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Bicentenario y paisaje editorial
Por Bernardo Subercaseaux
Producción, espectro editorial y discrepancias
Considerando un panorama cultural en que se despliega una hipertrofia
de la cultura de masas, y de la massmediatización de la cultura, las
posibilidades de crecimiento del mercado del libro en Chile son escasas;
con la excepción del mercado del libro universitario (siempre que
se logre abordar con creatividad el problema de las bibliotecas universitarias
y de las fotocopias). Por otra parte, sin embargo, la massmediatización
de la cultura y el rol que desempeña la televisión abierta, abren
grandes posibilidades para el best seller globalizado vinculado a
los formatos audiovisuales (ya sea cine o serie de televisión), nicho
que ha sido aprovechado por transnacionales del libro con productos
que se integran a la cultura de masas, como El Señor de los Anillos,
Crónicas de Narnia, Crepúsculo o la saga que entendemos como símbolo
del fenómeno: Harry Potter.
En sus siete volúmenes la saga del niño mago ha vendido en todo el
mundo más de 400 millones de copias, transformándose –con toda la
parafernalia del merchandising– en un fenómeno social y mediático.
El último tomo fue comercializado en Chile durante el año 2008 por
el grupo Océano (en convenio con la editorial Salamandra de Barcelona,
propietaria de los derechos).Se trata de un fenómeno editorial que
operó en el mercado-mundo, una obra que ha sido traducida a 65 idiomas,
incluso al griego antiguo. El tomo final de la saga, Harry Potter
y las reliquias de la muerte, impreso en España, vendió en Chile casi
50.000 ejemplares durante los dos primeros meses, dando lugar a un
fenómeno editorial inédito. Vale la pena reproducir una noticia de
una agencia de prensa argentina para dimensionar sus características,
noticia que circuló cuando se preparaba la salida de la versión en
español:
1,3 millones de copias de 'Harry Potter
and the deathly hallows' fueron adquiridas en las primeras 24 horas
a la venta en Gran Bretaña, Estados Unidos y Alemania
(Noticiascadadía/Agencias).- El final del último libro sobre Harry
Potter podía ser una incógnita para sus millones de fanáticos en todo
el mundo, pero no lo fue el éxito de ventas: récords en Estados Unidos
y Gran Bretaña y decenas de miles de ejemplares vendidos en América
Latina.
La ruptura del embargo mundial antes del lanzamiento, realizado un
minuto después de la medianoche del viernes, no impidió que más de
11,3 millones de copias del esperado 'Harry Potter and the deathly
hallows' fueran adquiridas en las primeras 24 horas a la venta en
Gran Bretaña, Estados Unidos y Alemania, según sus editores.
Con 8,3 millones de ejemplares en Estados Unidos y 2,3 millones en
Gran Bretaña, el séptimo y último libro de la saga sobre el joven
aprendiz de mago se convirtió en esos países en el más vendido de
la historia en las primeras 24 horas.
En un fenómeno que no ha cesado de crecer desde que en 1997 Boomsbury,
entonces una pequeña editorial londinense, lanzara 'Harry Potter y
la piedra filosofal', millones de fans –de Irán a Argentina, pasando
por Tokio, México, Río de Janeiro y Nueva York– se precipitaron emocionados
sobre la flamante versión en inglés, sin esperar la traducción a su
propio idioma.
La primera que tuvo el libro en sus manos en Londres fue Amber de
Jager, una holandesa de 19 años que había dormido dos noches frente
a la librería. El segundo fue Rui, también de Holanda. Había llegado
el miércoles temprano y tan pronto como tuvo el ansiado tomo de 607
páginas en sus manos corrió a un pub con unos amigos para leerlo.
"Estoy exhausto, pero emocionado", dijo a la AFP.
Al otro lado del Atlántico, en Montevideo, la espera fue menor pero
no menos emocionante. Cecilia Arregui, de 15 años, llegó con más de
una hora de anticipación a la librería donde ya había reservado su
ejemplar. "Yo tenía el número 16, así que esperé poco. Recibí
el libro y me fui rápido a casa para empezar a leerlo. No sé a qué
hora me dormí, pero era muy tarde, y a las seis de la mañana ya me
había despertado para seguir leyendo, porque no me podía aguantar",
el sábado por la noche ya había devorado el libro. "Es exactamente
como me lo había imaginado. Es el mejor de los siete. Ya lo quiero
volver a leer, pero ahora lo está leyendo mi madre", agregó.
Miles de brasileños tampoco quisieron esperar la versión en portugués,
está prevista para fin de año: ávidos lectores se quedaron con más
de 17.000 ejemplares en el primer fin semana de venta en tres grandes
redes de librerías de Brasil, donde los libros de la serie ya vendieron
más de 2,5 millones de ejemplares.
El frenesí fue similar en Ciudad de México, donde más de 3.000 personas
–muchas vestidas con las capas características del joven mago y sus
amigos– se congregaron en tres librerías en la noche del viernes.
Solo en la preventa, se reservaron más de 7.000 ejemplares, según
Alberto Achar, gerente de mercadotecnia de la librería Gandhi.
"Estoy feliz por saber el final, lo mejor de todo fue que Harry
Potter no se murió", comentó Ana Rendón, una estudiante de 14
años que tras comprar el libro leyó inmediatamente las últimas páginas.
Hasta el martes, las ventas del último tomo de Harry Potter sumaban
cerca de 4.000 ejemplares en Chile, mientras que en Argentina las
cadenas de librerías Yenny y El Ateneo vendieron 2.000 ejemplares
en las primeras 48 horas.
Perú aprovechó en tanto la Feria Internacional del Libro para lanzar
el último tomo de las aventuras del joven mago, que vendió en ese
país más de 2.000 ejemplares, según la importadora Zeta Book Store.
Las cifras prometen multiplicarse en América Latina cuando llegue
la versión en español, prevista para febrero de 2008, cuyo título
aún se desconoce (pero que literalmente sería 'Harry Potter y las
reliquias de la muerte').
Faltan además las dos últimas películas de la serie, la inauguración
de un parque temático en Estados Unidos... Harry Potter promete seguir
hechizando a generaciones de niños y jóvenes durante bastante tiempo.
Y aunque su autora, la escocesa J.K. Rowling, aseguró que este es
el último libro de la serie, hace pocas semanas dejó entrever que
quizá, sólo quizá, no sería el último libro sobre el pequeño mago.
"Nunca digas nunca", dijo.
La serie de Harry Potter se ha transformado en una saga de culto;
un fenómeno complejo en que lo literario –tal como revela esta noticia–
está envuelto por lo massmediático, en que adolescentes fanáticos
expresan su identidad de sujetos y de agentes culturales a través
de un libro en que el protagonista es un adolescente como ellos. Se
trata además de un fenómeno que plantea una serie de interrogantes:
¿Estamos ante lectores de un solo libro o ante lectores sin más, que
potencialmente podrían pasar de Harry Potter a otros textos en que
también hay magia y fantasía, como por ejemplo Don Quijote? ¿Puede
hablarse de la muerte del libro y del fin de la lectura después de
la harrypottermanía, fenómeno que se da precisamente entre adolescentes,
entre jóvenes que las encuestas indican como no interesados en la
lectura? ¿Se traspasará esta avidez de leer a otros títulos que carezcan
del envoltorio massmediático? ¿No estamos acaso ante un tipo de lectura
colectiva, ruidosa y de masas, muy distinta a la lectura íntima, extensiva
y silenciosa, que caracteriza a la modernidad? ¿No sería acaso posible
productivizar lo ocurrido con esta saga en el campo educativo, para
entusiasmar a los alumnos con el valor de la palabra y el placer del
libro? ¿Qué incidencia tiene un hecho editorial de esta envergadura
con respecto al paisaje editorial local, en sus diversas expresiones?
La única pregunta que puede abordarse con antecedentes, indicadores
y datos más o menos confiables es la última ¿Qué ha ocurrido en términos
de producción y de mercado editorial local en los últimos diez años?
¿Dejó acaso alguna secuela el fenómeno de Harry Potter? Haciendo un
diagnóstico de los primeros años de la década del 2000, un estudio
del editor Juan Carlos Sáez y de Juan Antonio Gallardo, citado y complementado
por la Asociación de Editores Independientes, Universitarios y Autónomos
de Chile, señala que “la recuperación de la industria del libro iniciada
en 1989 con el retorno a la democracia y con los mejores niveles de
ingreso por persona que se alcanzaron durante la década del 90, se
detuvo y retrocedió en todos sus aspectos, a partir de 1997. La leve
recuperación observada en el 2000 y 2001 terminó en una caída adicional
en el 2003 y 2004”. Entre los factores que incidieron en este retroceso
y estancamiento de la industria, los autores mencionan razones estructurales
y razones económicas de circunstancia:
Son sin embargo –dicen– los factores
estructurales los que más pesan, entre estos podemos distinguir: niveles
pobrísimos de comprensión de lectura en la población; debilidad financiera
en casi todas las etapas de la cadena de valor de la industria del
libro; insuficiencias en las instituciones públicas y privadas ligadas
al libro; ausencia de una política de compras significativas de libros
chilenos por parte de bibliotecas; invisibilidad del libro en los
medios de comunicación; hábito masivo e inveterado de reprografía
(fotocopia) en universidades, colegios e instituciones privadas y
públicas.
Pero sobre todo –señalan– en la base de este subdesarrollo de nuestra
industria del Libro, “está la falta total de comprensión por parte
de los principales actores de nuestra sociedad (gobernantes, universidades,
intelectuales, etc…) del papel fundamental que la lectura, el libro
y su industria desempeñan en el desarrollo social, político, económico
y democrático de una sociedad de ciudadanos que no son simples consumidores”.
Las cifras avalan este diagnóstico de estancamiento, aún considerando
los títulos publicados por año registrados en el sistema ISBN.
Cuadro: títulos registrados en ISBN años 2000-2008
| Año |
Número de Títulos |
| 2000 |
2.420 |
| 2001 |
2.582 |
| 2002 |
2.835 |
| 2003 |
3.420 |
| 2004 |
3.151 |
| 2005 |
3.565 |
| 2006 |
3.541 |
| 2007 |
3.723 |
| 2008 |
3.908 |
| TOTAL |
29.145 |
La estadística anterior ha sido esgrimida como un indicio de crecimiento
sostenido de la producción editorial en Chile, sin embargo, no considera
el hecho de que el ISBN (administrado por la Cámara Chilena del Libro)
registra un número significativo de proyectos de libros que no logran
materializarse, también folletos impresos, anuarios, publicaciones
en Braille y hasta libros en cassettes. En el período 2000 a 2008,
el sistema registró un total de 29.145 títulos, de los cuales el 86%,
vale decir 25.089 títulos, corresponden a la región metropolitana,
dato que indica una centralización casi absoluta de la actividad editorial.
Cuadro: títulos por rango de tirada
| Rango de tirada |
Número de títulos |
| 1-500 |
8.972 |
| 501-1000 |
5.952 |
| 1001-1500 |
5.525 |
| 1501-2000 |
1.358 |
| 2001-2500 |
1.544 |
| 2501-3000 |
445 |
| 3001-3500 |
1.768 |
| 3501-4000 |
229 |
| 4001-4500 |
321 |
| 4501-5000 |
171 |
| 5001 y más |
2.860 |
| TOTAL |
19.145 |
Como se desprende del cuadro anterior, del total de títulos nuevos
registrados por año, el 31% corresponde a tiradas de 1 a 500 ejemplares
y el 78% a tiradas menores de 1000 ejemplares, porcentaje que se incrementa
año a año. Con respecto a las autoediciones, en el período 2000 a
2008 se registraron 4201 títulos autoeditados, lo que equivale a un
promedio de 14,41 % del total de títulos registrados, porcentaje que
en la década también aumenta año a año. En el año 2008 del total de
3908 títulos registrados en el sistema ISBN, 653 títulos –vale decir
el 16,71%– corresponden a obras autoeditadas con el esfuerzo de sus
propios autores. Dentro de la categoría de literatura chilena la poesía
se consolida –según datos del ISBN– como el género más editado en
el período 2000 a 2008, con un 33% del total; la nula presencia de
ese género en las editoriales trasnacionales y su presencia bastante
menor (comparada con el ensayo y la narrativa) en las editoriales
independientes, indica que un alto porcentaje de las autoediciones
son de poesía. A pesar de los problemas que presenta el ISBN, sus
estadísticas constituyen un indicador con respecto al carácter precario
del mercado editorial local. Mientras en Chile en el año 2006 se registraron
sólo 3.541 títulos por el sistema ISBN, ese mismo año, en España se
registraban 66.270 títulos, en Argentina 18.663, y en Colombia 10.815.
