder. La abolición misma de la literatura, su destrucción total” (7).

Esta académica profundiza aún más en el ejercicio de homologación que se sustenta entre el “arte” del piloto y la tiranía de la dictadura. La Moneda en llamas, los bombardeos sin control a una resistencia prácticamente nula, la República desmembrada son síntomas de la destrucción que consumó la vanguardia destructiva del Golpe, la cual logró otorgarle a Chile un nuevo comienzo, donde la tradición se fracturó por completo. El 11 de septiembre pareciera ser el inicio de una nueva era, que se ha gestado mediante la tortura, el asesinato y la muerte y, de paso, ha degenerado para siempre el Estado, la política y la poesía. Belano simboliza la única forma de contrarrestar esta condena fascista por medio de la trinchera ideológica que destruye el artificio de la muerte, y de la destrucción que enaltece la estética fascista. “La autoalienación de la humanidad ha alcanzado un grado que le permite vivir su propia destrucción como un goce estético de primer orden. Este es el esteticismo de la política que el fascismo propugna. El comunismo le contesta con la politización del arte” (Benjamin 24). De esta forma, Donoso desentraña la crítica profunda que subyace en Estrella distante con respecto a la supuesta posición vanguardista de Wieder. Su arte necesitó de un soporte estatal para materializarse; el creador se torna un servil parásito de un Estado que, al incomodarse con los resultados artísticos de su empleado, lo lanza al más ingrato destierro, tal como ocurrió con Wieder, quien terminó solitario como cualquier exiliado. Así, la vanguardia destructiva es una invención de Bolaño para graficar en toda su magnitud las consecuencias demenciales que acarrea la estetización de la política, noción ideológica que termina por destruir al hombre y al arte. “Es el Golpe y no el arte el que desarma los sobreentendidos de la cotidianeidad en cualquier ámbito. Es el Golpe el que cambia el arte, la universidad, la política, la subjetividad”.

Con el fin de fijar en su novela un horror que refleje en toda su magnitud el horrendo actuar de la dictadura, Bolaño estira las posibilidades del lenguaje hasta los límites más insospechados. Los asesinatos y las torturas cometidas por Wieder no están descritas por medio de una precisión realista: Bolaño utiliza el silencio y las frases entrecortadas con el propósito de alterar al lector; éste sufrirá un extrañamiento prolongado al imaginarse las incalificables sesiones de tortura. A través del silencio, de la ausencia de lo horrible en la descripción de las torturas, Bolaño construye una escritura que expone el mal de una forma impactante, que arrebata al lector inexorablemente, ya que abre las puertas de lo indecible a terrenos que estimulan la imaginación. El silencio es un arma perfecta para desarrollar esta pretensión literaria. “Sugerir las escenas de tortura, por ejemplo, parece más complejo que describirlas: como decía Sade, la voluptuosidad de la imaginación es inconmensurable, de ahí que el lector se sienta desvalido ante la narración” (127). González plantea que la narrativa de Bolaño ha transformado la escritura en sangre, crimen y horror, lanzando a la poesía a un estado de eterna ignominia. “Si la poesía había habitado lo sublime, con Bolaño se derrumba y todavía más, se enloda. Ella misma, las historias, y los sujetos a su alrededor, sólo conocen de una descomposición que la aboca al sentido más infrahumano” (125).

El silencio puede vislumbrarse como una trinchera ideológica por parte de Bolaño, puesto que su desenvolvimiento evidencia una distancia considerable con lo que se narra: describir las torturas es una bajeza, un acto que expresa con demasiada resignación este bestial flagelación. Es mejor callar, dejarse adormecer por el silencio, para así guardar distancia con las prácticas horrendas del fascismo. Wieder no soporta el silencio, pues su imperio parece reflejar el bienestar, la armonía, donde no se necesita el aparataje clásico del fascismo, con su esteticismo político letal, sus desfiles y sus propagandas altisonantes. “El silencio es como la lepra, declaró Wieder, el silencio es como el comunismo, el silencio es como una pantalla blanca que hay que llenar. Si la llenas ya nada malo puede ocurrirte” (52).

