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Poema por entrega

Poema por entrega
Por Damaris Calderón, Alexia Caratazos, Marcela Saldaño, Florencia Smiths, Verónica Zondek e Ivonne Coñuecar

I

Cuando tú eras hermosa
cuando tu pecho lo cruzaban furiosos vientos
mi madre me paría en una sala sórdida
de una clínica desconocida
boqueaba como un pez
sobre su vientre el peso de una caballería.
Dos mujeres inexorables
podaban el poco sol de la pieza
le recordaban su proximidad con los dos abismos.
Mi madre era un seto cerrado
que tuvo alguna vez su pequeña fuente
una empalizada
que asolaron los perros y los años.
De su madera gastada me alzo al mundo
de su madera podrida rehago las cuerdas de mi casa
y no la alcanzo.
Como la sombra que un jinete persigue en la llanura.

II

Bajo esas manos que el horror cuartea
que el fuego hace más íntimas
se alojó mi cabeza
fruta que esperan picotear los pájaros
esos pequeños animales dóciles
que no podíamos mirar sin repugnancia
moverse entre los platos
cuando apartaba para nosotros, para sí,
la vida.
Salí de entre sus piernas
como de un bombardeo.
He sido el héroe y el traidor.

 

Damaris Calderón

 

 

No he sido más que un mismo dolor
en dos cuerpos uno afín, de la herradura marcando los pasos
con fuego, caliente, quemando
marcada de por vida
dos mujeres nacidas a la fuerza, expulsadas con rabia
como si no quedara más imagen que un techo cayendo a pedazos
para luego desaparecer en un mar inmenso
como inmenso es lo amargo de haber nacido amarga
rocío agresivo o amante
todo sucede en las piernas: las marcas, los pasos, la pena.

 

Quise ser héroe o fruta madura
terminé siendo traición
agua salada que viene a carcomerlo todo
y dejar costras
manos retorciéndose unas a otras
intentando recobrar el dolor primero
ese que es dulce, que no raja el velo
y nos permite seguir intuyendo
lo que pasa allá al fondo.

 

Alexia Caratazos

 

 

Si ella me falta la noche se convierte en una gran sutura
Y mi profundidad sería roja más roja que la vehemencia
Ella se multiplicaría y mis hijos serían sólo fracciones

Si ella y yo naciéramos la una en la otra como un espejo parásito
Asesina la vida que empieza cuando otra se apaga
En medio de lo podrido que puede ser un oscuro despecho
En el fondo de las palabras Los hombres cultivan piedras

Si ella me falta sería un mar cuyo olor se vuelve pretérito
Una perfecta forma Execrables los otros Nosotras mantenemos
la herida De mal gusto es mantener la sutura abierta y contaminada
Hundir la cabeza en platos con leche A ver si volvemos al ceño
y esta angustia es un pozo donde residen parvularias calcinadas
Llamadas telefónicas del horror Mujeres descuartizadas en Juárez

El último llamado a las ratas para morder El último llamado a la escuela
Dulzura en Brasil Quiero retomar la noche y volverme espejo
Tránsito Tragedia Traje Peregrinaje en medio de la garganta

Si ella me falta todo en mí se convierte en una gran sutura.

Marcela Saldaño

 

 

Hay las piernas abiertas y luego todo se hunde
La costura de los párpados es la que más somete al miedo
En los labios uniformes la humedad se hace pantano
Si es ella la que falta yo carezco de todo lo que tengo
Recuerdo haber escuchado que pusiste música en mi oído que era entonces una parte de tu cuerpo que me faltaba
Recuerdo haberme convulsionado aún más cuando la muerte azotó mi casa y no sólo el gesto del mundo se vino abajo sino todos los posibles centros
Por un segundo las voces también se sometieron a la censura que aplica la tragedia a última hora
Entonces nos miramos rotas y supimos eso que está prohibido decirse cuando se termina
Ya no hay forma de sostener el suelo
La mitad del mundo en las bocas y los ojos que ahogaban el ardor
Nosotras la otra mitad escribiéndonos las señas del horror que cosía inhumano el grito
Nos guardamos el secreto de agredirnos
No supimos cuándo ni de qué forma se nos secaron por dentro las cicatrices del filo
Nos rasparon sin derecho al pudor eso que nos unía
Nos mutilaron la posibilidad de conocernos sin habernos parido
Ya no sé si soy yo la que nací primero o es ella la que fue ahora tarde
Porque en esta hora eterna siempre es tarde
Ya no cumplo edades y adonde quiera que miro se pudre la visión del momento
Cuando tengo tiempo me hago la cicatriz de nuevo mientras todo lo que quedó vacío vuelve a hincharse

 

Florencia Smiths

 

 

De entre tus piernas salí.

Pequeñita
peso ínfimo
antes del tiempo de los tiempos
del tiempo indicado.
Tras otras u otros
todos muertos
perdidos en el negro perenne
por yo habitar el mal de sangre en tus venas.

Tiene peso ese asunto de sangre, madre
que ataca con vértigo el deseo.
Y es sangre tu necesidad de blanquearme, madre
de incrustarme en el europeo deber ser
aquí
en este sur al que te expulsaron en abrupto
(a mucha honra y agradecida tú
sin preguntas ni respuestas)
por pensarte carroña
porque sí
por el nombrado mal de esa sangre
madre
aunque tu desliz
fuese y sea rojo entre tus piernas
igualito al que mancha las piernas de otras.
¿Entiendes?

Llegaste
aterrizaste lunática y convencida de tu blancura
aunque no pudiste sino percibir el toque
ese tinte del mal
que cual interno entre rejas
habitaba bajo tu piel.

¿Y?