Resulta significativo el número de títulos con tirajes menores a 500
ejemplares, también el 16,71 % de obras autoeditadas. Son cifras que
implican costos elevados de producción, escasos niveles de lectura,
perspectivas muy limitadas de venta, un mercado local de tamaño reducido
con dificultades para publicar obras y géneros que involucran algún
nivel de riesgo, con autores que optan, en consecuencia, por la autoedición
o por microeditoriales alternativas.
De hecho, uno de los aspectos más interesantes de la década es el
surgimiento de un número importante de microeditoriales alternativas
de gestión independiente y, en algunos casos, artesanal, vinculadas
a colectivos de jóvenes tanto de la capital como de regiones. Varias
de ellas son posibles gracias a una combinación paradojal entre la
manualidad artesanal, por un lado, y las nuevas tecnologías de escaneado,
digitación y policopiado, por otro. En junio de 2009 se realizó en
Santiago un encuentro titulado Furia del Libro, que reunió a un conjunto
de estas iniciativas editoriales: Punto Ciego Ediciones, Lanzallamas
Libros, La Calabaza del Diablo, Micro Editorial Lingua Quiltra, Rabiosamente
Independientes, Canita Cartonera, Ediciones del Temple, Animita Cartonera,
Corriente Alterna, Ripio Editores, La piedra de la locura, Revista
Contrafuerte, Sangría Editores, Ediciones Luciérnagas, Das Kapital
Ediciones, entre otras, También estuvieron en el encuentro editoriales
similares de Argentina y Perú.
Animita Cartonera, formada por ex alumnos de la carrera de literatura
de la Universidad Diego Portales, se autodescribe como sigue:
Somos una editorial con un fin social,
cultural y artístico. Confeccionamos libros hechos de manera artesanal
por jóvenes que lideran la producción del taller. Compramos cartón
a recolectores independientes y lo reutilizamos como soporte (tapa)
del libro que, posteriormente, es intervenido a mano. De esta manera,
el libro se transforma en un objeto de arte único y exclusivo.
Probablemente varias de estas microeditoriales ni siquiera están
formalmente constituidas como empresas, editan de uno a diez libros
al año y, en ocasiones, ninguno. Pero hay algunas, empero, cuyas ediciones
son altamente significativas en términos del valor estético de lo
editado, por ejemplo las ediciones de Lanzallamas o de Animita Cartonera,
y otras lo son en términos sociales, como el proyecto editorial Canita
Cartonera, iniciativa contracultural carcelaria de la comuna de Alto
Hospicio, en el norte del país. Son pequeñas editoriales autogestionadas
que publican fundamentalmente poesía, pero no sólo este género. Habría
que agregar a este tipo de iniciativas a las editoriales anarquistas
–estamos pensando en Editorial Desde Abajo, Acción Directa Ediciones,
Subamérica Ediciones, Editorial Espíritu Libertario, Editorial Primera
Vocal–, editoriales que venden sus producciones en casas OKUPA y trabajan
en general con fotocopias (salvo la editorial Espíritu Libertario
que inscribe sus producciones en el sistema ISBN y ha editado obras
de Chomsky, Foucault y Bakunin); editoriales que tienen como lema
Copia, Piratea y Difunde. Todo este grupo de microeditoriales son
contraculturales, libertarias o cuando menos progresistas, y dan lugar
a una bibliodiversidad (concepto que apunta a la diversidad de sensibilidades
y saberes expresados en el soporte libro): una bibliodiversidad alternativa
que no tiene presencia ni visibilidad en el mercado, pero que representa
una contribución y una vía de expresividad creativa, social y política
para una juventud que no encuentra canales de salida –y que a veces,
en actitud contracultural, ni siquiera los busca en el campo editorial
más establecido. Estas microeditoriales se autoperciben incluso como
alternativas a las editoriales independientes, a Cuarto Propio, Lom
y otras. Reconociendo esta nueva y variopinta realidad, el Fondo del
Libro del Ministerio de Cultura incluyó una modalidad de apoyo a microeditoriales
en su convocatoria para el año 2010.
En síntesis, se trata de un mundo que se encuentra en las antípodas
de los fenómenos editoriales globalizados y transnacionales, y de
la parafernalia del merchandising que acompañó a la saga de Harry
Potter. Un mundo que ni siquiera se roza con esa realidad, una franja
que alimenta de alguna manera su alternativismo privilegiando la expresividad
estética y social local, frente a ese otro sector que releva el mercantilismo
y la industria del entretenimiento, y que opera –como ocurrió con
la saga literaria y audiovisual de Harry Potter– en el mercado-mundo.
El abanico de microeditoriales es también un síntoma de las limitaciones
del mercado y del malestar de la cultura.
Asimismo, hay un grupo de editoriales pequeñas con mayor trayectoria
y formalización empresarial, estamos pensando en: Uqbar Editores,
editorial creada en el año 2006, especializada en cine y poesía, iniciativa
de pocos títulos, pero de ediciones muy cuidadas; Mosquito Editores,
editorial que viene publicando desde la década anterior, sobre todo
en los géneros de microcuento y policial; Akhilleus editores, surgida
el año 2008, que publica títulos dedicados al mercado universitario;
Palinodia, que opera, según su página Web, desde 2006, y que se especializa
en teoría crítica y cultural con traducciones y producción nacional;
Metales Pesados, librería del mismo nombre que desde el año 2005 opera
como editorial; Tajamar Editores, creada en el año 2002, especializada
en poesía, que ha publicado a autores significativos como Diego Maqueira.
Se trata de editoriales que publican entre uno y diez títulos por
año, que carecen de un sistema propio de distribución, y que no tienen
personal permanente dedicado a las tareas editoriales: más bien responden
a un esfuerzo individual o de grupos, que privilegian la calidad estética
o académica de lo que publican sobre los resultados comerciales y
que, muy ocasionalmente, cuando coincide con su línea editorial, aceptan
encargos o ediciones con aporte, como ocurre, por ejemplo, con Mosquito
Editores. Hay también algunas editoriales pequeñas que sí se especializan
en autoediciones con aporte del autor, sobre todo de poesía, como
Mago Editores, que publica desde el año 2004.
Entre las empresas nacionales está, por último, la franja de las
editoriales independientes: editoriales de tamaño mediano que publican
entre 30 y 80 libros por año, la mayoría de las cuales operaban ya
en la última década del siglo pasado; editoriales de tonalidad cultural
progresista que rescatan la concepción ilustrada de la industria,
que privilegian al libro como bien cultural, pero que intentan también
mantener un equilibrio económico que les permita continuar funcionando.
Estamos hablando de Cuatro Vientos, Lom, Cuarto Propio, Ril Editores,
Pehuen y Dolmen, entre otras. En el año 2000, éstas se organizan legalmente
como Asociación de Editores Independientes de Chile, y luego, en el
año 2003, con la incorporación de otras editoriales –Universitaria,
Andrés Bello, Aun creemos en los sueños, y Universidad de Santiago–
amplían la denominación a Editores de Chile. Asociación Gremial de
Editores Independientes, Universitarios y Autónomos. Se trata de una
asociación gremial de editoriales comprometidas con la bibliodiversidad,
que se arriesgan con géneros como la poesía y el ensayo, que se abren
al pensamiento crítico o a mensajes creativos nuevos, produciendo
libros de venta lenta y no garantizada; editoriales, en definitiva,
que buscan mantener vivo el pensamiento y la memoria y que ponen en
primer lugar la función cultural y social de su quehacer.
En los últimos años, esta agrupación ha llevado a cabo una intensa
labor de lobby ante el poder ejecutivo y legislativo, y también ante
la sociedad civil. Su propósito ha sido alimentar el debate de las
políticas públicas frente al libro y poder lograr una serie de medidas
que les permitirían cumplir en mejor forma su labor. Al mismo tiempo,
la agrupación ha establecido vínculos con otras asociaciones de editores
independientes de América Latina y del mundo, que viven problemas
similares. La lucha fundamental apunta a lograr por parte del Estado
más que medidas puntuales, un compromiso más activo e integral con
el mundo del libro, entendiendo que el libro constituye un soporte
fundamental en los mecanismos de producción y reproducción del conocimiento
y creatividad y que es, por lo tanto, un tema central para encarar
la crisis de la educación que vive el país. Un compromiso que se exprese
en políticas sistémicas y coordinadas que incidan en toda la cadena
del libro.
Cabe señalar que en el período que estamos analizando hay editoriales
que si bien no forman parte de esta nueva asociación gremial, en los
hechos sí actúan editorialmente con una perspectiva prácticamente
similar a la que anima a la Asociación. Estamos pensando en editoriales
que publican obras significativas y que claramente contribuyen a la
bibliodiversidad. Iniciativas institucionales como la Editorial de
la Universidad Diego Portales, que ha tenido una labor destacada en
la última década, completando un catálogo de 150 títulos, que incluye
una excelente colección de poesía con obras de Nicanor Parra, Claudio
Bertoni, Alberto Rubio, Gonzalo Millán y Enrique Lihn; y otra de pensamiento
contemporáneo, con autores como Raúl Ruiz, Roberto Torretti, Pablo
Oyarzún y Carla Cordua. Estamos pensando también en la editorial de
la Universidad de Talca, que rescata y publica obras con una perspectiva
regional, rompiendo el centralismo editorial del país. Incluso en
editoriales como Catalonia que, siendo una empresa comercial, con
el antiguo editor Arturo Infante a la cabeza, se acerca en su quehacer
más a la tradicional función cultural y social del editor que a la
nueva oleada de gerentes comerciales que lideran varias de las empresas
trasnacionales del libro.
El hecho de que existan dos asociaciones gremiales en la industria
del libro, por un lado la antigua y otrora prestigiosa Cámara Chilena
del Libro, y por otro la Asociación Chilena de Editores, resultará
perjudicial para el mundo del libro, en la medida que éstas representan
posturas antagónicas y no consensuadas. Sin embargo, se trata de un
antagonismo que obedece a intereses diferentes y a una situación que
afecta a la producción editorial independiente en el contexto de una
globalización y transnacionalización de las industrias editoriales.
Un contexto en que editoriales que tienen considerable influencia
en la Cámara, son filiales de Planeta, Santillana, Grijalbo-Sudamericana,
Ediciones B, Random House Mondadori y del grupo editorial Océano.
Se trata de filiales que responden a casas matrices y a inversiones
que las obligan a priorizar la rentabilidad y la concepción del libro
como un bien económico por sobre consideraciones de valor estético
o cultural. Ahora bien, esta contradicción que no sólo se da en Chile,
sino que opera en otros países, incluso en Estados Unidos, como se
desprende de La edición sin editores, la obra del editor norteamericano
André Schiffrin. También en Francia, tal como se colige de un diagnóstico
reciente de la situación del libro en ese país, realizado por Eric
Hazan, director de La Fabrique Editions. Vale la pena reproducirlo:
Salvar al libro como si fuese una
categoría única y homogénea… Todos sabemos que la realidad es otra.
Por un lado existe un número de libros que son productos industriales,
elaborados siguiendo las reglas del marketing, comercializados con
el apoyo de los grandes canales existentes… Estos libros, de lejos
los más numerosos tanto en títulos como en ejemplares vendidos, son
fabricados por las casas editoras que pertenecen en su mayoría a conglomerados
financieros, y cuya razón de ser es la rentabilidad de las inversiones
(…). Este sector del ‘libro’ se encuentra más bien sano y no necesita
por lo tanto operaciones de salvataje… Si por casualidad tal bestseller
no se vende, si aquella otra colección es un fracaso, los medios de
esta casa editora permiten olvidar rápidamente esa decepción (…).
Por otro lado, están los libros que se clasifican como difíciles;
no necesariamente de leer, pero sí de escribir, editar, lanzar y vender.
Son las novelas y ensayos, los libros de poesía o de teatro que resultan,
de una manera u otra, de una elaboración artesanal (…). En este grupo
las casas que los editan son de poca envergadura y no cuentan con
inversores foráneos: se les conoce como independientes. Ejemplos de
ellas son las Ediciones de Jerome Lindon en Edition de Minuit, las
de José Corti o las de Francois Maspero” (…). [Los editores y libreros]
que mejor defienden estos libros son tenidos por apasionados que trabajan
cincuenta horas a la semana para ganar una miseria. Son estos los
libros que están hoy en peligro (…).