La influencia implícita del silencio se adentra en los terrenos inexplorados de la sugestión, dinámica que liga al lector con la maldad que subyace en el relato. Ese afán perpetuo que contuvo Bolaño hasta el final de sus días, el cual trató de generar un espacio de comunión entre la literatura y la vida, se intenta traspasar a la experiencia del lector, para que éste se impacte y se sobresalte al momento de imbuirse en las atrocidades del Wieder. En las novelas de Bolaño se vislumbra el silencio como una fuerza que exacerba el ocultamiento de las magnitudes del horror, pues la palabra se convierte en atrocidad, así como sirve de voz a la tortura. González cita a Literatura nazi en América para graficar esta premisa: “Ayudó a torturar mientras seguía pensando en la literatura y más precisamente en lo que necesitaba de la literatura brasileña. Vanguardia, necesitaba, letras experimentales, dinamita (…) como un esqueleto que fumaba en un pasillo escuchando gritos lejanos”. Así, el balbuceo, lo que no se describe bajo la dimensión del silencio, se constituye como un gesto dirigido a poblar el texto de enigmas y de sobresaltos al lector. González se pregunta: “¿Qué mejor manera de aproximarse al temblor que origina sino con sólo mencionar la tortura y dejar al lector en la sugestión, en la reflexión de qué pudo suceder en ese silencio al que la sometió el escritor? Así, el silencio y la no confirmación son enclaves puntuales para nombrar la tortura” (118). De esta forma, el ocultamiento se desplaza hacia otras direcciones, como si la tortura fuera un espacio prohibido a la cual se le intentara rehuir.

Una de las características esenciales que presenta la novela de Bolaño, resulta identificable en su intento de fijar en el lenguaje las fuerzas sádicas del mal. La palabra misma puede servir como reflejo absoluto de lo indecible, en la cual no existe separación alguna entre lo que se es y lo que se dice mediante el lenguaje. Esta condición que evidencia la narrativa de Bolaño, queda expuesta en la discusión etimológica sobre el apellido Wieder. Bibiano tiene una serie de hipótesis del origen de un apellido que en sí mismo nomina a la maldad:

Widerlug, apología; refutación; Widerlage espolón; Widerklaje, contraacusación, contradenuncia; Widernatuekleicht, monstruosidad y aberración. Palabras todas que le parecían altamente reveladoras. (…) E incluso Wieder también quería decir regodearse malsanamente en la contemplación de un objeto que excita nuestra sexualidad y nuestras tendencias sádicas (51).

Sin embargo, el infierno que Wieder le hizo sufrir a sus víctimas será castigado a través de la escritura. La poesía que degeneró el piloto con ese supuesto arte fundado en el crimen y en el sadismo, constituye una falsa deconstrucción que se pagará con la muerte. La lucha ideológica y moral entre Belano y Wieder sólo puede resolverse por medio del crimen, para así cerrar las heridas de un proceso que no trajo la gloria ni política ni literaria. La poesía y la escritura aniquiladas por Wieder se transformarán en las armas que pondrán fin a este verdadero fantasma literario. Romero, un detective izquierdista prácticamente infalible, ha desarrollado su instinto de una manera sorprendente: está plenamente conciente que sólo a través de un poeta puede encontrar al criminal, gesto que terminará por lanzar a la poesía al terreno de la podredumbre absoluta, emparentada con algo tan despreciable como un crimen. Así, Belano estará obligado a caer en esta deshonra para terminar de una buena vez con Wierder, y también para ganar unos cuantos pesos. “Le puedo ofrecer doscientas mil pesetas, dijo. Acepto, ¿pero en qué puedo ayudarle? En asuntos de poesía, dijo. Wieder era poeta, yo era poeta, él no era poeta, ergo para encontrar a un poeta necesitaba la ayuda de otro poeta” (126). No obstante, este mismo gesto encierra una ironía implacable. Belano sabe que la literatura ya no puede alcanzar la sublimidad ni materializar los grandes proyectos de la revolución. Sin imaginarlo jamás, Belano proyecta su imagen en Wieder, criminal que utilizó a la poesía como fundamento de tortura. De una u otra forma, ambos personajes han terminado por desfigurar el arte poético: Wieder para cometer atrocidades y el alter ego de Bolaño para hallar y dar muerte a un hombre. Romero siempre supo esta condición y la usó a su favor, siendo Belano un mero instrumento poético detectivesco. En definitiva, Belano confirma con ímpetu la noción de literatura concebida por Bolaño. Para el escritor avecindado en Barcelona, “la literatura (…) es seguir por el camino de las tinieblas, del ocaso”, reflexión que su alter ego expresa en toda su dimensión. “Esta es mi última transmisión desde el planeta de los monstruos. No me sumergiré nunca más en el mar de mierda de la literatura. En adelante escribiré mis poemas con humildad y trabajaré para no morirme de hambre y no intentaré publicar”.

Bibliografía

Benjamín, Walter. La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica. México: Ítaca, 2003. Impreso

Donoso, Ángeles. “Depurar la poesía misma: poesía, política y muerte en Estrella distante de Roberto Bolaño”. Working Papers. University of Pennsylvania. Web. 26 abr. 2010. < http://www.pennworkingpapers.org/assets/pdf/donoso.pdf>

González, Daniuska. “La exploración de los límites: La narrativa de Roberto Bolaño”. Discursos/prácticas. Pontifica Universidad Católica de Valparaíso. Web. 26 abr. 2010. <http://www.discursospracticas.ucv.cl/pdf/numerouno/daniuska_gonzales.pdf>