Cerraste los ojos
tal como te enseñó mi abuela
e hiciste como si nada hubiese pasado.
Lacraste la historia
aprendiste la lengua nueva
los signos y los modos
y construiste
trabajaste
respiraste
sabiendo hondo en tu entraña
que tus mismos e iguales
eran faltos de aire al otro lado
muriendo a medio morir saltando
allá
en medio de la civilización altísima
y sí
no hacían
no podían hacer otra cosa
que boquear aterrados en su escueto viaje a la nada.

Hoy cierras los ojos
y no hay ladrones de aire.
Todo bien
no hay problema
“ya no son ni están los malos”.
Pero no hablas madre
por susto puro de palabra
aunque en la misma médula de tu hueso
allí donde no grabaste recuerdo
percibes en los otros de hoy
la ausencia de esa tragedia
en ellos
porque son
tan-tan todo, tan trabajadores
tan cultos, tan puntuales, tan-tan…

Lo que natura graba grabado queda.

Es que la sangre de hoy
la mapuche u otra roja cualquiera
por aquí rapanui, aymará, quechua 
ona diluida
roja tan-tan como la de aquellos-ellos
o de los llegados del otro lado
por conquista o refugio
español, alemán, judío, italiano, palestino, otro
digo yo, porque la realidad es esa
que con lucha se escribe una marca
aunque igual
pienso
quizás no sea como ayer
cuando se callaba y acataba y moría en balde
y arrastrábamos la baba roja porque no era azul
o se movía la cola
cuando en público era deber cantar.

Aunque igual, digo
soy otra y no otro como quiso Rimbaud
no otra sangre sino la misma
siempre roja cuando fluye en vena abierta
y azul en vena cerrada
como todas
madre
abuela, etc…
viniendo de donde vienen.

¿Cómo fue que no vieron aquí, ahora?

Es que pensar no
palpar, no
que no otra cosa eran que
bárbaros
usurpadores
o mezcla con antiguo morador
y fácil fue
tan fácil el juego del cambio de chaquetas
el chaqueteo
ahora chilensis también
música culta, alta costura hoy
para mañana hambre
en un tris interdicto
tortura, matanza industrializada, sadismo especular
todo anotado en miles de libretas
números exactos
estadística
experimentos científicos
santa ciencia vejatoria en laboratorio secreto
acumulación de objetos
robos de cuadros, dientes, piel y dignidad.
USURA, madre
USURA y sadismo
instalados ellos por supuesto
más allá de sus fronteras selladas
no derrotados
no inmigrantes multicolores
solo ellos
aquí presentes
los otros y los nuestros
habitantes aquí
infiltrados
conquistados desde el dentro mismo de sus pieles
con otras sangres igual de rojas y en flujo
poco adecuadas, dicen
en aldea global instaladas
pero nada que ver
qué aldea ni qué ocho cuartos.
Chueco, les jugó chueco
este medioevo contemporáneo
tan feudo de ellos.

Madre
no permitas que lo logren esta vez.
¡Ay! son la misma tipejería.
Los bonitos de siempre, madre…
Pinta, pura pinta
monstruos en conserva
deformes antinatura
enfermos de poder
y nosotras entre cerdos redivivos
y sangre, la nuestra
y la de ellos…

¿Será que la sangre no hace a la persona?
Que la sangre es un puro decir
que esto no sea sino la vida
esa
la que se abrió entre tus piernas abiertas y tensas…

Pienso entonces
y escribo este ñachi tibio
porque la sangre no es sino roja
y otra vuelta o voltereta no
sólo USURA, madre mía
USURA y disfraz.

 

Verónica Zondek

 

 

lejos de los disfraces estábamos incompletas
no aquello que nos faltaran piernas o corazón
o que te faltara un ojo en este reino de ciegos
no hay pruebas taxonómicas en los albores de los secuestros
un juego inútil juntar palabras como códices a destiempo

no podía dormir, decías, y te escabullías por los pliegues

tenemos la edad donde las soledades hablan
al aliento de luz apagada el hielo mantiene su forma
era la temperatura
la manera de decirnos con las manos y las miradas
tu dedo que buscaba un lugar que señalar
los lugares señalados son cicatrices
que como mapas trazan rumbos hacia lugares que no
era tu dedo señalando mis lugares

como la natural erosión traemos esta mirada
mientras nos llamábamos viento y fuego
esa es la grasa que queda luego
un ciclo de estaciones que te nombré bajo engaños
cómo llevarte de bandera en las marchas
si en mi ropa no caben las costuras de tus besos

y era tu sonrisa como los rayos que se cuelan
la esperanza del azul
la inmensidad que abrías desde tus ojos
y cerrabas las fronteras en tu felicidad
no podía tocar aquello por lo que continuaba
como un marino de lago que pretende encontrar tierra
como un náufrago de isla artificial
como un aliento que se lanza en el desierto

entonces las vitrinas soslayaban nuestros rostros
y escapaban miradas que miraban nuestras manos
nuestra ropa
nuestros embargos

 

estábamos incompletas
entonces tú jadeabas rompiendo los cercos
e ibas a mi encuentro con la punta de tu dedo
ajustabas mi desnudez a una montura
ponías en mi lengua tu analfabeta estrategia para tocarme
no creemos que los golpes tengan terminaciones de plumas
y así quedaron morados los pasos y rojo el camino
que bien dije pudo ser de tantos colores.

y es como escribir a cualquiera bajo la premisa del engaño
de algún modo te llamas igual que todas
desataste las sorderas inútiles y los vientos

sí, todas se llamaron como tú
a todas puse en especial escondite
y ya sin nombres
paseo por un museo de cera con rostros parecidos
a los que alguna vez dijeron.

 

Ivonne Coñuecar