Aclaro sin embargo –agrega Hazan– que la dicotomía es simplificadora:
los grandes grupos editores también publican libros indispensables,
y no es cuestión de oponer la mala literatura a la buena. Hay buenas
novelas policiales y malos libros de filosofía; hay excelentes vendedores
de libros en FNAC y librerías independientes sin interés; etc. Pero
la distinción entre el libro producido por la industria del entretenimiento
y el libro procedente de la edición independiente sigue siendo indispensable
para comprender la verdadera situación del libro.
En el contexto de este diagnóstico –que coincide con lo que ocurre
en Chile– hay que entender la casi nula incidencia del fenómeno Harry
Potter en la producción editorial local, salvo el hecho de que el
volumen número 5 de la saga apareció a la venta en Chile (2005), en
versión pirateada, antes de su desembarco oficial.
Circulación y lectura
La distribución, comercialización y circulación de libros refleja
también la precariedad del paisaje editorial. Según un estudio de
la Cámara Chilena del Libro, en el año 2004 había en el país solamente
99 librerías y 54 sucursales dedicadas exclusivamente al comercio
de libros, la mayoría ubicadas en la capital, en comunas de altos
ingresos. En el período que estamos analizando si bien han emergido
nuevas librerías, muchas –entre ellas algunas no sólo emblemáticas
sino que únicas en regiones– se han visto obligadas a cerrar sus puertas.
Recientemente, a fines de 2009, la cadena de Librerías José Miguel
Carrera, con seis sucursales en distintos centros comerciales de Santiago,
quebró dejando una deuda impaga de $600 millones, situación que afectó
a varias casas editoras. Si bien se aduce como causa de la quiebra
una mala administración y un ritmo demasiado osado en la creación
de sucursales, no cabe duda que en el trasfondo está una venta más
baja y más lenta que la esperada, lo que una vez más apunta a lo precario
del mercado.
En cuanto a la circulación, el envío de libros por correo resulta
extremadamente caro, a diferencia de lo que ocurre en países como
Francia y Colombia, donde opera una tarifa reducida para el envío
de impresos. La venta por Internet vía Amazon y otros sitios ha aumentado,
pero sólo en un segmento muy especializado de lectores “fuertes” y
no en el publico más amplio. Se ha señalado que las librerías carecen
de capital de trabajo, que carecen de especialización en sus ofertas,
que no siempre tienen personal idóneo, etcétera. Sin embargo, todo
indica que si bien estos factores pueden incidir, la piedra de tope
sigue siendo la falta de lectores.
¿Puede acaso afirmarse que Chile es un país lector, como lo fue en
el pasado? Diversas encuestas y estudios revelan más bien que no lo
es. Apuntan a problemas de arrastre en la educación en todos sus niveles,
y también a la massmediatización por la vía de la imagen, la televisión
e Internet. El Informe “Habilidades para la lectura en el mundo de
mañana”, conocido como PISA+2000, da cuenta de que el 20% de los estudiantes
chilenos evaluados no alcanza el nivel más básico de comprensión de
lectura; con un promedio más bajo que el de Argentina, alcanzan 410
puntos contra los 500 que promedian los países de la OCDE. A su vez,
“el 78% de los estudiantes chilenos carece del nivel de lectura necesario
para insertarse satisfactoriamente en el mundo de hoy”, sólo un 22%
de los estudiantes alcanza efectivamente un nivel satisfactorio de
comprensión de lectura. Una encuesta sobre hábitos de lectura realizada
en las 16 principales ciudades del país por Adimark (para la Fundación
Lafuente), en mayo y junio del año 2006, determinó que un 45% de los
mayores de 18 años no lee libros en absoluto; y que un 34% son lectores
ocasionales; en el 72 % de los hogares chilenos no se compran libros
nunca o casi nunca; consultados los encuestados si están leyendo actualmente
un libro el 74.4% respondió que no. Y los que están leyendo algún
libro señalan en un porcentaje de 57,2% que ahora leen menos que lo
que leían hace 5 años. Respecto a la compra de libros, un 72,6 señala
que no compra nunca o casi nunca libros, y un 12% que compra una vez
cada dos años o una vez al año. Respecto a préstamos en bibliotecas
de cualquier índole, un 80,9% dice no haber visitado una biblioteca
en el último año, y un 92,1 % no ha pedido prestado algún libro en
bibliotecas. Con respecto al uso del tiempo libre, un 90 % de los
encuestados lo dedica a ver televisión. Dos años mas tarde, en junio
del año 2008, la Fundación y Adimark repitieron la encuesta, resultando
que los no lectores aumentaron a un 49,2 % y los lectores ocasionales
bajaron a un 28,1 %; ratificaron también que la variable que más discrimina
la lectura es el Nivel Socio Económico, el mayor número de lectores
pertenece al grupo ABC1 y el menor al grupo C3. Entre los no lectores
las razones de la no lectura obedecen en un 50,1% a que no les gusta
leer, a falta de interés y a que prefieren otras actividades.
Por su parte, en el año 2007, el Consejo Nacional de la Cultura y
las Artes, en encuesta de consumo cultural en base a una muestra más
amplia, detectó que el 59% de los encuestados no ha leído libros en
el último año, y que en el rango etario de 15 a 29 años la razón es,
en un 41,3 %, porque no les interesa y, en un 28,5 %, por falta de
tiempo. Finalmente, una encuesta realizada en diciembre del año 2009,
con una muestra representativa de residentes del Gran Santiago, reveló
que un 57,3 % no ha leído ni siquiera un libro durante los últimos
doce meses.
Se trata, en todos los estudios, de indicadores que muestran a una
sociedad predominantemente no lectora (de libros), y desinteresada
por esta práctica. Revelan, además, una muy baja valoración social
del libro en comparación con otros medios. Las encuestas muestran
también un aumento permanente en el uso de Internet y en el chateo,
lo que implica el peligro de que “se acentúe la ya débil comprensión
lectora, no sólo porque los alumnos lean cada vez menos libros, sino
porque aumentan la lectura de mensajes breves, mal escritos y fraccionados”,
con la paradoja de que “la alfabetización informática podrá venir
de la mano con una creciente analfabetización verbal convencional”.
Sin duda, una de las raíces de una sociedad no lectora de libros
está en la educación. De hecho la prueba SIMCE (Sistema de Medición
de la Calidad de la Educación), realizada el año 2008, por primera
vez evaluó las habilidades no sólo de lectura sino también de escritura
de alumnos de cuarto básico arrojando resultados decepcionantes: “Un
24 % de los estudiantes se encuentra en un nivel adecuado, un 38%
presentan sólo algunas habilidades propias de una buena escritura,
y se adecúan muy parcialmente a producir textos ajustados al tema,
el propósito, la audiencia y utilizan muy esporádicamente las convenciones
de la lengua escrita. Finalmente otro 38 % de los estudiantes está
en nivel inicial, vale decir imposibilitado de escribir un texto mínimo”.
Además, los resultados del SIMCE, prueba que se lleva a cabo en todo
el país, revelan diferencias por grupos socioeconómicos. Los colegios
municipalizados y subvencionados tienen una vez más los peores resultados.
“Si no se lee de manera regular en los primeros años, concluye el
experto Harald Beyer, las posibilidades de comprensión y de desarrollo
de la escritura son muy reducidas”. Aún más, hay encuestas que ponen
en evidencia que incluso un número importante de profesores son poco
lectores, lo que se manifiesta a veces en exigencias de lectura a
los alumnos completamente inadecuadas para su edad, por ejemplo, pidiéndole
a alumnos de octavo básico que lean La última niebla de María Luisa
Bombal. Los estudiantes a nivel escolar se relacionan más que con
libros, con textos de estudio. Rara vez entran a una librería y menos
aún adquieren libros (quienes los buscan y adquieren son sus apoderados).
Los textos de estudio son para ellos una suerte de compendio que relacionan
con determinado nivel escolar: los de segundo medio ya en tercero
no les sirven, o quedan para el hermano chico. Para los estudiantes
secundarios los libros encarnan una tarea y una obligación que requiere
tiempo y paciencia (que es precisamente lo que Internet les acostumbra
a no tener). Leer un cuento o una novela es –con pocas excepciones–
casi un castigo. Puede afirmarse, en síntesis, que a nivel escolar,
en términos generales de país (considerando también que hay excepciones),
no se ha desarrollado una estrategia para promover la lectura a lo
largo del proceso escolar, desde el niño, pasando por el adolescente
y hasta el adulto. Incluso las propias universidades se están encontrando
con el problema de debilidades en la lecto-escritura en los egresados
de enseñanza media que ingresan a ellas.
Ahora bien, matizando este juicio tan negativo, en una entrevista
realizada en el año 2008, Nivia Palma, directora de la DIBAM (Dirección
de Bibliotecas, Archivos y Museos) afirmó que en “Chile se está leyendo
más”. ¿Sobre qué bases –nos preguntamos– realizó la directora esta
afirmación? Fundamentalmente a partir de indicadores que maneja la
DIBAM respecto al aumento de los préstamos de libros en los usuarios
del Bibliometro (hay actualmente 14 bibliometros distribuidos en las
distintas líneas del tren subterráneo de la capital), como también
en el aumento de préstamos de libros en las alrededor de 400 bibliotecas
públicas existentes en el país (actualmente son 440). También en base
a la frecuencia de uso y de lectores que acuden a la Biblioteca Nacional
y, sobre todo, a la Biblioteca de Santiago. Aunque son datos menos
significativos que las encuestas llevadas a cabo con una nuestra controlada
y representativa, son datos esperanzadores que indican que hay un
público lector virtual que acude a las bibliotecas, un público que
las instituciones de educación y la industria del libro no han podido
hasta ahora satisfacer adecuadamente.
Población universitaria y el libro
¿Dónde está hoy día, en el momento del Bicentenario, ese público
de lectores virtuales? Fundamentalmente en las universidades. Es en
la etapa de la universidad cuando se suele iniciar una relación personal
y más permanente con los libros. Son los años en que se entra a las
librerías, aunque sea de libros usados, se visitan por necesidad o
interés las bibliotecas, se piden libros y se los hojea y, en el mejor
de los casos, se los descubre y apropia. Se empieza a leer por vocación
o placer y hasta ocurre que algunos estudiantes inician una pequeña
y rudimentaria biblioteca personal. ¿Qué pasa entonces con la población
universitaria y los libros?
En las últimas dos décadas, la población universitaria ha aumentado
exponencialmente. Entre 1990 y 2005 la matrícula ha crecido con una
tasa anual cercana al 17%. En 1965, 6 de cada 100 jóvenes iban a la
universidad, mientras hoy día van 37 de cada 100 en edad de hacerlo.
En 1980, la matrícula total de las 8 universidades existentes era
de 118.978 alumnos; hoy, en cambio, en 68 instituciones, la matrícula
sobrepasa los 530.000 alumnos. Se estima que para el Bicentenario
la matrícula se aproximará a los 800.000 estudiantes. Los libros son
(todavía) el soporte por excelencia de todas las carreras que se estudian
en la universidad, de las disciplinas científicas y técnicas (física,
química, medicina, ingeniería, agronomía, biología, etcétera); también
de las disciplinas sociales y humanistas (jurisprudencia, ciencias
políticas, antropología, psicología, historia, filosofía, letras,
lingüística), sin mencionar su importancia como soporte de cultura
general y de la expresión literaria y poética. Considerando que hay
universidades de primera, de segunda y de tercera, algunas acreditadas
y otras que no lo están; universidades con grandes bibliotecas patrimoniales
y otras con sólo centenares o unos pocos miles de libros; aún considerando
estas diferencias, es posible pensar que cada estudiante universitario
debe (o debiera) leer en promedio 25 libros al año, lo que da –considerando
la matricula actual– un total de 12.750.000 libros.
Se trata de una cifra espectacular, superior incluso al número de
libros que se editan anualmente en el país. Corresponde sí a una cifra
virtual, a un nicho de mercado posible pero que no es real. Lo que
ocurre es muy diferente. Por una parte, a través de préstamos bibliotecarios,
varios estudiantes leen o trabajan con un mismo ejemplar. Por otra,
los estudiantes universitarios en su abrumadora mayoría no leen libros,
leen fotocopias, capítulos, secciones, fragmentos, artículos, hojas
sueltas bajadas por Internet. En definitiva, libros que no alcanzan
a ser libros, que son sólo textos.
El asunto tiene múltiples aristas, particularmente si consideramos
que el libro es un objeto complejo: por una parte, vehículo de pensamiento,
de ideas y de creatividad, un bien de cultura y de educación irremplazable;
y, por otra, un producto material, hecho de papel impreso, que ha
sido ilustrado, diseñado y encuadernado de determinada manera, un
objeto concreto que se promociona, se fabrica, se vende, se colecciona,
se exporta y se consume, vale decir, un bien económico. Metafóricamente,
entonces, el libro tiene alma y cuerpo, y ambos componentes están
interrelacionados, por ende, el deterioro o bienestar de uno, involucra
al otro.
La relación con semi-libros o con lonjas de libros, implica carencias
de distinta índole en la relación con el libro y la práctica de la
lectura. Es como amarse por correspondencia: el alma se transmite,
pero el cuerpo no. Se trata de una mengua que también afecta a la
industria y al mercado del libro, y que termina por empobrecer la
oferta editorial. La solución no es fácil. Desde el punto de vista
de los estudiantes, la fotocopia “salva” –como dicen ellos. También
seguramente “salva” a los padres. Pagando aranceles y manutención,
comprar los libros que necesitan sus hijos –aunque sean usados– les
resulta una quimera. Desde el punto de vista de las universidades
(sobre todo de las universidades privadas que tienen propósitos mercantiles),
tener bibliotecas actualizadas con el número suficiente de ejemplares
para una matrícula que aumenta año a año, no parece ser un tema prioritario.
Desde el punto de vista de los profesores, dar una bibliografía indicando
el número de páginas a leer resulta más operativo y da mayores garantías
de cumplimiento que si el alumno tuviese que adquirir o pedir en préstamo
el libro. Desde el punto de vista de las editoriales, libreros y distribuidores,
la fotocopia –la reprografía, le llaman– los perjudica y obstaculiza
el crecimiento y desarrollo del mercado del libro en el país. Según
Editores de Chile la reprografía:
[A]fecta al mundo del libro en unos
40 millones de dólares al año, pues no golpea sólo a los títulos más
vendidos, sino que a todo el espectro de la producción editorial:
libros de tiradas menores, como ensayos y textos sobre educación,
filosofía, psicología, historia, administración, sociología y libros
usados en la formación profesional y técnica. El monto que gastan
las bibliotecas de instituciones de educación superior en fotocopias
se aproxima a los 5 millones de dólares por año.
También se refieren a la pérdida, en el curso del proceso educativo,
de la relación con el libro como bien cultural. Una solución parcial
es llevar a cabo lo realizado en países como Noruega, en el cual cada
fotocopia paga un derecho que es recopilado por un ente independiente,
derechos que van a dar a la industria editorial y a los autores. Con
el tiempo, por esta vía se puede –si se adoptan otras medidas y un
trato preferencial para el libro– lograr una baja importante en los
precios y una mayor oferta de títulos, transformando así a la población
universitaria en un público lector real de libros.
Los estudiantes universitarios también leen textos electrónicos.
Con frecuencia lo hacen por una motivación informativa o funcional,
para obtener referencias, datos o información. Cada vez más ésta clase
de lectura funcional se realiza en textos electrónicos a través de
Internet; varias editoriales utilizan el soporte electrónico o el
CD ROM para sus enciclopedias, diccionarios o libros de referencia.
Otro tanto ocurre con las revistas de punta en las distintas disciplinas,
publicaciones que cada vez más son asequibles on line. Es innegable
que en el mundo contemporáneo la gran variedad de medios y recursos
tecnológicos existentes, han contribuido y seguirán contribuyendo
al crecimiento cultural de la sociedad. Pero es innegable también
que el libro continuará desempeñando en este plano una función insustituible.
Hay quienes perciben en el libro un medio obsoleto y en retirada,
argumentando que los bancos de datos y las máquinas de búsqueda tipo
Google tienen hoy día –como fuente de información y ayuda– una mayor
capacidad considerable de almacenamiento y rapidez que el libro. El
problema es que este tipo de comparaciones descansa en una premisa
errada: una equivalencia entre información y conocimiento.
En cuanto al texto electrónico, que el estudioso Roger Chartier considera
como la tercera revolución del libro (luego del manuscrito y de la
imprenta), todo indica que asistiremos a una coexistencia entre estos
tres modos de inscripción y de comunicación de textos. Hipótesis bastante
más razonable que aquella que sostiene que nos encontraríamos ad portas
del colapso de la cultura escrita, o de aquella que anuncia con trompetas
el advenimiento inmediato de una nueva era de las comunicaciones.
Según Chartier, la historia de la lectura muestra que las mutaciones,
en el orden de las prácticas, son a menudo más lentas que las revoluciones
tecnológicas.
El Estado: un actor necesario
En la medida que el mundo del libro está vinculado a la lecto-escritura,
a la producción y reproducción de conocimiento, a la creatividad individual
y social, a la educación y a la construcción de una sociedad en que
exista igualdad de oportunidades, necesariamente requiere la acción
del Estado. En la década que culmina en el Bicentenario, el Estado
ha sido un actor, pero un actor disperso y puntual, que no ha logrado
hilvanar una política pública sistémica que logre las transformaciones
que según varios diagnósticos requiere el mundo del libro.
En cuanto a la DIBAM, a través de la Dirección de Bibliotecas Públicas
sostiene o apoya –en convenio con Municipios u otras instituciones–
a un total de 440 bibliotecas públicas e impulsa la construcción de
otras 14 que deberían estar funcionando durante este año. Además,
tiene un convenio de apoyo con 15 centros penitenciarios. La orientación
fundamental de estas bibliotecas es sacar al libro del circuito elitista
y ponerlo a disposición de los distintos sectores de la población.
Son bibliotecas que, en sus colecciones, intentan abarcar todas las
áreas del conocimiento: desde la literatura hasta libros dedicados
a la agricultura, manualidades, medicina, derecho, pintura y arte.
También libros de autoayuda o bestsellers de Paulo Coelho y Barbara
Wood. Un sector importante de estas bibliotecas está dedicado al público
infantil. En algunas de las bibliotecas públicas se mantiene una existencia
pequeña de libros en formato digital. Un número importante de ellas
posee equipos computacionales para los usuarios, los encargados han
tenido que esmerarse para que los niños y usuarios no las ocupen como
un Cyber-café. Los préstamos de libros, como señalamos, han ido, según
la Directora de Bibliotecas Públicas, en constante aumento. Cabe recordar,
sin embargo, que tanto encuestas y estudios de consumo cultural, como
nuestro propio trabajo de campo frente al tema, han arrojado cifras
muy bajas en el uso de estas bibliotecas, revelando un uso fundamentalmente
funcional del libro, vinculado a las tareas escolares. Dentro de esta
misma perspectiva, la de llevar el libro a los diversos sectores de
la población, se encuentran los 14 bibliometros instalados en las
distintas líneas del metro de Santiago.
El Ministerio de Educación realiza compras en el mercado editorial
para los Centros de Recursos de Aprendizaje, compras que benefician
tanto a las trasnacionales del libro como a las editoriales independientes,
aunque según la Directora Editorial de Lom, en bastante menor medida
a estas últimas. Otro aporte del Estado son los fondos concursables
que administra el Fondo del Libro del Ministerio de Cultura, fondos
que apoyan la realización de ediciones, el fomento bibliotecario y
de la lectura, la investigación y la creación literaria o eventos
vinculados al mundo del libro. Este fondo se ha incrementado año a
año, pasando de los $544.622.000 en el año de inicio (1993), a más
de cuatro veces esa cifra en la actualidad. Sin embargo, la medida
más novedosa y significativa a nivel del Estado, con todas las sugerencias
o críticas que ha desatado, ha sido la del maletín literario.
El maletín literario
Se trata de la distribución masiva de libros entre los sectores más
vulnerables del país, una iniciativa inédita impulsada en los últimos
dos años del gobierno de la Presidenta Michelle Bachelet. Consistió
en el obsequio de alrededor de 400.000 maletines literarios a escolares
y familias de los dos quintiles más pobres, tanto en Santiago como
en regiones. Los destinatarios específicos de la primera entrega (2008)
fueron niños entre pre-kinder y cuarto básico, y de la segunda entrega
(2009), escolares entre sexto básico y primero medio. ¿Cómo se llevó
a cabo la selección de los libros que contiene el maletín? ¿Cómo se
distribuyeron y entregaron?
Luego de convocar a todas las editoriales y posibles proveedores
para que ofrecieran los libros, el proceso de selección y distribución
estuvo a cargo de la DIBAM y de la Dirección de Bibliotecas Públicas.
El año 2008 se convocó a un jurado de 13 personas, integrado por escritores:
Marta Blanco, José Miguel Varas, Alberto Fuguet, Rafael Gumucio, Jorge
Zambra, Omar Lara y Elicura Chihuailaf; profesores: Ana María Zurita,
Hugo Montes y Felipe Allende; una antropóloga: Patricia May; una bibliotecaria
e integrante del Consejo del Libro: Viviana García; y el Director
Social del Hogar de Cristo: Benito Baranda. El Jurado preseleccionó
un total de 49 libros; luego, en una segunda etapa, una Comisión de
la DIBAM –integrada por 3 bibliotecarios y un experto del Centro de
Investigaciones Barros Arana–, eligió, a partir de los 26 títulos
escogidos en la primera etapa, los 16 definitivos. La idea era que
los libros escogidos respondieran a las necesidades de los distintos
miembros de la familia, así como también a sus diversas realidades.
Los seleccionados además de un Atlas Universal, fueron: Diccionario
Enciclópedico; Cuentos Clásicos, de Andersen, Grimm y Perrault; El
príncipe feliz y otros cuentos, de Oscar Wilde; Cien años de soledad,
de Gabriel García Márquez; Cóndor Mallku, de Osvaldo Torres; Cabo
de hornos, de Francisco Coloane; El principito, de Antoine de Saint
Exupéry; Mitos y leyendas de Chile, de Floridor Pérez; Antología de
Poesía, de Gabriela Mistral; El libro de las preguntas, de Pablo Neruda;
Fábulas, de Esopo; Ogu y Mampato, de Themo Lobos; La metamorfosis
y otros cuentos, de Franz Kafka; La comarca del jazmín, de Óscar Castro;
y Kiwala y la luna, de Ana María Pavez y Constanza Recart.
A partir de estos títulos se armaron 133.000 maletines, cada uno
conteniendo 9 o 10 libros; maletines que se distribuyeron entre Arica
y la Antártica a un número similar de destinatarios específicos pertenecientes
a los dos quintiles más pobres. Para la distribución se utilizaron
como intermediarios a colegios, escuelas, liceos y bibliotecas municipales
de las distintas localidades y comunas del país.
El año 2009 la DIBAM convocó a un jurado de 10 personas, integrado
por escritores: Guillermo Blanco, Delia Domínguez, Aramis Quinteros,
Alejandra Costamagna, Lionel Lienlaf, Omar Monroy; profesores: María
Victoria Penni y Hugo Montes; el Director Social del Hogar de Cristo:
Benito Baranda; y la Directora del Programa de Centros de Recursos
de Aprendizaje: Constanza Mekis. El Jurado preseleccionó un total
de 67 libros, de los cuales la Comisión de la DIBAM eligió 26 títulos:
Diccionario Enciclópedico Universal Interactivo; Atlas Universal Chile
Regionalizado; Poemas y Cantares de América Latina y el Mundo, selección
de Violeta Diéguez y Amelia Allende; Conociendo a Gabriela Mistral,
de Violeta Diéguez; Poesía Chilena, Antología; Antología del Cuento
Chileno, de Alfonso Calderón, Pedro Lastra y Carlos Santander; Subterra,
de Baldomero Lillo; Aventuras de Ogu y Mampato: el cruce de Los Andes,
de Themo Lobos; Las noches blancas, de Fedor Dostoiesky; Cuentos de
amor, locura y muerte, de Horacio Quiroga; La negra Ester, de Roberto
Parra; Poesía para niños, de Roberto Parra; Gabriela, la poeta viajera
y algunos poemas, de Gabriela Mistral; Valles centrales, Antología
Poética, varios autores; Cuentos Chilenos, de Fidel Sepúlveda y otros;
La amortajada, de María Luisa Bombal; Supercifuentes, el justiciero,
de Hernán Vidal-Hervi; Colmillo Blanco, de Jack London; La famosa
invasión de Sicilia por los osos, de Dino Buzzatti; 16 Cuentos Latinoamericanos.
Antología para jóvenes, varios autores; El cepillo de dientes, de
Jorge Díaz; Décimas. Autobiografía en versos, de Violeta Parra; Antología
Poética de Pablo Neruda, selección de Óscar Hahn); María Nadie, de
Marta Brunet; Asterix, de R. Goscinny y A. Uderrzo; y Mitos y leyendas
de Chile, de Floridor Pérez.
A partir de estos títulos se confeccionaron 267.000 maletines, conteniendo
entre 14 y 16 libros, maletines que se distribuyeron entre Arica y
Magallanes, utilizando como instancias mediadoras a escuelas, liceos,
colegios, bibliotecas públicas; quienes con frecuencia realizaron
eventos para proceder a la entrega de los maletines a los destinatarios
específicos previamente seleccionados. Considerando 400.000 maletines
con un promedio de 13 títulos por maletín se han obsequiado 5.200.000
libros, cantidad que supera con creces el 50% de todo lo publicado
en un año.
Cuadro: Distribución de maletines por región
| Región |
Número de maletines 2008 |
Número de maletines 2009 |
| Tarapacá |
2.628 |
3.806 |
| Arica y Parinacota |
1.648 |
5.091 |
| Antofagasta |
3.378 |
6.238 |
| Atacama |
3.101 |
4.885 |
| Coquimbo |
6.807 |
12.535 |
| Valparaíso |
12.042 |
28.576 |
| Libertador Bernardo O’Higgins |
6.931 |
13.922 |
| Maule |
12.130 |
22.176 |
| Bío-Bío |
24.829 |
43.504 |
| Araucanía |
16.684 |
21.667 |
| Los Lagos |
9.172 |
7.815 |
| Los Ríos |
5.322 |
16.566 |
| Aysén del General Carlos Ibáñez del Campo |
723 |
1.852 |
| Magallanes y Antártica chilena |
706 |
1.496 |
| Región Metropolitana |
26.899 |
76.885 |
| TOTAL |
133.000 |
267000 |
Fuente: Datos entregados por DIBAM (2009) y contenidos en la página
Web del Maletín Literario www.maletinliterario.cl (2008).
El proceso de adquisición y selección significó un aporte importante
de recursos para las editoriales seleccionadas con uno o varios títulos
(Norma, Pehuén, Lom, Andrés Bello, Zig-zag, Universitaria, Aguilar,
Cuarto Propio, J. Carlos Sáez Editor, Salvat, Random House Mondadori);
pero también desató polémicas por títulos que no fueron escogidos.
Como política pública, la iniciativa del maletín generó numerosos
controversias, fundamentalmente con respecto a los procedimientos,
el modus operandi y sus posibles resultados; se señaló también la
conveniencia de evaluar el programa considerando que significó un
gran esfuerzo económico para el Estado (más 5 millones de dólares).
Los principales puntos en discusión fueron los siguientes:
1. Se puso en duda la efectividad
de la medida con respecto a la utilidad y uso real de los libros.
¿El hecho de recibir libros implica necesariamente que en el futuro
éstos serían leídos?
2. Se criticó la ausencia de un programa de intervención que asegurara
el impacto de la entrega en tanto incentivo real a la lectura, sobre
todo tratándose de estratos sociales en donde los hábitos de lectura
son muy deficientes.
3. Se discutió el hecho de que los textos hayan sido seleccionados
por un jurado ajeno al profesorado de los sectores más vulnerables,
¿No hubiera sido necesario, acaso, contar en el jurado con maestros
rurales de educación básica o con profesores de escuelas municipalizadas,
que conocen directamente los niveles de lectura y los intereses de
sus alumnos?
Para examinar los resultados del programa procedimos a realizar una
investigación en terreno, en varias comunas del centro sur y norte
del país, y también de la región metropolitana. Utilizamos para ese
fin un cuestionario de preguntas semiestructuradas, que abordaban
los datos de recepción y distribución del maletín, la valoración del
mismo por los receptores, las lecturas realizadas y la incidencia
ejercida por éste respecto a un posible cambio en los hábitos de lectura.
Las entrevistas se practicaron de modo individual o en el formato
de focus group, a jefas de hogar o a los propios escolares que lo
recibieron.
En cuanto a la distribución y recepción se detectaron distintas situaciones:
un número significativo de las entregas se realizaron en el marco
de una ceremonia; en las comunas y ciudades más importantes el acto
se celebró en el Teatro Municipal o en la Biblioteca de la ciudad
(por ejemplo, en Quillota se realizó un acto de entrega oficial en
el Teatro Municipal Diego Portales; en Valparaíso, en la Biblioteca
Santiago Severin); en comunas más pequeñas en el salón comunitario,
bibliotecas públicas, casas de la cultura, en liceos o escuelas, incluso
en Consultorios de Salud (fue el caso de Marchigue, Chimbarongo, San
Fernando, Quemchi y muchísimas otras). También se detectaron varios
casos de entrega retrasada, en que ni los destinatarios específicos
y ni representantes de las familias seleccionadas asistieron al acto,
y hubo que hacer, por ende, una entrega posterior. Incluso algunos
todavía, a fines del 2009, no se los ha podido entregar, debido simplemente
a que se les ha avisado que vengan a retirar el maletín, pero aún
no han acudido. Asimismo, existen casos de entrega equivocada a receptores
que no eran los presupuestados en términos de destinatarios específicos
(Quilicura y Melipilla), lo que revela errores por cuenta de la instancia
mediadora y problemas de organización en el proceso de distribución.
Respecto a la lectura la respuesta fue consistente: los dos libros
más mencionados y valorados por los destinatarios fueron el Atlas
Universal Regionalizado y el Diccionario Enciclopédico. Se los destacó
porque lo pedían en las escuelas y por su utilidad para llevar a cabo
las tareas. Todos los alumnos y padres encuestados vincularon el maletín
a las necesidades escolares y a las tareas. No se detectaron evidencias
en los alumnos (los destinatarios específicos) de que el maletín tendría
un rol en la promoción de la lectura, definitivamente no perciben
la lectura como una práctica cotidiana, sino que la vinculan a la
obligación escolar.
Como ya hemos señalado, los libros más valorados del maletín son
precisamente aquellos que contienen información para las tareas del
colegio. Familiares que ocasionalmente se encontraban presentes en
las entrevistas sí señalan su propósito de leer algunos de los libros.
Varias respuestas, sin embargo, aluden también a la importancia de
Internet en relación con las tareas. Nicolás Martínez, de la población
La Faena en Peñalolén, Región Metropolitana, que tiene 18 años y respondió
junto a su hermano Simón de 12, señala que él no usa los libros porque
todo lo obtiene de Internet. En su modesta casa hay dos computadores,
uno para cada hermano, “yo veo de todo [dice] desde ver política,
hasta juegos, noticias, veo harta noticia, uso Youtube para enterarme.
Me gusta comentar y ver documentales”. Cuenta que le aburren los libros,
que no es bueno para leer, pero que le gusta la cultura e investigar,
entonces es Internet y los medios audiovisuales de donde obtiene la
información: “Es mucho más rápido y más directo en lo que uno quiere
buscar”, argumenta. Interviene la madre para afirmar que el hijo más
chico, Simón, sí usa los libros, “es más tradicional” dice “y Nicolás
es más tecnológico”.
Las funcionarias a cargo de una biblioteca que cumplió el ejercicio
de mediadora en la entrega de maletines en la región metropolitana,
ante la pregunta de si los niños prefieren Internet a los libros,
se ríen, y afirman que muchísimo más Internet:
Sabe usted que uno se acerca ahí [al
sector de los computadores, cuando están ocupados y hay gente esperándoles]
y les digo tomen chiquillos lean un diario, alguna revista mientras
tanto… y no…. ellos están desesperados mirando que es lo que está
haciendo el otro en el computador. Cuándo podrían tomar un librito
mientras tanto, aunque sea algo breve, algo de diez líneas. Algo les
quedará. Pero no hay caso.
En síntesis, el maletín literario como experiencia de obsequio masivo
de libros a los sectores más pobres, necesita –de acuerdo a los datos
que arroja la investigación realizada– de una mejor organización en
la distribución y entrega de los libros, y sobre todo de un seguimiento
que productivice la práctica lectora en los beneficiarios. En esta
perspectiva, resulta importante el enganche para que se asocien a
la biblioteca pública más cercana –lo que ya se hizo–, sin embargo,
no es suficiente en términos de seguimiento. Una campaña masiva de
lectura y acompañamiento, teniendo como foco a los destinatarios específicos
de la política, entonces como una necesidad complementaria para lograr
cambios perdurables en los hábitos de lectura.
¿El Estado ha sido, en estos últimos diez años, un actor o un espectador?
Considerando lo desarrollado en términos de bibliotecas públicas,
el programa de adquisición de libros para los Centros de Recursos
de Aprendizaje del MINEDUC, los bibliometros, los fondos concursables
y el Maletín Literario, todo apunta a una presencia del Estado como
actor en el mundo del libro. Se trata, sin embargo, de una presencia
dispersa e insuficiente, sobre todo si se considera lo planteado por
un documento sobre Política Nacional del Libro y la Lectura, publicado
en 2006; documento que emanó del propio Consejo Nacional de la Cultura
y que fue suscrito por el Ministro de Cultura de la época, José Weinstein.
El documento señala la necesidad de una nueva política para la lectura
y el libro, una política sistémica e integral que considere todas
las etapas de la cadena del libro. Se plantean allí un conjunto de
medidas y objetivos en el plano de fomento de la lectura a través
del libro: programa nacional continuo de fomento de la lectura; incrementar
sustantivamente libros disponibles en Bibliotecas Públicas; subsidio
para adquisiciones de libros chilenos científicos, académicos y técnicos;
ampliación de redes de bibliotecas municipales y públicas; vincular
la acreditación de universidades al cumplimiento de normas referidas
a bibliotecas y reprografías; estimular convenios con medios masivos
para fortalecer presencia del libro y creación chilena. También medidas
para impulsar la edición, producción y comercialización de libros:
pago IVA diferido en importaciones de libros; estudiar una posible
rebaja del IVA a los libros; fomentar publicación nacional de libros
técnicos y científicos; favorecer con medidas fiscales y municipales
a librerías dedicadas exclusivamente al comercio de libros; fortalecer
el derecho de autor; instalar en Pro Chile programa específico a exportación
de libros producidos en el país; fomentar el perfeccionamiento de
profesionales relacionados a la cadena del libro. Además disposiciones
para desarrollar la creación: potenciar concursos de edición de nuevas
obras; reestructurar el Jurado que otorga el Premio Nacional de Literatura;
generar instancias de capacitación para traductores; impulsar talleres
y concursos literarios a nivel comunal; apoyar creación de revistas
y publicaciones de difusión y crítica literaria y cultural, también
blogs y páginas Web. Asimismo, medidas para preservar y difundir el
patrimonio literario, bibliográfico y documental: crear un Fondo de
Adquisiciones para manuscritos y objetos literarios de valor patrimonial;
ampliar colección en soporte sonoro de tradición oral y patrimonio
lingüístico de pueblos originarios; crear línea de proyectos del Fondo
del Libro y la Lectura que apoye iniciativas de conservación y restauración
del patrimonio bibliográfico. Por último, se plantean pautas para
mejorar la Institucionalidad del Libro (Modificar Ley 19.227 de 1993,
creada durante el primer gobierno de la Concertación por el Consejo
y el Fondo del Libro), en términos de explicitar una política de bibliotecas
públicas, de fomento a la industria editorial nacional, de depósito
legal y de Ley de propiedad intelectual 17.336, de administración
de ISBN coordinándose con el MINEDUC, para implementar un sistema
permanente de estudios y estadísticas en el ámbito de lectura y el
libro.
Hasta la fecha no se ha implementado prácticamente ninguna de estas
propuestas, mociones que fueron llevadas a cabo por un organismo que
pertenece al Estado y que vela por las políticas públicas en ese sector.
Todo indica que en el momento del Bicentenario, llevar a cabo la propuesta
del Consejo Nacional de Cultura y del entonces Ministro del ramo,
es una necesidad para restituir –en beneficio del país– el equilibrio
entre el cuerpo y el alma del libro, entre el libro como bien económico
y como bien social y cultural. Y también para propender a un mayor
equilibrio entre la cultura de masa, la cultura artística y la cultura
popular.
Bibliografía
Aguilera, Silvia. “Entrevista a Silvia Aguilera”. Por Bernardo Subercaseaux.
Santiago, 2009.
Beyer, Harald. “La escritura en escolares chilenos”. La Tercera.
8 nov. 2009.
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Decapitación y enmascaramiento: aniquilación del
sujeto y creación travesti
Por Rebeca Sánchez Castro
¿Cuál es el dios de este universo
en desbandada?
Jean Rousset
El ser de los pájaros no es el timbre del trino,
sino las plumas cayendo a cada muda.
Severo Sarduy
0. Cero
El barroco se construye –desde el punto de vista epistemológico–
a partir de una falla, un quiebre, que se produce entre significante
y significado. El aspecto corporal, material, sensible de la palabra,
se desliga del concepto, en tanto el mundo se revela más amplio de
lo que el conocimiento dogmático y canónico había establecido; de
pronto se ha llegado a un punto en que no existen palabras para designar
la realidad, con lo que se manifiesta la imposibilidad de aprehensión
del sentido.
Esta falla entre el significante y el significado atraviesa todos
los ámbitos de la realidad, no sólo el del lenguaje. Es el problema
de la capacidad humana para conocerlas, para designarlas; la cuestión
de si la esencia precede la existencia o viceversa. Todo implica,
necesariamente, la pregunta por la divinidad.
En el contexto latinoamericano podemos ver, además, la reflexión
en torno al problema identitario, que considera el borramiento de
las culturas existentes en América antes del encuentro con el europeo,
la imposición violenta de una visión de mundo otra. América se constituye
a partir de un palimpsesto, de lo que se escribió sobre ruinas –como
la catedral de Ciudad de México, que se construyó sobre el Templo
Mayor de Tenochtitlán.
Hay una nostalgia del origen; hay algo que se persigue, que pareciera
verse de lejos y estar próximo pero no se alcanza.
El neobarroco que propone Sarduy –continuando con la tradición barroca
latinoamericana fundada en la colonia y retomada por Lezama Lima–
da por perdido ese origen y considera intocable el sentido, e indefinible
la identidad. La falla nos abisma y nos enseña el vacío que se intentará
llenar, la torsión que se aspira a corregir mediante la proliferación
de significantes que tiendan hacia el sentido sin tocarlo, como una
asíntota en un plano cartesiano (1). Nos enfrentamos a una “vacuidad
germinadora” (Sarduy, Ensayos 60), un espacio que admite todas las
posibilidades que se manifestarán como forma, significante y cuerpo,
que se someterá a todas las metamorfosis para rodear el sentido, hacer
visible su ausencia. Es un vacío magnético que atrae elementos para
que lo rodeen, para dar forma a una figura de centro indeterminable.
Esto se plasma en una escritura a través del uso de la “metáfora
traslaticia”, que “torna imposible detener el desplazamiento incesante
del sentido, como un módulo móvil” (Perlongher 53). Sarduy encarnará
esta metáfora en la figura del travesti, que sin descanso cambia su
traje para ocultar/tachar/borrar al sujeto que lo viste, quien es
el sujeto de identidad problemática que representa el criollo.
De donde son los cantantes, de Severo Sarduy, hace explícitos estos
planteamientos, presentando personajes travestidos en busca de un
sentido que finalmente construyen ellos mismos. La obra se abre con
Auxilio y Socorro preguntándose acerca de dios, comprobando su ausencia
y luego configurando el “curriculum cúbense” desde el vacío que absorbe
elementos en un intento de llenado:
Pues nada, que esa cosmogonía en ciernes
atrajo, chupó mundo. Como un imán debajo de un río los anzuelos, o
como un aspirador en un pollero las plumas, así el binomio Auxilio-General
chupó todo lo que había alrededor, y claro está, chupó a una negra
y a una china: así se completo el currículo cúbense (Sarduy, De donde
20).
Trataremos acá el problema de la tachadura del sujeto, el vaciamiento
de su identidad y la proliferación de formas a través de las cuales
se intenta reparar la falla. Pondremos la atención en los personajes,
fundamentalmente en Auxilio y Socorro, “Las Siempre-Presentes”, que
al no encontrar a dios se configuran como encarnación de una divinidad
que podríamos identificar con Proteo, aquel que “siempre móvil, está
destinado a huir de sí mismo para existir (…); su ocupación consiste
en abandonarse; (…) para significar que está formado por una sucesión
de apariencias” (Rousset 25).
I. Decapitación y enmascaramiento
– ¡Quiero desaparecer! –y ya no es
una ardilla,
sino un topo: se hace una esfera, esconde la cabeza.
Severo Sarduy
El ocultamiento de la cabeza y del rostro son tópicos barrocos que
representan la desaparición del sujeto. Podemos constatarlo en la
pintura europea, primeramente en el Autorretrato de Rembrandt donde
el artista tiene parte del rostro oscurecido, particularmente la mirada;
o en El baño de Venus de Velásquez, donde el espejo sostenido por
Cupido refleja el rostro borroso de un sujeto indeterminado que podría
ser la mujer recostada o el mismo espectador del cuadro, ya que el
espejo está colocado de modo que incluye al observador en el movimiento
de la obra.
Este tópico de la tachadura del sujeto se desarrolla más explícitamente
en las múltiples decapitaciones que el barroco rescata y representa
hasta el cansancio: Judith decapitando a Holofernes; Salomé con la
cabeza de Juan Bautista en una bandeja; David mostrando triunfante
el cráneo colosal de Goliat. Es la aniquilación total del sujeto,
que en el neobarroco tiene en el “cuello, cortado a nivel de la nuez,
un gran tornillo” (Sarduy, De donde 118), que permite el ensamble
de todas las máscaras posibles. Como explica Nestor Perlongher:
El barroco siempre choca y corre
un límite preconcebido y sujetante. Al desujetar, desubjetiva. Es
el deshacimiento o desasimiento de los místicos. No es una poesía
del yo, sino de la aniquilación del yo. Libera el florilegio líquido
(siempre fluyente) de los versos de la sujeción al imperio romántico
de un yo lírico (Perlongher 48).
Auxilio y Socorro, “Las Constantes”, están presentes en los cuatro
capítulos de la novela, aunque sea ésta una presencia problemática
en tanto, como veremos, lo único permanente en ellas es la transformación.
Se suceden como las modelos en las pasarelas, quienes se detienen
frente a la cámara que capta el instante, las fija como ícono y luego
dan la espalda, desaparecen tras bambalinas para que la modelo siguiente
cumpla el mismo rito. “La imagen fotográfica fija (detiene y retiene)
el instante en el que la metamorfosis se cumple para la mirada como
logro cosmético” (Richard 70). En el self-service las vemos:
Ya están las dos sentadas, compuestas,
ante un ventanal de celuloide. Ni una mancha, ni un solo cabello desplazado,
ni una gota de salsa de tomate en las mejillas. Fijas; las cabezas,
separadas por unos centímetros, coinciden con el cruce de las diagonales
del paisaje (…), las manos pálidas sobre el pecho. Ni siquiera se
mueven, pero es inútil: todo el mundo las mira. Se saben acusadas
(Sarduy, De donde 16).
Como insectos escondidos entre las plantas, se quieren mimetizar
con el celuloide, que, según la RAE, es un cuerpo sólido, casi transparente
y muy elástico, que se emplea en la industria fotográfica y cinematográfica
y en las artes para imitar el marfil, la concha, el coral, etcétera;
es decir, un cuerpo tan mimético como el de “Las Nítidas” que, además,
etimológicamente alude al vacío, en tanto la palabra latina cellŭla
significa “hueco”. Porque, como explica Sarduy, “el animal-travesti
no busca una apariencia amable para atraer (ni una apariencia desagradable
para disuadir), sino una incorporación de la fijeza para desaparecer”
(Ensayos, 57). Las fotografías son el único recurso que permite a
“Las Dueñas de Todo Aparecer” explicar quiénes son, en la medida en
que “las fotos reverberan el laberinto de la pose travesti en el espejo”
(Richard 70). Además, la fotografía, como mecanismo de re-producción,
la despoja del aura tal como el travesti se despoja de identidad.
“Flor de Loto Junto al Río de Cenizas de Rosa” es el animal-travesti
perfecto, inalcanzable, inaprensible, apenas perceptible para la mirada
fugaz. Su nombre señala la inconstancia heráclita, su ruina y renacer
constante, el ser invisible como la raíz de la flor de loto se sumerge
lejos de todo alcance; contiene las flores que simbolizan la perfección,
la poesía y la fugacidad. Es “La Emperatriz Ming”, “La Fija”, es “La
Siempre-Ausente”, el sentido que se escapa, el significado ceniciento,
borroso; el deseo que se desplaza sin descanso.
El capítulo en el que se la vislumbra en su huir permanente, comienza
de un modo que enlaza presencia y ausencia: “Ni la luna, la perdiz,
ni los helechos que blanquea, ni los cuatro animales, ni el vino del
viento, ni el agua del Almendares: nada faltó al encuentro” (Sarduy,
De donde 25). La figura retórica que se utiliza es la lítote, definida
como una ironía perifrástica por disimulación, que oculta, disfraza
el sentido. De ese mismo modo se la representa, escondiéndose, cervatillo
que huye en la floresta.
Da un salto Flor de Loto y, como
el pececillo que al saltar fuera del agua se vuelve colibrí, así vuela
entre las lianas. Es ahora una máscara blanca que rayan las sombras
de las cañas, es apenas el vuelo de una paloma, el rastro de un conejo.
(...) Es una flor podrida bajo la palma, una mariposa estampada de
pupilas, es una simetría pura. ¿Dónde está? No la veo. Respira apenas.
Ahora, con su pincel de cejas se dibuja caras en las manos y las agita
lejos de la suya, para así aturdir al Belicoso (26).
Efímera, elástica, Flor de Loto representa el imposible, la metamorfosis
que no se detiene hasta la muerte; la ausencia de sujeto que muta
en todos los rostros, multiplica sus rostros e imita incluso la faz
putrefacta de la muerte (“flor podrida bajo la palma”). Su nombre,
en la gran polisemia de los significantes, la abarca en toda su inconstancia,
en su efímero existir. Por otro lado, Auxilio y Socorro cambian su
apariencia y disfraz, volviéndose otras tan distintas que sus nombres
ya no pueden dar cuenta de ellas y entonces proliferan los significantes
que las designan.
Nelly Richard hace notar que el sobrenombre del travesti es “un nombre
siempre disfuncional a los regímenes patrimoniales que legalizan el
Sujeto como único dueño de su identidad-Una” (Richard 67). Aún más,
el travesti:
Refacciona el nombre como primera
matriz de identidad para corregir el defecto de la monosemia por y
con añadiduras: primera ceremonia de refundación de la identidad en
la que el travesti consume el acto de la desafiliación traicionando
el nombre heredado como definitivo (el nombre propio) con nombres
de paso –la Marilyn, la Sultana, la Brigitte, etc.– que lo rebautizan,
pero ya sin el peso ontológico del santo de nacimiento profanado por
la exhuberancia de un capricho seudonímico (68).
La proliferación de nombres de Las Baby Face tiene que ver con la
incapacidad que tiene un sólo significante de dar cuenta de la multiplicidad
de facetas que desborda un personaje que es máscara, sujeto vacío
de toda identidad. Son efectivamente Las Cornucopias de Cráneos: la
cornucopia es, por una parte, el cuerno de la abundancia, sacado de
la cabra que daba leche para alimentar a Zeus y que a quien lo poseía
otorgaba todo lo que deseaba; y, por otro lado, es además un espejo
de marco tallado cuya estructura, según la RAE, permite poner bujías
cuya luz reverbere en el mismo espejo. Auxilio y Socorro multiplican,
muestran en su superficie especular todas las formas del deseo, las
posibilidades de existencia y muerte, encarnando incluso el destino.
“Las Deidades Amarillas” – “Las Siempre-Presentes” – “Las Dueñas
de la Yerba de la Inmortalidad” – “Las Dueñas de Todo Aparecer” –
“Las Divinas” – “Las Parcas” – “Las Tres Psicopompos” – “La Costurera/La
Repostera/La Anticuaria” – “Las Llenas de Gracia” – “Las Divinidades
Calvas” – “Las Muertas-Vivas” – “Las Papisas del Tarot” – “Las Cabezas
de Perro” (me las imagino acá con su hermana Clemencia, las tres juntas
en el cuerpo del can Cerbero) – “Las Pálidas” – “Las Sombras”: son
encarnación de lo divino, del destino, de la muerte (cuyos nombres
también se multiplican en tanto es la certidumbre misma del vacío:
“La Pelona Innombrable” – “La Cabecipelada” – “La Calva” – “La Raspada”
– “La Sola” – “La Huesuda” – “El Ánima Sola”). Son, además, las deseantes
máximas: “Las Fieles” – “Las Insaciables” – “Las Sedientas” – “Las
Siervas” – “Las Pías” – “Las Magdalenas” – “Las Constantes” – “Las
Devotas” – “Las Cristo’s Fans” – “Las Oblatas”. Las dobles que se
espejean y confunden, que anulan la identidad: “Las Dos” – “Las Siamesas”
– “Las Dos Mujeres” – “La Una y la Otra” – “Las Simétricas”. Son “Las
Peripatéticas”, “Las Ónticas” que se preguntan por el ser que no se
concreta. “Las Insípidas”, en toda su vacuidad. “Las Bolleras”, en
su indeterminación y ambigüedad. Son animales varios (“Las Ranitas”
– “Las Ojito de Ofidio” – “Las Urracas” – “Las Renacuajo” – “Las Corzas”)
y las razas todas (“Las Flamencas” – “Las Moritas” – “Las Amarillentas”).
El simulacro del simulacro al infinito: “Las Pintarrajeadas” – “Las
Ojos Fijos” – “Las Floridas” – “Las Majas” – “Las Nítidas”. En fin,
son “formas inciertas que se descomponen y recomponen en un delirio
burlesco para formar frente a nosotros una especie de puzzle danzante,
una casa de fieras alucinatoria” (Rousset 27).
Son fluorescentes, son de acetileno,
son tambores que imantan pájaros, son helicópteros, son sillas en
el fondo de un acuario, son eunucos obesos con los sexos diminutos
entre flores rosadas, son pirañas, son ángeles leprosos que cantan
‘¡Metamorfosis, metamorfosis!’ (Sarduy, De donde 36).
Se resumen, al fin, en una figura divina travesti, como las deidades
yoruba que blanquearon sus pieles y se vistieron con los trajes de
los santos cristianos, o como Oshún que se encarna en la imagen de
la Virgen de la Caridad del Cobre. Porque, en palabras de Sarduy,
“la pulsión ilimitada de metamorfosis, de transformación no se reduce
a la imitación de un modelo real, determinado, sino que se precipita
en la persecución de una irrealidad infinita” (Ensayos 56). Persiguen
el imposible y logran apenas captar un fragmento, una partícula ínfima
que se fija en la instantánea y luego se desvanece, muta, cambia las
plumas como un pájaro. Son, al fin, la creación en toda su maravilla,
dolor y potencia: “Esa tachadura del rostro original, mácula en la
definición casi huraña del modelo que viene a introducirse como un
suplemento ruidoso y a perturbar la reflexión –en los dos sentidos
del término: concentración mental y reproducción especular– es la
escritura” (113).
La ruptura entre el significante y el significado hace que, finalmente,
todas las palabras sean “palabras cojas para realidades cojas que
obedecen a un plan cojo trazado por un mono cojo” (Sarduy, De donde
59), por lo que deberán multiplicarse, señalar sin poder decir. Sólo
la superficie lisa de la fotografía, de las palabras burbujeando en
el papel, porque “el efecto de profundidad no es sino un repliegue
en el drapeado de la superficie que se estira” (Perlongher 51).
“Yo –Hija mía ¿no ves que si el general
se quita sus quincallas sería como el pájaro pintor de Lacan que se
quita sus plumas? Como una cebra que se quita sus rayas negras para
hacer con ellas un Vasarely” (Sarduy, De donde 19).
Notas
(1) Según la RAE, “Asíntota” proviene del griego
ἀσύμπτωτος que significa “que no coincide”. En Geometría, se entiende
como una línea recta que, prolongada indefinidamente, se acerca de
continuo a una curva, sin llegar nunca a encontrarla.
Bibliografía
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Madrid: Alianza, 1999. Impreso.
Perlongher, Nestor. “Introducción a la poesía neobarroca cubana y
rioplatense”. Revista Chilena de Literatura, Nº 41, 1993: 53. Impreso.
Richard, Nelly. “Contorsión de géneros y doblaje sexual; la parodia
travesti”. Masculino/Femenino. Santiago: Francisco Zegers, 1993. Impreso.
Rousset, Jean. Circe y el pavo real. Barcelona: Seix-Barral, 1972.
Impreso.
Sarduy, Severo. De donde son los cantantes. México: Joaquín Mortiz,
1967. Impreso.
Sarduy, Severo. Ensayos Generales sobre el Barroco. Buenos Aires:
Fondo de Cultura Económica, 1987. Impreso.
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Roberto Bolaño: La representación del mal y la estetización
de la política en Estrella distante
Por Ernesto Andrés Campos
Con Estrella distante (1996), Roberto Bolaño (1953-2003)
se impuso como un novelista aclamado por el mundo literario internacional.
Susan Sontag, la destacada escritora y ensayista norteamericana, considera
a esta obra como un espontáneo gesto rebelde de un escritor latinoamericano
alejado de las premisas anquilosadas del boom. Para muchos,
Bolaño se ha transformado en una figura de culto que sobrepasa el
límite de Hispanoamérica, pues su narrativa plasmó un universo propio
que repercutirá por siempre en el canon literario occidental. El movimiento
Infrarrelaista gesta una nueva poética, en la cual cada una de las
obras está particularmente conectada. Arturo Belano de Estrella
distante es un personaje que aparece en varias novelas de Bolaño,
pues el escritor chileno quiere unir de forma indisoluble las concepciones
del arte con la vida, desvirtuando los límites entre obra y mundo
concreto. Su mismo nombre remite a esta relación entre vida y poesía,
donde el Infrarrealismo cohabita entre estas dos realidades; donde
una contamina a la otra, con libertad, azar y, principalmente, subjetividad.
Para Bolaño, el creador está ligado imperecederamente a sus obras,
condición que construye un espacio ilusorio o mítico donde no existe
la certeza: los personajes viven en el propio mundo de la literatura,
sin que nada pueda frenar su andar. Bolaño concibe que la estética
y la vida cotidiana sean complementarias, con el fin de que no exista
una separación entre el autor y su obra.
En la novela existe una marcada lucha ideológica, que revela una
pugna que se libra entre la estética, la política y la moral. A mi
modo de ver, Arturo Belano y Carlos Wieder deben enfrentarse para
poner de manifiesto el mal sin límites que propicia la dictadura militar.
Bolaño expone distintos arquetipos de la escena literaria, todos determinados
por las implicancias políticas. Por ejemplo, Wieder es un personaje
que, por medio de la violencia, pudo dar rienda suelta a un actuar
torcido que era parte de la época dictatorial. Su concepción del arte
está enlazada con la experiencia de vida, pero para exponer lo más
bajo del ser humano. Las fotografías “artísticas” de Wieder muestran
a sujetos destrozados por la tortura, las que se despliegan por una
aparente estructura cronológica. Para Wieder, esta acción horrenda
es una práctica artística de elite que se impone como el arte hegemónico
de la nación. “El arte de Chile no admite aglomeraciones”, expresa
este piloto, tiñendo de sangre el campo artístico gracias al poder
que otorgaba ser miembro de la Fuerza Aérea. Por medio de Wieder,
Bolaño exhibe un horror inconmensurable y problematiza decisivamente
el terreno del arte y la política. “El escritor chileno construye
un registro de formas discursivas sobre el mal a partir de la violencia,
el silencio o el ocultamiento de sentido, entre ellas, la tortura”
(González 115). Según Bolaño, el mal no puede ser abordado bajo ningún
calificativo, condición que obliga a extremar el ejercicio escritural,
para así retratarlo con absoluta autenticidad. Según González, el
creador chileno logra darle “cuerpo” al mal, a través de la escritura,
utilizando la alegoría, el balbuceo y el silencio como estrategias
de representación. Obviamente el mal es abstracto y sus consecuencias
pueden ser insolubles para el escritor: describir los gritos dolorosos
de la tortura parece ser una empresa condenada al fracaso. No obstante,
Bolaño registra los instintos aberrantes del hombre en una narrativa
que retrata al mal desde múltiples perspectivas, mediante un lenguaje
que ha ampliado sus capacidades de expresión. Como lo plantea González,
“lo que el lenguaje nombra adquiere el cuerpo de su nombre: el nombre
es la forma” (117).
Este es un mal que inunda cada una de las partes en donde se desenvuelve,
premisa que será el leitmotiv de este trabajo de investigación.
Mi artículo se dirige a exponer cómo Bolaño es capaz de representar
algo abstracto, como lo es el mal, en un plano político que termina
por destruir la vida y el arte, aspectos que para Bolaño debían estar
enlazados, como lo demuestra su movimiento Infrarrealista. Así, Wieder
se erige como el péndulo que nos adentra en el complejo devenir de
una etapa condenada a la declinación, exponiendo un mal que se funda
en un poder prácticamente omnímodo. Wieder es un verdadero fantasma
que marca a fuego el derrotero de estos jóvenes escritores y de otros
implicados por este piloto sicótico. Aquellos jóvenes son Belano y
Bibiano, quienes deben sobrellevar el dolor que les ha causado el
piloto. Wieder es la condena inevitable no tan sólo para estos dos
escritores, sino que para el pueblo, la política y el arte.
No es baladí que Bolaño haya comenzado su novela con personajes jóvenes
e idealistas, dominados por un espíritu transformador. Para ellos,
el horizonte se proyectaba auspicioso, al cual cada uno podía mirar
como absolutos protagonistas. “La lucha armada que nos iba a traer
una nueva vida y una nueva época, pero que para la mayoría de nosotros
era como un sueño o, más apropiadamente, como la llave que nos abriría
la puerta de los sueños, los únicos por los cuales merecía la pena
vivir” (13). Estos pensamientos son compartidos por el narrador y
por Stein, quienes no tenían una buena situación económica. Sus expectativas
rondaban por la literatura y la política, dos espacios unidos por
el ímpetu. Sin embargo, la novela nos expone el derrumbe de estos
proyectos transformadores, ya que esa lucha se frena por la violencia
del fascismo, simbolizada por Carlos Weider.
La irrupción de la dictadura supone el fin de los sueños para los
jóvenes idealistas. Ellos jamás se imaginarán el mal incalificable
que estará por venir, el cual terminará por socavar cada una de las
instituciones que sustentan al país. Desde la consumación del Golpe,
Wieder tendrá en un comienzo el poder para cometer todo tipo de atrocidades,
que se amparan en un soporte que escapa a nuestra imaginación: la
poesía. Es aquí donde Bolaño problematizará como ningún otro el papel
nefasto que puede ocupar el arte cuando se presta para mentes extraviadas.
Este piloto de la FACH desea fundar una poesía vanguardista anclada
en los márgenes de la muerte, la cual expone una estética macabra
donde los cuerpos mutilados son el resultado de esta nueva concepción
artística. El mal ya no tiene límites, pues el poder total de la dictadura
todo lo permite. Desde esta concepción que ha plasmado Bolaño, la
libertad es asumida bajo una posición eminentemente problemática.
La tortura va ligada a este valor, pues cuando el victimario quiebra
todos los límites, el desarrollo de la abyección puede manifestarse
sin cesar.
Carlos Wieder es un sujeto malévolo que ha traspasado las barreras
de lo permitido; su mente alucina con infringirles a sus víctimas
los flagelos más indecibles, utilizando al arte como vehículo para
cometer sus atrocidades. Wieder concibe al arte como un depositario
de todo tipo de torturas, las que terminan por unir de una forma bestial
arte y vida. González dice: “La soberanía de Wieder viene de las entrañas
del mal: gozar del dolor del otro; se necesita encontrar un placer
que se ha obtenido al haber destruido todos los límites posibles”
(120). El respeto por la vida humana se perderá inevitablemente. La
tía de las Garmendia jamás se imaginará que la poesía que tanto le
pide a Wieder que recite no se expresará como ella tradicionalmente
la ha concebido, sino que ella misma será el experimento de esta estética
macabra. “Alberto, léanos algo suyo, dice la tía, pero permanece inconmovible;
dice que está a punto de concluir algo nuevo, que hasta no tenerlo
terminado y corregido prefiere no airearlo” (30). Ese “algo nuevo”
corresponde al asesinato de la tía y de las Garmendia, que constituirá
la “forma” de este nuevo arte, que presenta un afán rupturista en
todas sus dimensiones. Wieder quiere darle cuerpo a un proyecto artístico
que rompa con los cánones, compartiendo con los militares ese afán
por arrasar con todo. “Después de sus triunfos en la Antártica y en
los cielos de tantas ciudades chilenas lo llamaron para que hiciera
algo sonado en la capital, algo espectacular que demostrara al mundo
que el nuevo régimen y el arte de vanguardia no estaban, ni mucho
menos, reñidos” (86).
Bolaño sitúa a Wieder como un pseudo artista vanguardista, que ha
terminado por aniquilar el concepto mismo de poesía. En la ejecución
artística de Wieder no existe la escritura poética: ésta se reemplaza
por los versos que escribe con el humo de su avión, los cuales remiten
principalmente a la muerte. Sin embargo, esa noción de muerte no está
sujeta a reflexiones filosóficas ni de otra índole, sino que a un
arte que estetiza la tortura y la muerte de los disidentes políticos.
Por ende, la académica Donoso tiene a Wieder como personaje principal
de la novela, ya que su visión sobre el arte conlleva profundas implicancias
estéticas y políticas que resultan fundamentales en este ensayo. Bolaño
construye una aparente posición vanguardista en Carlos Wieder. Sin
embargo, Donoso considera que el piloto de la Fuerza Aérea propugna
una estetización de la política que tiene por objeto dar rienda suelta
a toda la barbarie de la dictadura, para así validar un nuevo Estado
que se ha reformulado en todos sus ámbitos. Wieder y la dictadura
se amparan en el mismo modus operandi: deciden destruir lo
precedente para imponer una nueva estructura. Para Wieder, la poesía
debe ser una nueva acción, que en este caso es para torturar sin límites;
la dictadura utiliza el terrorismo de Estado para aniquilar el más
mínimo de disenso, con el fin de que su nuevo proyecto no se vea amenazado
por la tradición política. “En Estrella distante Bolaño plantea
una crítica al régimen dictatorial mediante el aparato específico
de la ficción (Wieder). En la descripción de las acciones poéticas
de Wieder, Bolaño cuestiona el carácter vanguardista del Golpe y denuncia
la estetización de la política y de la muerte llevada a cabo por éste”
(4). Es innegable que Wieder desea instaurar un nuevo orden desde
la oficialidad de la dictadura, ejecutando acciones poéticas que se
presenten como un nuevo manifiesto.
La poesía de este tipo se une con la política para expresar la nueva
muerte que da el régimen: los cuerpos destrozados por la tortura.
“La poesía de Wieder se presenta como una perversión precisamente
porque a través de su consecución se intenta purgar, purificar y transformar
en arte las torturas y los asesinatos cometidos por la dictadura”
(6). Para Donoso la vanguardia destructiva del Golpe aniquila el concepto
tradicional de arte, ya que la poesía se convirtió en un arma para
matar. En la concepción de Wieder, se ha perdido toda forma de escritura,
reemplazándola por fotografías horrendas que fundan una nueva poética.
“Esta sería finalmente, la revolución pendiente de Carlos Wieder.
La abolición misma de la literatura, su destrucción total” (7).
Esta académica profundiza aún más en el ejercicio de homologación
que se sustenta entre el “arte” del piloto y la tiranía de la dictadura.
La Moneda en llamas, los bombardeos sin control a una resistencia
prácticamente nula, la República desmembrada son síntomas de la destrucción
que consumó la vanguardia destructiva del Golpe, la cual logró otorgarle
a Chile un nuevo comienzo, donde la tradición se fracturó por completo.
El 11 de septiembre pareciera ser el inicio de una nueva era, que
se ha gestado mediante la tortura, el asesinato y la muerte y, de
paso, ha degenerado para siempre el Estado, la política y la poesía.
Belano simboliza la única forma de contrarrestar esta condena fascista
por medio de la trinchera ideológica que destruye el artificio de
la muerte, y de la destrucción que enaltece la estética fascista.
“La autoalienación de la humanidad ha alcanzado un grado que le permite
vivir su propia destrucción como un goce estético de primer orden.
Este es el esteticismo de la política que el fascismo propugna. El
comunismo le contesta con la politización del arte” (Benjamin 24).
De esta forma, Donoso desentraña la crítica profunda que subyace en
Estrella distante con respecto a la supuesta posición vanguardista
de Wieder. Su arte necesitó de un soporte estatal para materializarse;
el creador se torna un servil parásito de un Estado que, al incomodarse
con los resultados artísticos de su empleado, lo lanza al más ingrato
destierro, tal como ocurrió con Wieder, quien terminó solitario como
cualquier exiliado. Así, la vanguardia destructiva es una invención
de Bolaño para graficar en toda su magnitud las consecuencias demenciales
que acarrea la estetización de la política, noción ideológica que
termina por destruir al hombre y al arte. “Es el Golpe y no el arte
el que desarma los sobreentendidos de la cotidianeidad en cualquier
ámbito. Es el Golpe el que cambia el arte, la universidad, la política,
la subjetividad”.
Con el fin de fijar en su novela un horror que refleje en toda su
magnitud el horrendo actuar de la dictadura, Bolaño estira las posibilidades
del lenguaje hasta los límites más insospechados. Los asesinatos y
las torturas cometidas por Wieder no están descritas por medio de
una precisión realista: Bolaño utiliza el silencio y las frases entrecortadas
con el propósito de alterar al lector; éste sufrirá un extrañamiento
prolongado al imaginarse las incalificables sesiones de tortura. A
través del silencio, de la ausencia de lo horrible en la descripción
de las torturas, Bolaño construye una escritura que expone el mal
de una forma impactante, que arrebata al lector inexorablemente, ya
que abre las puertas de lo indecible a terrenos que estimulan la imaginación.
El silencio es un arma perfecta para desarrollar esta pretensión literaria.
“Sugerir las escenas de tortura, por ejemplo, parece más complejo
que describirlas: como decía Sade, la voluptuosidad de la imaginación
es inconmensurable, de ahí que el lector se sienta desvalido ante
la narración” (127). González plantea que la narrativa de Bolaño ha
transformado la escritura en sangre, crimen y horror, lanzando a la
poesía a un estado de eterna ignominia. “Si la poesía había habitado
lo sublime, con Bolaño se derrumba y todavía más, se enloda. Ella
misma, las historias, y los sujetos a su alrededor, sólo conocen de
una descomposición que la aboca al sentido más infrahumano” (125).
El silencio puede vislumbrarse como una trinchera ideológica por
parte de Bolaño, puesto que su desenvolvimiento evidencia una distancia
considerable con lo que se narra: describir las torturas es una bajeza,
un acto que expresa con demasiada resignación este bestial flagelación.
Es mejor callar, dejarse adormecer por el silencio, para así guardar
distancia con las prácticas horrendas del fascismo. Wieder no soporta
el silencio, pues su imperio parece reflejar el bienestar, la armonía,
donde no se necesita el aparataje clásico del fascismo, con su esteticismo
político letal, sus desfiles y sus propagandas altisonantes. “El silencio
es como la lepra, declaró Wieder, el silencio es como el comunismo,
el silencio es como una pantalla blanca que hay que llenar. Si la
llenas ya nada malo puede ocurrirte” (52).
La influencia implícita del silencio se adentra en los terrenos inexplorados
de la sugestión, dinámica que liga al lector con la maldad que subyace
en el relato. Ese afán perpetuo que contuvo Bolaño hasta el final
de sus días, el cual trató de generar un espacio de comunión entre
la literatura y la vida, se intenta traspasar a la experiencia del
lector, para que éste se impacte y se sobresalte al momento de imbuirse
en las atrocidades del Wieder. En las novelas de Bolaño se vislumbra
el silencio como una fuerza que exacerba el ocultamiento de las magnitudes
del horror, pues la palabra se convierte en atrocidad, así como sirve
de voz a la tortura. González cita a Literatura nazi en América
para graficar esta premisa: “Ayudó a torturar mientras seguía
pensando en la literatura y más precisamente en lo que necesitaba
de la literatura brasileña. Vanguardia, necesitaba, letras experimentales,
dinamita (…) como un esqueleto que fumaba en un pasillo escuchando
gritos lejanos”. Así, el balbuceo, lo que no se describe bajo
la dimensión del silencio, se constituye como un gesto dirigido a
poblar el texto de enigmas y de sobresaltos al lector. González se
pregunta: “¿Qué mejor manera de aproximarse al temblor que origina
sino con sólo mencionar la tortura y dejar al lector en la sugestión,
en la reflexión de qué pudo suceder en ese silencio al que la sometió
el escritor? Así, el silencio y la no confirmación son enclaves puntuales
para nombrar la tortura” (118). De esta forma, el ocultamiento se
desplaza hacia otras direcciones, como si la tortura fuera un espacio
prohibido a la cual se le intentara rehuir.
Una de las características esenciales que presenta la novela de Bolaño,
resulta identificable en su intento de fijar en el lenguaje las fuerzas
sádicas del mal. La palabra misma puede servir como reflejo absoluto
de lo indecible, en la cual no existe separación alguna entre lo que
se es y lo que se dice mediante el lenguaje. Esta condición que evidencia
la narrativa de Bolaño, queda expuesta en la discusión etimológica
sobre el apellido Wieder. Bibiano tiene una serie de hipótesis
del origen de un apellido que en sí mismo nomina a la maldad:
Widerlug, apología; refutación; Widerlage
espolón; Widerklaje, contraacusación, contradenuncia; Widernatuekleicht,
monstruosidad y aberración. Palabras todas que le parecían altamente
reveladoras. (…) E incluso Wieder también quería decir regodearse
malsanamente en la contemplación de un objeto que excita nuestra sexualidad
y nuestras tendencias sádicas (51).
Sin embargo, el infierno que Wieder le hizo sufrir a sus víctimas
será castigado a través de la escritura. La poesía que degeneró el
piloto con ese supuesto arte fundado en el crimen y en el sadismo,
constituye una falsa deconstrucción que se pagará con la muerte. La
lucha ideológica y moral entre Belano y Wieder sólo puede resolverse
por medio del crimen, para así cerrar las heridas de un proceso que
no trajo la gloria ni política ni literaria. La poesía y la escritura
aniquiladas por Wieder se transformarán en las armas que pondrán fin
a este verdadero fantasma literario. Romero, un detective izquierdista
prácticamente infalible, ha desarrollado su instinto de una manera
sorprendente: está plenamente conciente que sólo a través de un poeta
puede encontrar al criminal, gesto que terminará por lanzar a la poesía
al terreno de la podredumbre absoluta, emparentada con algo tan despreciable
como un crimen. Así, Belano estará obligado a caer en esta deshonra
para terminar de una buena vez con Wierder, y también para ganar unos
cuantos pesos. “Le puedo ofrecer doscientas mil pesetas, dijo. Acepto,
¿pero en qué puedo ayudarle? En asuntos de poesía, dijo. Wieder era
poeta, yo era poeta, él no era poeta, ergo para encontrar a un poeta
necesitaba la ayuda de otro poeta” (126). No obstante, este mismo
gesto encierra una ironía implacable. Belano sabe que la literatura
ya no puede alcanzar la sublimidad ni materializar los grandes proyectos
de la revolución. Sin imaginarlo jamás, Belano proyecta su imagen
en Wieder, criminal que utilizó a la poesía como fundamento de tortura.
De una u otra forma, ambos personajes han terminado por desfigurar
el arte poético: Wieder para cometer atrocidades y el alter ego
de Bolaño para hallar y dar muerte a un hombre. Romero siempre supo
esta condición y la usó a su favor, siendo Belano un mero instrumento
poético detectivesco. En definitiva, Belano confirma con ímpetu la
noción de literatura concebida por Bolaño. Para el escritor avecindado
en Barcelona, “la literatura (…) es seguir por el camino de las tinieblas,
del ocaso”, reflexión que su alter ego expresa en toda su
dimensión. “Esta es mi última transmisión desde el planeta de los
monstruos. No me sumergiré nunca más en el mar de mierda de la literatura.
En adelante escribiré mis poemas con humildad y trabajaré para no
morirme de hambre y no intentaré publicar”.
Bibliografía
Benjamín, Walter. La obra de arte en la época de su reproductibilidad
técnica. México: Ítaca, 2003. Impreso
Donoso, Ángeles. “Depurar la poesía misma: poesía, política y muerte
en Estrella distante de Roberto Bolaño”. Working Papers. University
of Pennsylvania. Web. 26 abr. 2010. < http://www.pennworkingpapers.org/assets/pdf/donoso.pdf>
González, Daniuska. “La exploración de los límites: La narrativa
de Roberto Bolaño”. Discursos/prácticas. Pontifica Universidad Católica
de Valparaíso. Web. 26 abr. 2010. <http://www.discursospracticas.ucv.cl/pdf/numerouno/daniuska_gonzales.pdf>
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